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domingo, 22 de junio de 2014

¿Puede Dios evitar el mal?

RAFAEL LUCIANI sábado 21 de junio de 2014


Gottfried Wilhelm Leibniz aseveraba que Dios no pudo haber hecho otro mundo más perfecto que el actual. Su optimismo sería cuestionado por el fideísmo de Pierre Bayle, tras el terremoto ocurrido durante la fiesta de Todos los Santos que causó la muerte de miles de inocentes en la Lisboa de 1755. ¿Cómo entender a Dios frente al sufrimiento? ¿Cuál es su actitud con las víctimas? Según Leibniz el mal es una realidad propia de la imperfección humana; como tantos hoy, él creía que Dios lo permitía para obtener algún bien del sufrimiento padecido. Todavía escuchamos que «hay que ofrecerle a Dios lo que padecemos». ¿No es esa una imagen sádica de Dios que juega con nuestras vidas?

Se nos dice que Dios es omnipotente, pero ¿puede acaso evitar el mal? Y si lo hiciera solo para algunos, ¿no sería egoísta y excluyente con muchos otros? Lo cierto es que ese no es el Dios que predicó Jesús. El misal romano canta: «Oh Dios que manifiestas tu poder con el perdón y la misericordia». Es la misericordia la medida del poder divino y no el ejercicio antojado de un poder sin límites y selectivo. Dios nunca se afirma por encima del ser humano imponiéndole cargas, dominándolo; Él toma posición ante el mal haciéndose solidario con la víctima, nunca con el verdugo, y respetando la libertad de decisión hasta el extremo. No actúa con imposiciones o autoritarismos, Él cree en la conversión libre y responsable de cada uno.

No somos marionetas del azar divino; no basta con pedir que no exista el mal que padecemos: hay que reconocer que Dios nos ha dado todo para ser buenos, para cambiar. Sta. Teresa decía: «yo me río y aún me congojo de las cosas que aquí nos vienen a pedir, hasta que roguemos a Dios por negocios y pleitos, por dineros, a los que querría yo suplicasen a Dios los repisasen todos. Ellos buena intención tienen, y allá los encomiendo a Dios por decir verdad, mas tengo yo para mí que nunca me oye». Hay cosas que pedimos a Dios pero no son posibles o no le competen, pues dependen de la responsabilidad y la conversión humanas. Qué difícil es entender que la libertad de decidir en cada sujeto tiene consecuencias, para bien o para mal, y demanda una opción libre por el bien del otro antes que por su deshumanización.

Dios no es indolente ante las carencias y los males que soportamos, pero en su amor creador no nos hizo para depender de otros, sino para levantarnos como seres libres capaces de asumir responsabilidades, construir proyectos y ser buenos, aun resistiendo las consecuencias de opciones u omisiones, nuestras o de terceros.

No se trata de preguntarnos qué no hizo Dios o qué pudo haber hecho para evitar el mal. Más bien hay que reflexionar sobre qué hemos hecho nosotros para llegar a este extremo deshumanizador. El mal padecido por el hombre es originado por él mismo, pero Dios nos ha dado la capacidad para sanarlo y humanizar nuestras acciones. ¿Estamos dispuestos?

Tomado de:
http://www.eluniversal.com/opinion/140621/puede-dios-evitar-el-mal

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