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jueves, 29 de agosto de 2019

“Mad Max” Venezuela por @froilanbarriosf



Por Froilán Barrios


Resulta una proeza para los opinadores de páginas web y de diarios locales e internacionales tratar de explicar el drama que estremece a nuestro país, ante una realidad global que conoce cruentas guerras civiles de todo género y desenlaces abruptos en el planeta

Uno se pregunta cómo la próspera nación latinoamericana simbolizada por el realismo garciamarquiano del pasado siglo en una virginal doncella del Caribe, comparada con su natal Colombia, representada en una decadente y prejuiciosa dama avejentada, sea hoy lo contrario: una indigente que deambula por páramos y caminos del continente provocando compasiones y miserias.

Alguien diría que los países no se suicidan, por el contrario del subsuelo de sus conciencias deambulan para encontrar una salida hoy indisoluble y esquiva, como las raíces que tratamos de describir del por qué llegamos a este tremedal, donde se encienden las alarmas de la sobrevivencia de esa nación que causó otrora admiración universal.

Estamos inmersos en un estado de locura generalizada como la zaga fílmica de 1979 que representaba a una sociedad de un futuro apocalíptico marcado por la escasez de agua, petróleo y energía, crisis económica y el caos social. Las pandillas de facciones dominan las carreteras de Australia, donde no existe presencia del Estado por la crisis económica. Esto puede ser más cercano a lo que nos estremece hoy en Venezuela, donde el Estado fallido es el que controla nuestro diario devenir, al propiciar la hambruna, la inseguridad, la ruina de los servicios públicos, entre otros desmanes como política de gestión.

Me cuenta un atribulado padre que decidió ante la escasez en Maracaibo al buscar alimentos en Maicao, convirtiéndose en una odisea su traslado, un trayecto de 50 kilómetros, hasta la frontera debió sortear seis alcabalas, con el pago de vacuna “solidario obligatorio” a las fuerzas de orden público, y en el caso de buscar como alternativa las trochas, las bandas armadas extorsionan violando mujeres so pena de morir en el intento. El regreso no fue menos traumático, al llegar al Moján luego de haber pagado la coima, el chofer como salvoconducto sube al capó del vehículo a un adolescente wayuu como garantía de no ser molestado en ninguna de las alcabalas restantes, no contando que llegando a Sta. Cruz de Mara una rumba improvisada en carretera, con vacuna adicional bloqueó la ruta durante más de 3 horas hasta la madrugada, impidiendo el acceso a Maracaibo. Lo que era un paseo cotidiano de 3 horas fue trastocado en 24 horas ante la impunidad reinante en la frontera norte de Venezuela con Colombia.


Episodios como éstos se repiten por miles en el territorio nacional, convirtiéndonos cada día en realidades de estados fallidos ubicados en el cuerno del África, donde la somalización se ha convertido en una categoría política para caracterizar a países donde el estado dejó de existir y las naciones se colocaron en el umbral de la extinción.

En nuestro caso de no haber desenlace en el corto plazo los datos de pobreza registrados en cada barriada, comarca rural, señalan a un tsunami social que puede desencadenarse en cualquier instante, como la chispa en la pradera, ya que en ningún país sus habitantes pueden sobrevivir con 2 dólares al mes sin reaccionar con fiereza con el instinto de sobrevivencia determinante hasta en las bestias más salvajes. A nivel internacional este clamor patrio se resiente en las fronteras en varios países con la diáspora que demuestra a decir de José Martí “Cuando un pueblo emigra sus gobernantes sobran”.

28-08-19




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