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domingo, 23 de julio de 2017

Las nuevas narrativas que están surgiendo por @GerverTorres


Por Gerver Torres


Las nuevas narrativas que están surgiendo

Durante años la sociedad venezolana estuvo dominada por una familia de relatos que impuso el chavismo y que, junto con otros factores como los altos ingresos petroleros y el carisma de Hugo Chávez, les permitió a éste y sus sucesores controlar al país. Esa familia de relatos está compuesta por algunas narrativas que resuenan en la mente de muchos pueblos en el mundo, y por otras que tienen eco más específicamente en la sociedad venezolana. Entre las primeras, están la narrativa de la revolución, la del populismo, la del nacionalismo, la del socialismo y la del militarismo. Entre las segundas está la narrativa de “tierra de gracia”.  Cada una de esas narrativas tiene su especificidad, pero comparten muchos elementos, por lo que precisamente constituyen una familia y se refuerzan mutuamente.

Pero antes de avanzar en la discusión de estas narrativas chavistas y de las que están surgiendo para oponérsele, conviene hacer algunas precisiones sobre el concepto mismo.

Sobre las narrativas

Una narrativa es un cuento; un cuento que relaciona hechos y personajes en una misma trama, y que establece secuencias, relaciones y causalidades entre todos ellos. Este es un dato fundamental de la narrativa; la causalidad. Así, por ejemplo, en una determinada narrativa, la escasez de bienes se debe al exceso de controles que se han impuesto sobre los productores, mientras que en otra, es al revés. La escasez se debe precisamente a la falta de controles que hace aparecer especuladores por todas partes. Escasez y controles aparecen en las dos narrativas, solo que la causalidad está invertida. En un caso, la narrativa clama y justifica más controles; en el otro, su desmantelamiento.


La importancia de las narrativas es que ese es, por excelencia, el lenguaje en que nos comunicamos y nos entendemos los seres humanos. No son el inglés, el español o el chino. Es el de las narrativas.  El hombre es un ser de cuentos, de narraciones. El mundo a nuestro alrededor lo entendemos y lo pensamos como un cuento. También nuestras vidas, experiencias y recuerdos, las estructuramos en forma de un cuento. Nuestras vidas son vidas narradas. Las narrativas nos dicen de dónde venimos y hacia dónde vamos. Nos dan la sensación de entender el mundo, de entender lo que ha pasado y de poder predecir lo que va a pasar. Es una comprensión que adquirimos basada en la narrativa que creemos y compartimos.

Los cuentos no tienen que ser ciertos, solo tienen que parecer coherentes. Por eso se pueden imponer narrativas que luego llevan a individuos y sociedades enteras a estrellarse con la realidad. Es que las narrativas pueden generar o anclarse en creencias que son falsas. Así, por ejemplo, la narrativa del nacionalismo, encuentra asidero en la creencia generalizada de que las naciones han existido desde tiempos inmemorables o desde siempre. Cuando un soldado en una guerra piensa que va a morir por la patria, muy posiblemente esté pensando que lo hará por un lazo, una identidad ancestral, milenaria. Resulta que las naciones son un fenómeno reciente en la historia de la humanidad. Antes que a las naciones, los hombres pertenecían  a imperios y a religiones que no conocían fronteras nacionales.

Como cualquier cuento, las narrativas pueden mutar, debilitarse, entrar socialmente en receso sin necesariamente morir o desaparecer del todo, hasta que nuevos actores o eventos las traigan de nuevo, tal vez modificadas en algún grado.

La narrativa chavista

Volviendo a la narrativa chavista, decíamos que es una familia de narrativas, unas de carácter internacional, otras más nuestras. Empezando por éstas últimas, tenemos la narrativa de “tierra de gracia”.  Este fue el primer nombre que tuvimos como territorio. Es el que nos dio Cristóbal Colón cuando llegó a las costas de Paria en 1498 y se maravilló tanto de lo que había descubierto que pensó que estaba en el paraíso terrenal.  Tierra de gracia significa tierra bendecida con todas las riquezas de la naturaleza. Bajo esa narrativa se desarrolló la creencia, reforzada en su momento con la aparición del petróleo, de que éramos ricos y prácticamente no necesitábamos hacer nada para disfrutar de la mejor vida posible. De lo que se trataba era de distribuir la riqueza que nos brindaba la naturaleza, de manera equitativa. Esa narrativa precede al chavismo, solo que éste le dio mayor preminencia y la conectó con otras narrativas, incluyendo la del populismo que nos plantea el mundo como escindido en masas indiferenciadas por un lado y élites privilegiadas por la otra;  con un líder mesiánico, salvador, que redime a las primeras. En este caso, las redime haciendo una justa distribución de la riqueza petrolera, que debe arrebatarle a los privilegiados. Por su parte, la narrativa de la revolución plantea que eso no es posible hacerlo sin un cambio radical, sin la destrucción de los viejos poderes, y los factores del status quo. Por eso mismo, entiende y  justifica la violencia. Supone enemigos, que son todos partes de lo mismo, que no diferencia entre ellos. El relato de la revolución es dicotómico; a favor incondicionalmente o enemigo acérrimo al que hay que destruir. Es el relato de la pólvora; por eso, aunque se esté en tiempos de paz, el lenguaje es de guerra.  

Por su parte, la retórica socialista le da un rostro más definido a los actores que se enfrentan: son clases sociales; los pobres contra los ricos. Hay un instrumento para el control y la dominación del enemigo de clase que es el Estado, y éste puede y debe ser utilizado sin restricciones de ningún tipo. Esta narrativa plantea además que el poder no se entrega hasta haber transformado totalmente a la sociedad (hacerla socialista) lo cual nunca se alcanza definitivamente.

La narrativa que está emergiendo

Frente a esa retórica y al fracaso del proyecto que ella sustenta, ha empezado a emerger en Venezuela, desde las calles y en medio de la lucha contra el régimen, una nueva familia de narrativas. Una es la de la reconstrucción nacional. Esa narrativa tiene mucha fuerza. En el imaginario colectivo se asocia con la resurrección, que es también una narrativa con un anclaje profundo en muchos pueblos y religiones. La resurrección es el regreso de la muerte; pero también es el regreso de una experiencia cercana a la muerte. Cuando las personas han vivido una situación extremadamente crítica o peligrosa, y logran recuperarse, dicen que han vuelto a nacer. Es decir, han resucitado. La sociedad venezolana está luchando por renacer.

Hoy, la narrativa de la reconstrucción nacional se opone palmo a palmo a la de la revolución y en eso consiste su fuerza. La reconstrucción es construcción,  la revolución es destrucción. La reconstrucción supone e invoca unidad, reconciliación, entendimiento, paz. No hay reconstrucción en medio de una guerra. La reconstrucción es lo que sigue a la guerra.  La revolución, en cambio,  se asocia con todo lo opuesto: división, confrontación, guerra.  

La narrativa de la reconstrucción nacional adquiere fuerza y se desarrolla en múltiples formas; como la reconstrucción de las instituciones, la reconstrucción de la economía y  del aparato productivo, la reconstrucción de la infraestructura, del buen gobierno y de la civilidad; y así de todas las esferas que hacen nuestras vidas. Podemos incluso hablar de la reconstrucción de las familia, habiendo sido ésta tan seriamente afectada por las divisiones y pugnas que introdujo el chavismo en la sociedad venezolana. Podemos hablar de la reconstrucción de nuestras propias vidas, de nuestra cotidianeidad, habiendo sido tan profundamente trastocada por el régimen chavista.

Por otra parte, la reconstrucción nos plantea la posibilidad de construir algo mejor de lo que siempre tuvimos. Esa es la licencia que nos da la narrativa. Cuando alguien dice voy a reconstruir mi casa que fue devastada por un huracán, nadie espera o exige que la nueva construcción sea una copia fiel de la que antes existió. Puede ser algo muy superior y aun así será pensado y entendido como una reconstrucción. El sueño de la reconstrucción deja libre la imaginación, la creatividad y el emprendimiento. La reconstrucción de los Estados Unidos después de la guerra civil entre el norte y el sur, o de Europa después de la segunda guerra mundial, dio lugar a países más prósperos y democráticos de lo que estos eran antes de esos acontecimientos. No siempre el retorno es al mismo lugar donde antes nos encontrábamos.

La narrativa de la reconstrucción tiene otro ángulo interesante, valioso. La reconstrucción supone que ha habido destrucción. Y en el caso venezolano ¡sí que la ha habido! Por eso mismo surge hoy con facilidad, espontáneamente, el llamado, el clamor por la reconstrucción. Pero, si ha habido destrucción, entonces queda abierta la puerta para que el cuento explique por qué ocurrió esa destrucción. Es la oportunidad, para aprender, para socializar importantes lecciones sobre la experiencia vivida, sobre lo que nos ocurrió como país y sociedad. Hay modelos, sistemas, prácticas, políticas, actitudes, lenguajes a los cuales los venezolanos no querremos volver jamás. Hay mitos y creencias que deben ser desmontados. Los  errores y equívocos deben incorporarse a la narrativa en desarrollo, como los personajes malos del cuento.

Es así pues que la narrativa de la reconstrucción se desarrolla en dos direcciones. Mira hacia adelante; el país a reconstruir, y mira también hacia atrás; el país que no debemos repetir; las  creencias, valores, conductas que debemos desterrar.

Otra narrativa que está despuntando con fuerza en las calles del país es la de la libertad. ¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad! Poderosa narrativa. A primera vista, eso puede parecer simplemente una consigna; una frase. Pero no, esa palabra no es cualquiera palabra. La libertad no es simplemente una palabra; es toda una narrativa. Una narrativa que ha jalonado innumerables jornadas épicas a lo largo de la historia de la humanidad y que resuena con fuerza en los oídos de cualquier oprimido. Se pudiera decir que la historia de la humanidad es la lucha por la libertad. Por supuesto, esa narrativa hay que desarrollarla. Libertad para expresarnos; para participar de  cualquier causa sin temor a represalias, para producir, para crear riquezas sin ser bloqueados por el Estado.  En la medida en que el régimen extiende y profundiza su control totalitario de la sociedad, en esa medida esa narrativa se reivindica, toma fuerza, se hace una necesidad.

Las narrativas de la reconstrucción nacional y de la libertad se fortalecen y retroalimentan entre sí. Reconstruimos para ser libres; queremos ser libres para reconstruir.

El liderazgo democrático de esta hora tiene allí, a flor de piel, las narrativas que él puede encarnar para sacar al país adelante. Es al mismo tiempo un mensaje de esperanza y un trabajo de pedagogía social. La tarea va más allá de remover al régimen dictatorial del poder. Hay que remover de la sociedad las narrativas del fracaso que nos trajeron a donde hoy estamos, y darle aliento y vida,  a las que pueden hacer sólidas y sostenibles, el progreso y la libertad. 

20-07-17

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