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jueves, 27 de julio de 2017

Máquina de muerte por @froilanbarriosf


Por Froilán Barrios


Entre himnos y cánticos del culto a la personalidad transcurre la vida de los dictadores, quienes disfrutan de una orgía de aduladores especialistas de puestas en escena, de grandes escenarios de majestuosas avenidas y marchas militares, donde se muestra el arsenal disponible para advertir el trágico destino de quienes se atrevan a desafiar el orden establecido por el régimen de turno, siendo su objetivo final multiplicar el ego del caudillo redentor de la patria antiimperialista.

Así ha sido el guion empleado para trazar el destino de la nación utilizando como instrumento la fraudulenta consulta del próximo domingo 30 de julio, con la que pretenden instalar en pleno siglo XXI –ante la comunidad internacional y ante una mayoría nacional cercana ya a 90%– las cimientes de un Estado fascista cuyas únicas fuentes de inspiración sobrevivientes en la actualidad son la dinastía de los Kim Il Sun de Corea del Norte y el castrismo en Cuba.

Hoy la operación madurista orquestada desde La Habana es un insulto y una bofetada a los valores universales alcanzados en materia de derechos humanos en América Latina, luego de haber sufrido en el siglo XX cruentas dictaduras de todo género, y en Europa al ser capaces de juzgar y condenar en La Haya a los responsables del último genocidio en los Balcanes.

Al surgir este aborto de la historia en tierras venezolanas, que se creía superado desde que cayera el Muro de Berlín, por los grandes fracasos que derivaron en tragedias para la humanidad a lo largo del siglo pasado, ha suscitado la alarma general y la exigencia al procaz y arrogante régimen madurista de suspender inmediatamente la fraudulenta constituyente comunal, cada día caricaturizada en extremo por los mensajes de los candidatos, quienes se ubican más como participantes de un congreso del PSUV que aspirantes a producir otra carta magna.


El régimen madurista, a sabiendas de sentirse minoritario, recurre a diseminar el terror en la población siendo indiferente, tras 116 días de protestas, al centenar de fallecidos; incluso, desconociendo la autoría de estos crímenes y anunciando en cadenas mediáticas que estos pierden la vida por manipulación de artefactos caseros, en lugar de las balas de los aparatos represivos del Estado.

Su postura intransigente no es casual. Sus orígenes ideológicos les determina profesar la ideología de la muerte, Cultivan la necrofilia como política con los métodos de sus aliados de turno, llámese Gadafi en Libia, Saddam Hussein en Irak o Bassar Al Assad en Siria, este último actual presidente de esa nación al que asistieron con una delegación de la Cancillería venezolana, que fue a apoyar al denominado “carnicero de Damasco”. Dictaduras que han dejado bajo sus mandatos a decenas de miles de muertos, todos justificados en nombre del antiimperialismo.

Por tanto, no nos extraña su decisión de llevar a Venezuela a un apocalipsis, a una confrontación nacional, pues de realizarse la consulta del domingo, los venezolanos demócratas no estamos obligados a acatarla de acuerdo con lo estipulado en la Constitución. Esta no perderá su vigencia si se pretendiera imponer otra sin la consulta universal previa al soberano, establecida en la carta magna.

26-07-17