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domingo, 12 de febrero de 2017

La participación por @perroalzao


Por Arnaldo Esté


El veto al referendo presidencial ejecutado por el gobierno con manejos tribunalicios muy posiblemente fue la ejecución de una decisión anterior del grupo dominador en el chavismo. Es decir, hace tiempo, incluso antes de las elecciones parlamentarias, hicieron una cuenta: si siempre estuvimos resueltos a tomar el poder por cualquier vía, ahora que lo tenemos, hay que conservarlo también, por cualquier vía. Pero la ejecución de esa decisión implicó el tránsito de la democracia a la dictadura: es el otro medio, la otra vía.
El gobierno está aislado internacionalmente, pero aquí ganó la guerra: derrotó al país. Una derrota que resulta y resultará muy costosa, aun cuando haya cambio de gobierno. Aun cuando haya negociación y hasta un gobierno de coalición del chavismo con los demás.

Esta dictadura y sus manejos clientelares y ventajismos causan un profundo daño ético, una enajenación de los frágiles valores existentes. Es negarle a la gente sus necesarios referentes, para decidir, para hacer proyectos, para mirar a los demás de una cierta manera.

La participación –como valor y no como simple y esporádica acción– no solo está rimbombantemente enunciada en la Constitución, sino que milita como deseo, como pretensión instalada en nosotros y en los jóvenes actuales.

Participar es tenerse como parte de un todo que no está completo sin mí. Y es que ese todo me lo hace saber y crea los medios y vehículos para que la participación se logre.

No es fácil hablar de entendimiento en un ambiente de mutuas negaciones y grave crisis, no es fácil hablar de futuro a gente que hace colas para sobrevivir, pero hay que hacerlo.

Más allá de las noticias y tensiones que los medios de comunicación y las diatribas políticas internacionales que nos hacen ver que la gente se destroza y se hace ruin, hay un mundo, una humanidad que es cada vez mejor. No se puede comparar lo actual con lo que ocurría hace unas décadas: terribles guerras, millones de muertos, grave ignorancia de la diversidad.


La cultura occidental se expandió y llegó a una buena parte de la geografía. En esa geografía desde hace ya cierto tiempo se da una inevitable simbiogénesis. Un mestizaje con el que surgen grandes novedades: Japón, China, India, África, Latinoamérica se occidentalizaron y ahora convergen como nuevas culturas, montadas en el indetenible océano de Internet y lo digital: un futuro que abona la imaginación de muchos.

Es para ese mundo para el que hay que construir a nuestro país. Asumir ese mestizaje y transformarlo en proposición, en creación. Es para esa construcción para la que hay que entenderse y participar, mucho más allá de la mezquindad partidista o gobiernera.


11-02-17




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