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jueves, 9 de febrero de 2017

¿Todo está atado y bien atado? Por @froilanbarrios


Por Froilán Barrios


Difundir la sensación de poder, de control absoluto del ciudadano hasta la eternidad, se convierte en obsesión permanente para dictadores y pichones de dictadores también; al mismo tiempo, refleja la inseguridad del mandato y el sentirse aborrecido por el pueblo que supuestamente lo ungió como caudillo, sea por la gracia de un dios creado a su imagen y semejanza o por el sincretismo de una historia fabricada de héroes patriotas que justifiquen sus tropelías y corrupción.

Cuando Francisco Franco pronunció su famosa frase: “Todo está atado y bien atado”, en el mensaje anual de diciembre de 1969, lo hizo con la intención de imponer la posteridad de su régimen e igualmente para tranquilizar a quienes suponían que la dictadura moriría con él, como en efecto así fue, al tono que, luego de su muerte acaecida en 1975, en las fiestas patronales de pueblos y caminos de España el juego preferido de niños y adultos era el del tiro al facha, donde el blanco era su foto, su gabinete y doña Carmen Polo, su esposa.

La parentela de quienes hoy gobiernan Venezuela no dista mucho de esa estirpe de regímenes, como se desprende de sus anuncios de que sus mandatos irían más allá de 2021, 2051, cual tercer Reich milenario, y reafirmado recientemente con el latiguillo del 25 aniversario del 4-F: “Ahora es cuando viene revolución”. Manifestando así, en su estilo, que jamás entregarán el poder por la vía democrática consagrada en la Constitución Nacional.

Todo con modales para nada republicanos, acompañados de la pose mussoliniana, de la basura ideológica y amenaza de ejercicios militares, de demostración de cuerpos combatientes de la tercera edad, de civiles y militares activos, quienes no aguantarían el primer petardo de guerras convencionales, todo resumido en una puesta en escena para amedrentar a una mayoría de la población, que ya se manifestó el 6-D de 2015 por el fin del régimen y de la gestión Maduro.


La fragilidad del régimen lo lleva a ufanarse de una autoproclamada estabilidad, cuestionada a diario en pueblos y ciudades, en el Metro, la buseta, en la calle, en la cola del banco, del automercado, de la bodega de la esquina, donde no hay debate que gane ningún vocero oficialista; por el contrario, son repudiados al punto de que prefieren callar que atreverse a asumir públicamente su militancia pesuvista. Eso no sucedía poco tiempo atrás.

Lamentablemente, no se ha contado con una dirección política opositora que interprete la intención de cambio de la población, ante la política descarada del régimen de imponer con un fórceps el Estado comunal de clara inspiración fascista, que constituye su estrategia y meta privilegiada; le ha faltado trajín y concepto.

Entre tanto el proyecto gobernante se ha paseado a placer obligando a aceptar la comuna como célula de la sociedad, aunque no exista en la Constitución; aprobando leyes orgánicas del Poder Comunal, todas inconstitucionales, aceptadas por alcaldes, concejales y diputados opositores como legítimas y legales. Para muestra un botón, la Ley Orgánica del Poder Público Municipal ha sido una sastrería gubernamental orientada a su comuna, con el silencio administrativo opositor.

Por tanto, la estrategia electoral opositora debe ser obligatoriamente acompañada de la más amplia unidad nacional, donde no haya invitados de galería, sino parte componente y decisiva del proyecto de país que debemos reconstruir. Solo así las sociedades democráticas han superado las versiones de fascismos de derecha e izquierda que han asolado la humanidad.

08-02-17