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domingo, 11 de diciembre de 2016

Chamos caraqueños golpeados por partida doble: escasez y violencia por @mabelsarmiento


Por Mabel Sarmiento


El estudio que presentó este jueves Cecodap, levantado por Cisor, da cuenta de cómo la población sufre los estragos de la violencia. Hay datos que dan cuenta de cómo en los últimos dos años al menos un familiar, de 64 hogares entrevistados, murió en medio de enfrentamientos entre bandas.

También en los últimos dos años, de los 1.099 hogares visitados se recogió un dato alarmante: 1 niño(a) y 26 adolescentes fallecieron debido a enfrentamientos armados, asaltos, secuestros u otro tipo de violencia.

La encuesta presentada por el Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), titulada “Efectos de la crisis económica y política en niños, niñas y adolescentes en el Área Metropolitana de Caracas”, no solo da cuenta —en cifras— de cómo ha mermado la calidad de vida del venezolano, que hoy en día no puede cubrir sus necesidades básicas de alimentación y salud; sino que también refleja cómo la violencia está haciendo estragos en el núcleo familiar.

El estudio, que fue levantado por el Centro de Investigación Social (Cisor), abarcó 1.099 hogares (4.837 personas), de los cuales 132 fueron víctimas de la violencia que se desarrolla fuera de sus viviendas, en las comunidades o en el país.

En los últimos dos años, de ese grupo —según pudieron recoger los investigadores de campo— al menos un familiar de 64 hogares entrevistados murió en medio de enfrentamiento entre bandas o entre grupos armados y policías; y de los 68 restantes murió alguno en un atraco, secuestro o situación similar.



 De igual manera, en este mismo periodo de tiempo en los hogares objetos de estudio, fallecieron un niño(a) y 26 adolescentes —que eran sus familiares o conocidos— debido a enfrentamientos armados, asaltos, secuestros u otro tipo de violencia.

Además, 34 personas, que murieron por esas mismas causas, tenían entre 18 y 24 años de edad.

De ahí que 60 % de los encuestados estima que la inseguridad empeoró y 30 % opinó que se mantiene en los mismos niveles.

Frente a esa situación, la mayoría de los menores cree que corre riesgo fuera de su casa o de la escuela, realidad que nutren con la desconfianza en el rol y desempeño de quienes deberían garantizar el orden y evitar el delito: la policía.

Pero el análisis no se relacionó solamente con la violencia fuera de los hogares. Matilde Parra, coordinadora del proyecto, señaló que en más de 89 % de los hogares se dan situaciones que reflejan una forma no apropiada de convivencia y que pueden llegar a ser destructivas. Se gritan e insultan cuando discuten (34 %) y/o se evaden mutuamente para no pelear (55 %).

La manera más común que expresaron las madres o cuidadoras para disciplinar a sus hijos cuando tienen mal comportamiento o desobedecen es reprendiéndolos o regañándolos (368 menciones). Mientras que —aunque es una porción muy pequeña pero igual de significativa— en 47 de los 1.099 hogares se imparte castigos físicos a los niños (as) y adolescentes.

Otra de las causas de fallecimiento frecuente detectada en la encuesta, y que no obedece a causas naturales, tiene que ver con deficiencias en el sistema de salud: algún integrante de la familia —entre 140 hogares entrevistados— falleció por falta de tratamiento o de atención médica oportuna.

Merma calidad de vida

En su análisis, Parra consideró que los problemas económicos como el desempleo o la falta de dinero, se vislumbran como la primera causa de discusiones en los hogares —acumulando 34.59 % de las alternativas planteadas— lo que supera a las tradicionales, como las tensiones que originan los esfuerzos por disciplinar a los hijos; las discusiones derivadas de celos, desamor u otros problemas sentimentales.

De hecho. de 692 madres o cuidadores entrevistados, 328 coincidieron en que los problemas económicos y políticos del país están afectando la manera como se relacionan con sus hijos(as).

Lo que más preocupa es que eso incide en el estado de ánimo y genera estrés, cansancio y mal humor en los esfuerzos realizados para garantizar la alimentación en cantidad y calidad suficiente. “Las dificultades para conseguir los alimentos —colas, bachaqueo, etc.,— y la insuficiencia de ingresos en los hogares para adquirirlos a costos elevados, alteran la estabilidad en el hogar” (sic), dijo la especialista.

En palabras de los entrevistados, la relación con los hijos se afecta porque:

“…Tengo que pasar más tiempo en la calle que en la casa, buscando alimentos que darles…”

“…No le dedico mucho tiempo porque el día libre hay que salir a bachaquear…”

“…No se consigue la comida y todo el tiempo tiene hambre”.

“…Porque a veces no tengo leche para darle y eso me preocupa y me estresa…”

Este patrón se repite frente a otros bienes como ropa, libros, calzado, juguetes, etc. Lo cual impacta negativamente en las relaciones intrafamiliares y con más intensidad cuando se refiere a objetos específicamente necesarios para los pequeños, como los pañales.

También las discusiones por temas políticos, impedimentos para tratamientos médicos y emigración de familiares generan perturbación en las viviendas.

La economía por el piso

La investigación hecha por Cisor, entre el 14 de julio y el pasado 28 de agosto, en aproximadamente 40 urbanizaciones y comunidades de los cinco municipios metropolitanos: Baruta, Libertador, Chacao, El Hatillo y Sucre; también refleja cómo está la población en materia de sustento.

De las 4.837 personas entrevistadas, la población económicamente activa asciende a 3.033 (62.72 %) y las edades varían entre los 15 y los 79 años; mientras que el grupo económicamente inactivo —estudiante, oficio del hogar, jubilado, rentista, otra situación, incapacitado— es de 1.804, lo que equivale a 37.27 %.

Las ocupaciones más frecuentes en esos hogares son: vendedores (327); limpiadores y asistentes (164); conductores de vehículos y operadores de equipos pesados móviles (131); trabajadores de los servicios personales (119); oficiales y operarios de la construcción sin incluir electricistas (104).

Cómo pinta el futuro

Los encuestadores no pasaron por alto la perspectiva de un proyecto de vida. A futuro, muchas de las personas objeto de este estudio consideraron que a largo plazo resultará más sencillo tener un trabajo o profesión, casarse y tener hijos, tener una casa propia. A la vez sostienen que no será tan sencillo ahorrar o ganar dinero suficiente para divertirse y darse gustos.

“Las buenas expectativas y el interés decaen cuando se piensan en la factibilidad de vivir a salvo y prosperar teniendo un negocio propio en la comunidad donde residen. Lo que más preocupa es que todo esto incide en el estado de ánimo y genera estrés, cansancio y mal humor”.


Carlos Trapani insistió en que la población debe ser solidaria con los niños (as) y adolescentes.

Ante este panorama, Carlos Trapani, del programa Buen Trato de Cecodap, en nombre de las distintas organizaciones que integran la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niños y Adolescentes (Redhnna) manifestó solidaridad y compromiso con los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en Venezuela, especialmente con aquellos que más están sufriendo en esta crisis. “A pesar de las dificultades, les animamos a no perder sus ilusiones ni sus sueños, pues tienen derecho a un presente y un futuro mejor”, acotó.

Fotos: Cheché Díaz/Mabel Sarmiento

09-12-16