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jueves, 19 de enero de 2017

El presidente de la C.E.V agrede al Papa por @centrogumilla


Por Jesús María Aguirre


En la guerra de declaraciones políticas, adobadas de amenazas y amedrentamiento, se ha hecho un lugar común la acusación a la Conferencia Episcopal de obstaculizar las acciones del Vaticano y de obstaculizar el diálogo, incluso “contradiciendo la palabra del Santo Padre” (CCS, sábado 14 de enero de 2017 p. 15). Es sorprendente ver el cinismo, apoyado más en la bota militar que en los argumentos, que se destila a través de unas declaraciones insultantes, conminando al mismo Presidente de la Conferencia Diego Padrón y denunciándolo de “agreder al Papa”. Es evidente la táctica de dividir a los factores de la Iglesia, según la consigna del divide y vencerás. Pero cada día la contradicción más flagrante está en quienes firman los acuerdos y los incumplen o entre quienes confían más en la bota que en voto.

Para que no haya duda sobre lo que dicen el papa francisco y el secretario de estado Mons. Pietro Parolin, y la concordancia con lo que expresa la conferencia episcopal venezolana en su exhortación pastoral del 13-01-2017, transcribo la cita de la C.E.V. tomada textualmente de la carta del vaticano.

“Los obispos venezolanos, en comunión con el Santo Padre Francisco, reiteramos las condiciones para continuar el diálogo señaladas por el Secretario del Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolín, en su carta del 01 de diciembre de 2016:


  • Aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas que está sufriendo la población.
  • Las partes concuerden el calendario electoral que permita a los venezolanos decidir sin dilaciones su futuro.
  • Se tomen las medidas necesarias para restituir cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución;
  • Se apliquen los instrumentos legales para acelerar el proceso de liberación de los detenidos”. (Apartado Nº 7).

Esperamos que no detengan a Mons. Diego Padrón por terrorismo en vista de sus agresiones al Papa, aunque visto lo visto, todo es posible, aunque se camufle con el hábito de los trapenses y cante “en mi barca no hay oro ni espadas”. Todos saben quiénes las tienen.



17-01-17