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martes, 10 de julio de 2012

Crisis de partidos


DIEGO OTEYZA  09/07/2012

La crisis política que vivimos hoy es, entre otras cosas, una crisis de los partidos políticos. Esta crisis se ha apalancado en una antigua tradición anti partidista, fomentada por los militares y sus gobiernos

En Venezuela hemos vivido la mayor parte de nuestra historia Republicana con una sensación de que pudiéramos estar mejor, de proyecto en construcción, de contraste entre lo que somos y lo que queremos ser como país. Esa inconformidad se manifiesta en forma de crisis políticas más o menos largas, que idealmente deberían llevarnos, como sociedad, a discutir y tomar decisiones en torno a las causas fundamentales y estructurales que las generaron, y a cómo nos proponemos solucionarlas. Hasta ahora las crisis no nos han llevado a ese tipo de consensos.

La crisis política que vivimos hoy es, entre otras cosas, una crisis de los partidos políticos, o en otras palabras, del sistema de partidos. Esta crisis se ha apalancado en una antigua tradición anti partidista, fomentada, principalmente, por los militares y sus gobiernos; que toman la "última proclama" de Bolívar como justificación histórica. Valga la aclaratoria: queda claro para la historiografía que los "partidos" de los que habla Simón poco o nada tienen que ver con los partidos modernos. Su juicio identificaba a los partidos con facciones, consideradas contrarias al bien común por defender intereses particulares.

Pero entonces, ¿qué deberían ser los partidos modernos? Pues entes de socialización política, con una ideología clara que nos propongan a los ciudadanos como proyecto a realizarse, que eduquen a la población en política, y más específicamente en democracia, y que compitan entre ellos de forma honesta y leal. Además de esto es indispensable que su estructura interna sea democrática y participativa, para permitirles la posibilidad de repensarse y adaptarse continuamente y mantener un rumbo coherente con sus ideales.

La incapacidad de nuestros partidos políticos de mantenerse en línea con esos requerimientos básicos, aunada a la irresponsabilidad de medios, empresarios y opinadores, que muchas veces no entienden su propio rol en una democracia; lograron que los venezolanos nos fastidiáramos de ellos, en parte, por falta de una educación democrática de la cual ellos deben ser garantes, optamos por quitarles el apoyo y casi permitir su desaparición. Los sucesos de abril de 2002, "celebrados" hace un par de meses, son una muestra de las consecuencias de no tener partidos responsables a la cabeza de las discusiones políticas de un país. Y el actual presidente es un símbolo claro del anti partidismo, llegando al punto de ser esta una de sus banderas electorales por allá por 1998.

Como resultado de esta crisis de partidos, deberíamos los venezolanos aprender a valorar el peso de los mismos en el funcionamiento de una democracia que no queremos perder, y exigirles garantías. Necesitamos repensar los partidos políticos, revisarlos y mejorarlos. La ciudadanía en general tiene que ser garante de este proceso, no nos podemos seguir escudando tras el manto de la anti política, o estaremos condenados a sufrir continuamente los males del personalismo. Y los que queramos comprometernos un poco más, ojalá y seamos muchos, debemos formar parte de los que hay o formar nuevos; el mercado ciudadano y democrático determinará cuáles sobreviven la competencia y cuáles no

Tomado de: http://talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=73123&tipo=COL&idcolum=146

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