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miércoles, 29 de enero de 2020

Reinar sobre escombros, pero reinar… por @goyosalazar


Por Gregorio Salazar


Desde hace meses circula de manera viral por las redes sociales el video de una intervención del ex jefe del gobierno español, Felipe González, una de las personalidades más solidarias con Venezuela y quien mejor entiende desde afuera la tragedia nacional, en la cual afirma que nunca había visto una destrucción tan profunda y en tan poco tiempo como la que ha ocurrido en nuestro territorio, un país que aparte de sus riquezas, de su potencialidad en todos los órdenes y su historial democrático no ha estado inmerso durante estas dos décadas apocalípticas en una conflagración bélica.

Los efectos de la crisis, pone de relieve González, son de tal magnitud que han convertido a Venezuela en la principal amenaza regional y el éxodo de características bíblicas que protagonizan los venezolanos está desestabilizando la totalidad del continente.

En esa acción destructora a uno le cuesta creer que la ocurrida, por ejemplo, Pdvsa pueda haber sido deliberada. ¿Son de verdad tan estúpidos como para quebrar exprofeso la varita mágica de la cual dependían todas las “proezas” del descocado mago galáctico? Pero la degollina de más de 15 mil empleados de los más capaces, experimentados y meritorios de la industria, el abandono de la acendrada cultura de la seguridad y sobre todo el abandono de la desinversión en una política vital como la del mantenimiento redujo a Pdvsa a escombros.

En cambio, en el desmantelamiento del aparato productivo ha sido evidente la acción perversamente calculada y ejecutada a través de expropiaciones e intervenciones, la competencia desleal y una suicida política de controles ahora lanzada al cesto, entre otras conductas demenciales. Probablemente en su crasa ignorancia y en el delirio de su borrachera petrolera Chávez llegó a imaginar que podía sustituir al sector empresarial privado.

El derrumbe no se hizo esperar y en las empresas expropiadas y las creadas por el gobierno pronto reinó el fracaso y el caos. Las expropiaciones fueron una política potenciada al más alto nivel desde el día en que Chávez apareció en la plaza Bolívar vociferando mandatos contra la propiedad, acompañado de Jorge Rodríguez.


En el campo de las organizaciones políticas y el de las instituciones del Estado por supuesto que el aniquilamiento también fue fríamente pensado y calculado desde los tiempos de la Constituyente del 99. Nada más la potestad otorgada en la nueva constitución al CNE sobre el funcionamiento de las organizaciones sindicales, y en especial sus procesos electorales, apuntaban a la pronta intervención de ese sector, como en efecto ocurrió. En un momento llegaron a ser más de mil sindicatos, del sector público o privado, que quedaron inhabilitados por las medidas de paralización y las engorrosas trabas dictadas por el CNE, en ese tiempo dirigido, y no es una casualidad, por Jorge Rodríguez.

Los partidos políticos han sido proscritos, sus dirigentes inhabilitados, encarcelados, perseguidos, llevados al exilio forzado, y aquella inquebrantable fe en el voto y el sistema electoral de los venezolanos ha sido demolida. Sin ello será muy difícil salir del cepo en que nos han colocado.

La destrucción de las instituciones continúa. Con el asalto a la Asamblea Nacional perpetrado por el oficialismo el pasado 5 de enero parecen haberse esfumado las posibilidades, remotas pero posibilidades al fin, de que pudiera llegarse a un acuerdo para integrar un Consejo Nacional Electoral (CNE) capaz de organizar unas elecciones libres y que inspiraran la confianza del grueso del electorado.

El daño es muy profundo. El chavismo en su afán de perpetuación no ha vacilado en sacar de juego a todo lo que se opongan a su proyecto totalitario. En ese objetivo de la permanencia sin límite en el poder se encuentra la causa primigenia de todos los desmanes y la desaparición del Estado de Derecho. Reinar así sea sobre escombros, pero reinar.

Lo que más duele es el envilecimiento del factor humano que persigue la dictadura. Toda dignidad es comprable, toda rectitud es transable, todo compromiso vendible si se puede obtener un puñado de dólares, no importa el bien colectivo, el interés nacional si el dinero sucio puede resolver nuestra situación doméstica personal.

Para garantizar su futuro de democracia y prosperidad Venezuela no puede perder la batalla contra la corrupción, donde quiera que se encuentre.

26-01-20

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