Páginas

sábado, 26 de octubre de 2013

El hijo a la derecha, el predilecto

Leonardo Silva Beauregard MIÉRCOLES, 23 DE OCTUBRE DE 2013
@LeoSilvaBe

Hace 10 años le hablaba a un íntimo amigo judío de la persecución que eventualmente sufriría la comunidad hebrea bajo la revolución bolivariana. Contestó que yo exageraba, que era paranoico y que Hugo Chávez era incapaz de algo así, que no era nazi sino un hombre de ideas progresistas con gran sentimiento de preocupación y solidaridad por un pueblo que lo adoraba. En 2008, cuando comenzaron los ataques contra la Sinagoga de Caracas por parte de grupos afectos al régimen, los allanamientos de esta y la Hebráica, el acoso a las instituciones judías y aquel infame “¡odio al Estado de Israel desde el fondo de mis vísceras!” (vísceras que luego enfermaron), su opinión comenzó a cambiar. Hoy, a la luz de la interpelación impuesta al rector de la Universidad Metropolitana por la AN, acusado de ser agente del MOSSAD israelí y de implantar el adoctrinamiento sionista y contrarrevolucionario e imperialista en esa casa de estudios, mi amigo alcanzó a decirme “tenías razón”.


Yo no tenía una bolita de cristal. Simplemente había leído en 1998 –con considerable esfuerzo para no vomitar- los depravados y trasnochados textos de Norberto Ceresole, uno de los ideólogos fundamentales de la revolución bolivariana; cosa que –por cierto- debieron hacer muchos intelectuales, académicos, políticos y empresarios que abordaron aquel portaaviones ese año, mismo que han tenido que abandonar -en ocasiones apresurados- por diversas causas. Además, me basaba en esa indescifrable conducta del fascismo, tanto de izquierda como de derecha, de repetir una y otra vez el mismo guion que en cada nueva puesta en escena lo vuelve a conducir al fracaso.

Los hechos sugieren que no es redundante volver a escribir sobre esta conducta reiterativa del fascismo:

Siguiendo al pie de la letra ese guion originario de Stalin que probó Hitler en su demencial crimen contra la humanidad, Nicolás Maduro primero quemó su Reichstag con el supuesto “sabotaje eléctrico, petrolero y económico contra la Patria” por parte de los “apátridas parásitos”, aliados con el imperialismo socio del sionismo. Luego solicitó su Ley Habilitante para perseguir a esos enemigos de la nación y la democracia. Y claro está, no podía faltar la denuncia de una tal “guerra económica” –exactamente igual a la denunciada por Hitler en su momento- librada por esos mismos “enemigos del pueblo”. Ni siquiera se molesta por cambiar los términos, usa exactamente las mismas palabras del líder nazi. A veces pienso que la única razón por la cual no ahorran saliva poniendo las grabaciones de los discursos de Hitler en lugar de los propios, es porque el dictador austríaco hablaba en Alemán.

Me pregunto qué inventarán estos militares y rojos provenientes de un pasado remoto, posiblemente viajeros de una máquina del tiempo que no tuvieron oportunidad de ser testigos del fracaso de ese guion que hoy presentan en las tablas y que pertenecen a estadios de la civilización superados hace 70 años. ¿Invadirán Colombia para anexar la Goajira y así desatar la Tercera Guerra Mundial? ¿Habilitarán campos de exterminio para llevarnos a más de 10 millones de venezolanos (contando solamente adultos) junto a nuestros hermanos judíos? ¿Usarán Zyklon B o simplemente Baygon?

Es sorprendente ver que un régimen que –si aceptamos sus propias cifras fraudulentas- goza del apoyo de cuando mucho la mitad del país (de “la mitad mayoritaria” como dice el matemático autodidacta Maduro); pero que en realidad está muy consciente de que tuvo que fabricar y tumbar millones de votos para forjar esa falsa ventaja de 200.000 mil sufragios que, según ellos, le da derecho a cambiar el sistema político y económico del país e imponérselo a la otra mitad con la que más bien debería estar negociando una salida decorosa y lo menos traumática posible en su propio interés. Un régimen que sabiéndose carente de base popular, de gobernabilidad, de dinero, de excusas, de legitimidad, de prestigio y de moral, decidió exterminar a toda la disidencia, incluyendo a los judíos que no podían faltar como culpables, antes que aceptar su inminente e inexorable muerte.

Benjamín Scharifker no solamente representa al judaísmo, sino al conocimiento, el verdadero gran enemigo de una revolución fascista de cualquier color. Así que liquidándolo –cosa que jamás lograrán- pretenden matar dos pájaros de un tiro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico