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jueves, 30 de junio de 2022

¿Cuál será el nuevo rumbo del comercio binacional colombo-venezolano? / Froilán Barrios

 Por Froilán Barrios

@froilanbarriosf

Recientemente, el presidente de la junta directiva de la Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana (Cavecol) anunció con optimismo su estimación sobre el comercio binacional, el cual llegaría a 1.200 millones de dólares este año; en segundo lugar, hace referencia a 2008 cuando “el comercio recaudó 7.000 millones de dólares de intercambio binacional, lo que disminuyó en 2020 a 224 millones de dólares debido a los problemas diplomáticos y la pandemia”.

En realidad, cuando hablamos de relaciones comerciales entre naciones en la economía global, debemos hurgar en el significado de los fríos números para conocer con precisión cuáles son los beneficios que extrae cada economía en el intercambio acordado, dicho en criollo, cuál es el fiel de la balanza comercial entre los países que participan en acuerdos de libre comercio o de integración.

Nos parece muy bien que fluya el intercambio entre dos países históricamente relacionados, en iguales términos es también vital conocer cuáles sectores de la economía venezolana participarían y cuántos empleos directos e indirectos se generarían en el mercado laboral nuestro, ya que ser solo compradores o mejor dicho importadores en muy poco beneficiará a millones de venezolanos que han emigrado en busca de una vida digna y solo creará empleos en el país exportador.

Pues bien, en materia de relaciones comerciales entre Colombia y Venezuela en lo que va de siglo XXI, se ha registrado lamentablemente una historia trágica para nuestra nación, al abandonar unilateralmente en 2006 la Comunidad Andina de Naciones (CAN), siendo el tratado de integración comercial pionero en el planeta, incluso predecesor a la Unión Europea.

En efecto, en la conformación del Pacto Andino el 26 de mayo de 1969, cinco países suramericanos (Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú) firmaron el Acuerdo de Cartagena, con el propósito de mejorar, juntos, el nivel de vida de sus habitantes mediante la integración y la cooperación económica y social, al cual se adhirió luego Venezuela en 1973.

Posteriormente los cambios en la economía global impactaron el desgastado modelo de “sustitución de importaciones” predominante en los setenta, que protegía la industria nacional con altos aranceles, para luego pasar al modelo abierto a finales de los ochenta. Marcando el contexto para reformar el Acuerdo de Cartagena y adaptarlo a los cambios en el escenario internacional se creó la CAN en 1997.

Venezuela asumió el liderazgo económico de la CAN como acuerdo de integración económico, cultural, social, jurídico y académico, reconocido como modelo a nivel mundial, al conformar el Parlamento Andino, Tribunal de Justicia y numerosos acuerdos académicos donde se reconocía el ejercicio profesional de las carreras universitarias en los países andinos, adicionalmente existía el Consejo Laboral Andino integrado por 15 centrales sindicales de los países firmantes del Acuerdo, vigilantes de las relaciones de trabajo en la región.

En materia económica, el intercambio entre Venezuela-Colombia en la CAN registró hacia 2005 un volumen cercano a los 4.000 millones de dólares (Beltrán M./Chávez M, 2008), sumándole adicionalmente 1000 millones de dólares con el resto de países integrantes de la CAN, lo que generaba en Venezuela alrededor de 500.000 empleos entre directos e indirectos.

Toda esta estructura de relaciones de integración se vino al piso con la decisión del entonces presidente Hugo Chávez, de retirar a Venezuela de la CAN en 2006, aduciendo que la firma de los Tratados de Libre Comercio firmados por Colombia y Perú con Estados Unidos eran una puñalada trapera a la CAN. Semejante capricho “lo adornó” enviando tropas y armamento a la frontera andina y zuliana para combatir al neoliberalismo del presidente colombiano Álvaro Uribe, aun cuando envió unos tanques de guerra que no pasaron de Carora por el mal mantenimiento en los cuarteles.

Como un Atila del siglo XXI se redujeron al mínimo la zona industrial de Ureña en el Táchira, el comercio por la zona frontera con Maicao, y como dato adicional la producción de Sidor y empresas básicas de Guayana, la automotriz, las autopartes, entre otros rubros, perdieron un mercado importante.

La debacle no se detuvo allí, por el contrario, se acentuó más con los decretos de emergencia emitidos por Maduro que redujeron el comercio por la frontera zuliana entre 2015 y 2018 a niveles de trueque, contrabando y marginalidad, para luego cerrarse definitivamente el comercio con el cierre de embajadas desde 2019 hasta el sol de hoy, ya que en esta oportunidad la “batalla” era contra el presidente colombiano Iván Duque.

En resumen, la mención que hace Cavecol a los 7.000 millones de dólares de 2008, es referente a la deuda originada en su mayor parte por la exportación de alimentos de Colombia hacia Venezuela en esos años, por tanto, esperamos que esa relación no vaya a ser igual, a la que se anuncia con la llegada de Gustavo Petro al poder el próximo agosto de 2022.

Finalmente, conociendo la estirpe de Maduro quien conjuntamente con su predecesor Chávez no les importó fulminar cientos de miles de empleos, quebrar sectores de la economía, en función de una pose ideológica que ha llevado a la ruina a Venezuela, veamos una nueva versión de la economía de bodegones que en nada ha mejorado la condición de vida ante la precariedad de la población venezolana.

https://www.elnacional.com/opinion/cual-sera-el-nuevo-rumbo-del-comercio-binacional-colombo-venezolano/


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