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miércoles, 25 de marzo de 2020

Euritmia o arritmia, por @AmericoMartin




Américo Martín 23 de marzo de 2020

Dice el epígrafe de Vivir para contarla, Memorias de García Márquez publicada por el Grupo Editorial Norma:

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”

Y en efecto, la capacidad de recordar y de reducir sus vivencias a frases y palabras, es todo lo que cuenta. Dijo Simone de Beauvoir que si cada ser humano tuviera esa capacidad y la vertiera a obra escrita, la humanidad dispondría del más inmenso de sus tesoros: la experiencia de la especie recogida fielmente y al servicio de las aventuras de la razón. Por supuesto, no es casual que interpretemos los hechos de manera diferente y contradictoria o que erradiquemos de la memoria los malos momentos.

Uno de los que no podría ser olvidado lo estamos viviendo hoy. No es la primera vez que fuerzas todavía incontrolables estén asediando la existencia misma. El covid-19 (coronavirus) alcanza cada día esa categoría en cifras de muertes, esperanza frustrada, restricciones profundas, sin que se vea con claridad cuándo terminará la tragedia.

Se supone que la política, siendo un arma de organización social para la defensa y progreso, debería perfeccionarse con el tiempo; vale decir, debería responder con precisión cada vez más certera a los desafíos de la realidad. Las amenazas terminales deberían provocar la unión de la especie para sobrevivir. El covid-19 ha suscitado la colaboración de todos los países tal como era esperable, no obstante, abundan los ejemplos suicidas movidos por rivalidades que agravan el peligro o el deseo de extraer ventajas ocultas, lo que acarrea perjuicios insólitos.

¿Cómo se está reflejando en Venezuela la escasa armonía entre una sociedad atacada a mansalva por el virus y la inepta defensa frente al desproporcionado ataque?

En reciente pronunciamiento emanado de cinco viejos y experimentados amigos, reproducimos sendas iniciativas de los dos más representativos líderes de ese animal bifronte en que se ha convertido el Estado venezolano. Más allá de nuestro reconocimiento a Juan Guaidó en el debate sobre legitimidades e ilegalidades, la total ausencia de concertación frente al desalmado enemigo común de la humanidad, incluidas todas las vertientes políticas nacionales, explica las carencias defensivas del país ante un Mal con una carga macabra de noticias diarias.

En su carta al FMI solicitando una facilidad de financiamiento rápido por 5.000 millones de dólares para el fortalecimiento de los sistemas de detección y respuesta al letal virus, Nicolás Maduro da marcha atrás en su valoración del Fondo en relación con la absurda ruptura crónica, que por razones insustentables, le había llevado a decir que nunca más entraría a Venezuela ni un solo dólar de esa procedencia.

Recoger esa postura evidenció un inédito realismo y reveló que Maduro carece de recursos frente al ataque viral que se alimenta de sus víctimas. Guaidó, a su vez, no trató en su declaración de reprochar con fines ocultos la contradicción en el otro polo, y llamó a la FAN a no obstaculizar el ingreso a Venezuela de la ayuda humanitaria articulada por sus equipos en el mundo.

Algunas opiniones se han vertido pidiendo, cuando menos, una negociación entre Maduro y Guaidó para concretar el otorgamiento de la ayuda del FMI y la colaboración de la FAN en el sentido reclamado por Guaidó. Si ese punto formara parte de las dos agendas, sería menester resolver temas legales correlacionados, entre otros, el “desacato” y el reconocimiento legal correspondiente de las facultades de la Asamblea Nacional.

Para descongestionar el clima de pugnacidad sería importante liberar a los presos políticos civiles y militares y centrar una mayor atención a las cárceles venezolanas que son peligrosos focos de propagación de la enfermedad.

Estas obvias decisiones restablecerían, en alguna forma, la histórica relación entre la realidad como fuente de desafíos y la política como guía de la conducta humana para enfrentarlos válidamente.

Del documento de los cinco, arriba mencionado, transcribo la frase final:

“En Venezuela y el mundo estamos frente a un gran reto para la conciencia de la humanidad, son momentos de confluencia que no de arriar banderas. El cambio democrático nos necesita a todos frente a esta tragedia palpitante.

Los suscritos lo asumimos de esa manera y estamos seguros que el liderazgo, más allá de sus diferencias, honrará esta aspiración que nos envuelve a todos”

 Américo Martín, Héctor Pérez Marcano, Caracciolo Betancourt, Etanislao González, Macario González

Américo Martín

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