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sábado, 10 de diciembre de 2016

Frente a la desintegración, es necesario entenderse por @perroalzao


Por Arnaldo Esté


Mientras escribo oigo al presidente reiterar su discurso, pretendiendo ignorar la nota mayor del país, su desintegración, su ruptura ética.

Alaba el proceso cubano olvidando que esa revolución está terminando en un retorno a lo que fue la Cuba de Batista: Sun, Sex and Sand.

Nuestra desintegración no es el efecto de una fuerza externa, no es que el destino o algún diablo generador se han ensañado. No, somos nosotros los actores de esa desintegración. Durante años dilapidamos lo que teníamos, más producto de la generosidad de la naturaleza que de su manejo apropiado, el trabajo empecinado y la creatividad. Esto, por mucho que se ha repetido, no deja de ser verdad.

Ahora, extenuado el recurso minero y apagado el santo portador de su vela, miramos para otros lados en la búsqueda de culpables.

En esa búsqueda de culpables, y precozmente agotados por la difícil tarea de salir de abajo, miramos para los lados maliciando de los vecinos.

El entendimiento no solo es necesario para cambiar el régimen, que en desastres, ineptitudes y turbideces ha domiciliado las angustias, las carencias y la incertidumbre. Es necesario para armar proyectos nacionales y ponerlos a andar.


El entendimiento y la comprensión de la necesaria diversidad es un valor político imprescindible. Es natural y necesario que se discuta y discrepe, pero la menor inteligencia política exige discreción, concentración de esfuerzos y jerarquización de propósitos. Eso, que ya de por sí es difícil, se incrementa con las preocupaciones por la imagen y la presencia de los micrófonos,

Es natural que el gobierno se atrinchere y maniobre usando recurso legales, ilegales y borderline. Es natural que, invocando la fidelidad al santón y la devoción por el fetiche cansado de la revolución, trate de conservar la unidad de sus confusos dirigentes. Es natural que estén nerviosos con la custodia y destino de sus mal habidos dineros. Si tal cosa es natural, por qué ha de sorprendernos. No es una novedad política. La historia de este y todos los países está llena de marrullerías y dobleces, de promesas incumplidas y papeles rotos. Hay que insistir.

Entonces, ¿para qué agotarnos en miradas laterales? El hambre y la angustia abonan esta desintegración que no muestra su fondo. Una desintegración que, con la desesperación que la acompaña, comienza a buscar otro resolvedor. Otro santón no inmadurado.

Es tarea difícil y larga mucho más que un cambio de régimen o “modelo”. Es buscar y construir los valores de la creación, el trabajo y la dignidad.

Hay que pensarlo, porque en este barranco nadie es imprescindible.


10-12-16