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sábado, 26 de septiembre de 2015

Cómo salir a comprar a precio de Petaretoday y ser robado en el intento Por @MaraMayola


Por: María Yolanda García


Acudir a Petare a comprar productos que no se consiguen en automercados, no sólo es más costoso, también implica un riesgo para la vida y la seguridad del comprador

Adquirir en Petare productos que escasean en la red de supermercados no sólo es mucho más costoso, también implica arriesgar la vida y la seguridad personal sin que conlleve alguna consecuencia para los atracadores. Aún así, la gente se vuelca al lugar donde los revendedores “fijan” otros precios a los productos regulados (el llamado "Petaretoday"), según el criterio de la escasez: mientras más difícil es conseguir el producto, más caro se vende.


Contrapuso se propuso verificar cómo el Petaretoday fija, cual indicador econométrico, el precio de la comercialización de productos regulados en el mercado negro, con más de 400 por ciento por encima de su costo original.
Para cumplir con la misión, la periodista sale del metro y camina hacia los alrededores de la redoma de Petare donde los buhoneros venden toda clase de artículos: hortalizas, verduras, ropa, flores, repuestos de electrodomésticos, cosméticos y artículos de la cesta básica, entre tantos otros.

A pocos metros de la salida del metro, observa un mesón atendido por una mujer joven de unos 20 años, de contextura gruesa, que revisa mensajes de texto en un celular. La reportera le pregunta por el precio de medio de kilo de café. La joven responde "500 bolos" sin levantar la cabeza. "Te lo dejo a 450 mamita, tengo mi puesto en frente", ofrece otro revendedor, pasos más adelante.

De lado y lado hay tarantines en los que, como la semana anterior, se aprecian artículos como fórmula para bebés, afeitadoras, mayonesa. Esta semana, sin embargo, hay menos cantidad de productos.

La periodista cruza por debajo del puente Baloa, donde se apiñan más buhoneros. Más adelante, en otro tarantín, ve un puesto donde revenden detergente, jabones de baño y champú. Se detiene y pregunta el precio del champú. Es de la marca que usa y no encuentra. La tienta la idea de comparar. "350 el pequeño y 500 el grande", informa la buhonera expectante y algo malhumorada porque la comunicadora le ha preguntado varios precios y no ha comprado nada. La periodista mantiene su criterio de no comprar a bachaqueros, aunque tengan oro para la casa, así que desestima la idea y sigue.

Unos veinte metros más allá, en dirección a la avenida Francisco de Miranda, la reportera observa una mesa llena de pañales y acude, esta vez, para comprar cuatro bolsas, encargo de un compañero que tiene un bebé de dos años y le pidió que le hiciera el favor.

La reportera no anota, no graba, no toma fotos. Pero su intento de pasar desapercibida, a la postre, es infructuoso. Antes de llegar al mesón de los pañales, siente que una mano la agarra con fuerza por un brazo y la detienen en seco. Voltea y ve a un hombre de unos 27 años, con cicatrices en el rostro que le dice, casi al oído: "Me das el teléfono o te pego dos tiros". Ella baja la mirada y observa, a la altura de su cintura, un objeto negro que parece ser un arma. Obedece. Abre la cartera, toma el aparato y se lo entrega. El hombre lo toma y sigue su camino, tranquilo, a través del cúmulo de gente que va y viene, mientras la reportera se queda paralizada de miedo, impotente, preguntándose si este será un nuevo gaje de su oficio (ser robada en pleno reporteo).

Eso también tiene el incursionar en la Redoma y buscar productos regulados a precios del Petaretoday. La vida pende de un hilo por esos caminos

Pañales con partida de nacimiento

Completar la cesta básica en un supermercado convencional, lejos de los bachaqueros y los delincuentes de calle, se ha convertido en toda una proeza porque los productos que la integran, difícilmente, se pueden ubicar todos en un solo sitio y en muchos casos cuesta encontrarlos, aun recorriendo varios establecimientos comerciales.

Este miércoles en el Excelsior Gamma, en el Centro Comercial Macaracuay Plaza, vendían dos bolsas de detergente de 1 kilo a Bs. 32,65 cada una, ocho litros de leche descremada la Pastoreña, a Bs 160 por unidad y dos jabones de baño a Bs. 12 cada uno.

A una calle de distancia, en el Abastos Bicentenario, se podían adquirir 5 kilos de pollo, ya fuera pechuga a Bs. 180 el kilo y/o muslos a un costo de Bs. 80 el kilo, así como también dos bolsas de detergente de un kilo y dos bolsas de pañales, este último producto se podía adquirir sí, y solo sí, el comprador portaba la partida de nacimiento del bebé en cuestión.

En este establecimiento, se observaban neveras y anaqueles vacíos y la carencia de los productos de primera necesidad.

–¿Dónde puedo ubicar el azúcar, la leche y el arroz? -–se le preguntó a una empleada que ordenaba las colas para pagar.

–En ninguna parte, no han llegado. La consulta acerca de productos como harina de trigo y de maíz, y aceite, tuvo la misma respuesta.

En el Central Madirense localizado en la avenida Francisco de Miranda, hacían largas colas para adquirir 2 kilos de pasta –cuatro bolsas de 500 gramos cada una a Bs. 122– dos kilos de detergente y dos de harina de trigo.
En el Plan Suárez de La Urbina también había detergente y pañales. No se requería la partida de nacimiento para su compra, sólo que correspondiera el número de cédula con el día.

Pequeñas joyas llamadas granos

Los granos, que para muchos eran “comida de pobres”, son ahora un platillo costoso y difícil de encontrar. Los precios de leguminosas como caraotas negras y rojas, oscilan entre Bs. 1.200 y 1.500 y no hay. En los comercios visitados se encontraron granos como los frijoles bayos y ojo negro, pero a precio de joyería: Bs 479,85 sólo 500 gramos, sin contar lo que hay que comprar para aliñarlos: cebolla a Bs. 500 el kilo, pimentón a 400 el kilo, entre otras verduras.



24-09-15




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