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domingo, 18 de diciembre de 2016

¿Podemos contar con la MUD? Por @garciasim


Por Simón García


Una parte significativa de quienes forman opinión y otra, más pequeña, de la población, han cambiado la dirección de sus tiros: en vez de disparar hacia Maduro apuntan contra la MUD, En otros, más concentrados en sus ombligos, la salida de Maduro se ha trasmutado en la de Chúo.

La difusión de esta ceguera no pasa más allá de quienes chapotean la política real con un imaginario radical. Coro ruidoso, pero de escasas nueces. El radicalismo, como enfermedad infantil de la política, hay que tratarlo con la indicación que gustaba repetir Pompeyo Márquez: matar la enfermedad y salvar al enfermo.

Los discursos radicalistas prenden con facilidad porque vocean los sentimientos de la gente, pero sin tomar en cuenta los factores para su realización. Son fugaces y se construyen descalificando lo que dejan de hacer otros, sin asumir en la práctica la superación de lo que critican.

¿Quién no quiere salir de Maduro ya? Un 80% de los venezolanos lo desea. Cifra que basta para demostrarnos que el problema no es de deseos, sino de acumular los recursos, condiciones y actores suficientes para quebrar a un gobierno muy débil protegido por un Estado muy fuerte, que todavía actúa como su escudo protector.

Para salir de Maduro hay que fracturar ese escudo, atraer o neutralizar, al menos, a una fracción de él. Sin ese peldaño es casi imposible iniciar una transición para restablecer la Constitución, ni se podrá afrontar la reconstrucción de la economía y el relanzamiento de la democracia como una causa de unidad nacional. Dos de las justificaciones del diálogo que se intenta demonizar.


No podemos contentarnos con definir la estrategia sólo por su carácter. Su producto es la fórmula constitucional, democrática, electoral y pacífica; un  marco esencial, en cuanto es opuesto en todo al del gobierno, pero incompleto. Tiene que ser acompañado de precisiones sobre el blanco de ataque, la  política de alianzas, identificación de los temas movilizadores, de su discurso, de una secuencia de objetivos y de las formas de luchas apropiadas. En la fórmula general hay unidad, pero en los otros aspectos abundan las discrepancias. Raíz de una ausencia de unidad que es urgente construir para no desvariar.

La MUD es la herramienta que tenemos en mano. Reúne a los partidos con presencia en el parlamento. Tiene en su seno a los cuatro líderes políticos mejor valorados por el país, el respaldo de más de la mitad de la población y puede ser objeto de normas para mejorar su eficacia, su ampliación, su disciplina, los derechos de sus integrantes y la conexión con la sociedad.

Entonces, ¿conviene cambiarla por otra? No. Es preferible exigirle y ayudar a esta MUD a que tenga como norte al país, a que adquiera los atributos para ser una opción de poder alternativa y confiable y a que posponga el asunto presidencial para cuando haya que cruzar esas primarias.

18-12-16