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miércoles, 7 de agosto de 2024

María Corina y los pardos / Ibsen Martínez @ibsenmartinez



Una deplorable doctrina de aquiescencia ante la dictadura de Nicolás Maduro imbuyó por largo tiempo a la oposición venezolana.

Henry Ramos Allup, vitalicio secretario general del partido Acción Democrática, resumió esa doctrina diez años atrás con socarrona y ruin procacidad: “a veces hay que doblarse para no partirse”.

Tal fue el postulado que orientó una y otra vez inconducentes “diálogos” estacionales entre la oposición y una dictadura que ha llegado al extremo de torturar adversarios hasta causarles la muerte, mientras la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, se encontraba de visita en Caracas.

Hace menos de nueve meses, una ilustre legión de sofistas –rivales políticos, politólogos, encuestadores, “analistas de entorno”– no daba un níquel por el futuro político de Machado y volcaba en tortuosas cábalas la pregunta sobre quién podría abanderar a la oposición con resultados siquiera decorosos frente al descomunal ventajismo electoral de un régimen desaforado.

“María Corina Machado es valiente y ha sido consecuente en sus luchas por los derechos del electorado, se ha fajado, eso no se le puede quitar, pero está inhabilitada”, solía decirse condescendientemente, afectando contrariada resignación.

Más de un articulista argumentó la desvergüenza de que el candidato debía ante todo “hacerse potable” para Maduro, para garantizar el diálogo y la gobernabilidad en una hipotética transición, se entiende.

Según quienes así pensaban, solo con la graciosa venia de un gobierno que no ha respetado regla alguna de civilidad democrática podrían un candidato y su partido “seguir en el juego” de conservar medrosamente una alcaldía aquí y otra más allá, “mientras tanto y por si acaso”.

Aunque no todo fuese cinismo, clientela o vasallaje, la discusión entre los opositores sobre qué hacer ante las elecciones –esto es, sobre la nómina de candidatos inocuos– a menudo tenía como única y zanjadora premisa el inconmovible despotismo del régimen. Pocos se animaban a pensar más allá de “lo potable”, aun sin poder definirlo ni ponerle rostro ni mucho menos apellido. Lucía mejor no tentar por error el rechazo de Maduro.

Por “potable” se insinuaba, de manera vaga, la circunspecta cortedad de condenar la corrupción solo en diacrónicos términos generales y callar ante las constantes violaciones de derechos humanos del régimen.

Las primarias de octubre de 2023 fueron la tumba de todos los potables, grandes y pequeños. María Corina hizo bien en empeñar todo su esfuerzo en ellas, aun estando inhabilitada. “A mí me habilitará el pueblo”, llegó a decir proféticamente. Para usar un símil tomado del tenis, al ganarlas rompió el servicio de Maduro.

Hoy las tornas han cambiado diametralmente, el desánimo político ha desaparecido, el consenso de las encuestas y hasta del aire que se respira en las calles del país habla de un parteaguas promisorio, del surgimiento de muy deseables posibilidades democratizadoras. ¿Cómo ha sido esto posible?

En adelante, y durante mucho tiempo, las explicaciones invocarán factores como su innegable valor personal, la nitidez de su mensaje –henchido de ideas liberales sobre la economía y la política– y el carisma movilizador de María Corina Machado.

Añado yo que venezolanos de toda condición social, fieles a un catolicismo de sincrética cepa caribe, ven en Machado algo parecido a una advocación mariana; se diría que la lideresa goza de la sobrenatural tutela de la Virgen María.

Sea como fuere, con o sin intercesión divina, las tomas aéreas de multitudes enfervorizadas por María Corina Machado en apoyo del candidato opositor, el providencial Edmundo González Urrutia, puntero disparado en todas las encuestas, traslucen terrenales efectos políticos en Venezuela, con seguridad muy duraderos. El más patente ha sido la hecatombe de los partidos de oposición.

Se trataba de endebles formaciones, algunas de ellas terminalmente decrépitas, que nunca lograron recuperarse del cataclismo electoral que elevó a Hugo Chávez al poder hace ya un cuarto de siglo. Otras, las más jóvenes, desprendidas de aquellas, si bien lucen ya implantadas en todo el país, tampoco salieron indemnes del remezón que trajeron las elecciones primarias.

Esta consulta fue promovida por la Plataforma Unitaria Democrática, la más amplia coalición opositora hasta ahora conformada en Venezuela, y otorgó a María Corina Machado 92,5% de los votos emitidos por 2.440.000 electores. El candidato que la siguió en preferencias obtuvo menos de 4% de los votos.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Hans Röckle, el juguetero: cuento de Navidad de Karl Marx / Ibsen Martínez @ElNacionalWeb

 


En su juventud, al comienzo de su exilio en Inglaterra, Karl Marx se sirvió muchas veces del cuento de Hans Röckle y el Diablo para entretener a sus hijas durante sus excursiones dominicales al Hampstead Heath de Londres.  “Cuéntanos  media milla más de Hans Röckle, el juguetero”, clamaban Jenny y Laura.

Había en aquel prado un nogal bajo el cual Marx leía toda la prensa europea y bebía clarete mientras charlaba con Jenny, su esposa y los pocos seguidores que entonces tenía. Invariablemente  hacían parada en el “Jack Straw’s Castle”, una taberna donde compraban la leche, el pan y la mantequilla para el  almuerzo y donde Marx y Engels se echaban al coleto la primera pinta  de cerveza del día.

Emprendían el regreso al caer la tarde, y ya  bastante bebido, Marx encabezaba la comitiva.   Se cruzaban con todos los músicos ambulantes de Londres: con bandas de metales que tocaban valses y polkas y con gaiteros irlandeses.  Pero lo que más gustaba a Marx de aquellas excursiones era regresar por las calles declamando, borrachón y a voz en cuello, trozos enteros del Fausto de Goethe en obsequio de sus hijas.

Las chicas soportaban mejor “las aventuras de los juguetes de Hans Röckle” porque, invariablemente,   en ellas la peripecia sólo termina cuando los atribulados juguetes logran regresar a la juguetería y ponerse a salvo.

Los juguetes de Hans Röckle no quieren ser juguetes de ningún niño burgués y los arrebata de improviso una gana quijotesca de  deshacer entuertos en los que no pueden dejar de inmiscuirse,  sin importarles cuán inermes se hallen.

Los villanos del cuento siempre los aventajan en tamaño, número y malignidad y, ante  la osadía de los polichinelas o las bailarinas del taller  de juguetería,  desatan una feroz  persecución, tan tenaz,  que exige el máximo a los mecanismos de cuerda de los imprudentes juguetes para cruzar Londres a todo correr  y despistarlos lo suficiente para llegar, corriendo, a la tienda, justo a tiempo de que Röckle el Mago les dé a los villanos con la puerta en las narices.

Hans Röckle vivía acogotado por las deudas,  las cuentas de su juguetería siempre estaban en rojo. Sus juguetes eran de mecanismo elemental  e imperfecto y  de acabado sumamente basto: la pintura de las casacas y de los quepises, por ejemplo,  se descascaraba  no más desempacar. Las piezas movibles se desprendían para siempre al tocarlas.  Por eso nadie quería sus juguetes o los devolvían, a poco tiempo de comprarlos, exigiendo inmediato reembolso.

En consecuencia, Hans Röckle siempre estaba en mora con el casero, la tienda de abarrotes,  el carbonero, el carnicero y, desde luego, con  los proveedores de materia prima para su taller.

Desesperado, Röckle vendió un día su alma al Diablo a cambio de tener ingenio y destreza  como  fabricante de juguetes y sólo entonces fue cuando comenzó a tener gran éxito porque los suyos eran ahora  juguetes autómatas de pasmoso mecanismo invisible.    A partir de esta transformación, Röckle comenzó a ser conocido en el ramo juguetero como Röckle el Mago.

Pero tan pronto sus dueños los sacaban de la caja, los juguetes de Röckle el Mago se metían en líos que los rebasaban y debían emprender la huida en un largo, tortuoso y desesperado regreso a la juguetería.  Según Marx, la maldición, la trampa del Diablo, estaba en que Röckle el Mago no pudiese desprenderse nunca de los quijotescos juguetes, tan justicieros como chambones,  que echaba al mundo.

Marx veía la jugarreta del Diablo precisamente en el hecho de que los juguetes,  manufacturados a partir de insumos cuya demanda es bastante inelástica,   pudiesen venderse varias veces en el mercado,  casi sin depreciación alguna.

No he podido nunca entender por qué veía Marx las cosas así. Al fin y al cabo, revender una y otra vez juguetes  que, en virtud de un hechizo, vuelven por sí solos a la juguetería supera cualquier sueño de Ruth y Eliott Handler,  los “padres” de la muñeca Barbie™,  fabricada ininterrumpidamente por Mattel Toys desde 1959.

Un buen juguete autómata, aun producido en la incipiente revolución industrial, puede  considerarse un bien transable, en el sentido que hoy dan los economistas a esa palabra. Hablamos,  por cierto,  de un juguete que regresa por sí solo  a la fábrica en condiciones de ser ofrecido ventajosamente de nuevo, sin depreciación, en un mercado de gran eficiencia asignativa, como cabe imaginar que era ya el mercado de los juguetes en el Londres de Peter Pan.

No está claro,  sin embargo,  cómo   podía resultar pesadillesco para Röckle el Mago afrontar los módicos gastos fijos de un gabinete de magia, sin operarios ni gastos de energía. Los márgenes de ganancia de sus juguetes escapadizos le aseguraban una ilimitada capacidad de ahorro y de acumulación de capital.

A menos que la trampa del Diablo  obrara, justamente, en el mecanismo que, para usar palabras de Marx y Engels, “transmuta los valores en precios”.  Y que el valor de los insumos y  de la magia que permitía a Röckle el Mago producir juguetes prodigiosos experimentase un crecimiento lineal, en tanto que la cuenta conjunta del casero, del tendero y del carnicero lo hiciese de un modo infernalmente exponencial.  Sólo así, pienso yo, la trampa del Diablo podría impedir al mago prosperar indefinidamente, cada día más lejos de una economía de subsistencia.

Como quiera que sea, ese era el cuento que Karl Marx  narraba durante millas y meses  para regocijo de sus hijas,  y tal como él lo contaba, así os lo cuento hoy, víspera de Navidad.

https://www.elnacional.com/opinion/hans-rockle-el-juguetero-cuento-de-navidad-de-karl-marx/

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lunes, 14 de agosto de 2023

Entre la libertad y el miedo, por @IbsenM


Ibsen Martínez 13 de agosto de 2023

@IbsenM

Hace ya un tiempo, traídos por sus quehaceres literarios, vinieron a Bogotá desde México la poeta María Baranda y el ensayista y crítico literario Christopher Domínguez Michael.

Hicimos tiempo para juntarnos un buen rato en el “Café Pasaje”, muy cerquita dela Plazoleta del Rosario, la misma donde unos exaltados, sedicentes indigenistas, derribaron un 12 de octubre la estatua del conquistador Jiménez de Quezada. López Obrador no llegaba aún a la presidencia de su país pero nadie discutía que así habría de ser, inexorablemente.

Recuerdo que la  conversación deambuló por un rato a cuenta de la suerte corrida, en poco más de un cuarto de siglo,  por las democracias de nuestra América desde aquellos años 90 cuando se pensaba que, aun  con  enormes dificultades, el debate de ideas y, sobre todo, la alternabilidad democrática podían llegar a ser el santo y seña de toda la región, en lugar de los pronunciamientos militares de medianoche, los eslóganes molotovianos, la zozobra  ciudadana y las balas.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Tener y no tener, por @ibsenmartinez




Ibsen Martínez 05 de diciembre de 2019
@ibsenmartinez

La ola de protestas que viene estremeciendo a algunos países de Sudamérica no ha hallado en Venezuela el eco que muchísimos demócratas habrían celebrado dentro y fuera del país.

La gran masa opositora, que a comienzos de año creyó hallarse a un paso de protagonizar un vuelco dramático en la política nacional que anunciaría el principio del fin de la dictadura, presencia ahora el extravío final de lo que cabe llamar “la ruta Guaidó” hacia Miraflores.

El agotamiento de una audaz estrategia cuya baza mayor era lograr un masivo pronunciamiento militar, con decisivo apoyo de Washington y naciones de medio continente, en favor de un gobierno de “acuerdo nacional”, sin Maduro, que condujese a unas elecciones razonablemente potables para todos ha coincidido con una circunstancia impensable hace apenas diez meses: la inopinada masiva dolarización de la economía venezolana.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Vivir en Colombia, por @ibsenmartinez




Ibsen Martínez 01 de diciembre de 2019
@ibsenmartinez

Muy lejos de aquí, y hace ya largo tiempo, anoté las impresiones que me dejó el mismísimo día de septiembre de 2016 en que, en Cartagena, se firmó la paz entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos.

Yo había ido a una barata de jerseys en un almacén de la Carrera 7.ª con Calle 16 y, al regreso, antes de embutirme en el bus M82, rumbo a mi casa, me detuve a comerme una empanadita de pipián en un figón muy favorecido por los estudiantes de la Universidad del Rosario. Allí me sorprendió la transmisión televisada del acto.

jueves, 31 de octubre de 2019

Venezuela y el bochinche necesario, por @IBSENMARTINEZ




Ibsen Martínez 30 de octubre de 2019

Entre las reacciones que en Venezuela han causado la ristra de movilizaciones violentas o pacíficas que vienen estremeciendo el continente, aparte el risible dragonear de Maduro y alguno de sus lugartenientes cuando se atribuyen, por cuenta del muy jaleado Foro de São Paulo, el papel de instigadores a distancia de los estallidos, está la noción, muy compartida en las redes sociales opositoras, de que los demás sudamericanos —los chilenos, en particular— son, si no tontos, ingenuos que no han aprendido nada de lo ocurrido en Venezuela en los últimos 20 años.

Está de moda entre la diáspora tuitera venezolana, se halle en el sur de Florida o en Leganés, discurrir sobre la mar gruesa de inocultable malestar social latinoamericana despachándola como obra de un protervo, omnipresente y todopoderoso “internacionalismo bolivariano” teledirigido desde La Habana. No se concibe, según este parecer, que pueda haber otras causas para las conmociones ecuatoriana y chilena distintas de la contumacia chavista-madurista en su afán de irrumpir desde hace 20 años en los asuntos de sus vecinos. Tan estrecha manera de ver las cosas concuerda con la provinciana arrogancia intelectual que ofusca a muchos de mis compañeros de exilio hasta el punto de despachar todo lo que estremece al planeta —ya sea la revuelta barcelonesa, las manifestaciones quiteñas, guatemaltecas y santiaguinas, pacíficas o no, las sangrientas chapuzas de López Obrador, la marea verde colombiana o el triunfo kirchnerista—, como un fatídico efecto de contagio del chavismo considerado como una virulenta cepa de encefalitis populista.

miércoles, 9 de octubre de 2019

“El astillero”, por @ibsenmartinez




Ibsen Martínez 08 de octubre de 2019
@ibsenmartinez

Las invariablemente trágicas noticias que llegan de Venezuela se agolpan unas con otras y a todos nos desazona la abrumadora magnitud de lo que traen.

Sin embargo, son misteriosas las leyes que rigen el registro de oprobios y vergüenzas y el lugar que, en la escala del asombro, asigna nuestra memoria a cada suceso. Desde hace semanas, cada vez que pienso en Venezuela, en lugar de pensar en las unidades de exterminio o en las madres desplazadas, pienso en un tanquero —Parnaso, se llama—, propiedad de la petrolera estatal venezolana y varado durante meses en Portugal, junto con su cargamento de crudo, por orden de un tribunal mercantil local. El armador del buque, un consorcio alemán, demanda por impago del flete.

Hace tiempo que la tripulación, hambrienta y librada a su suerte, abandonó calladamente la nave.

sábado, 5 de octubre de 2019

Maduro, ¿tercera temporada?, por @ibsenmartinez




Ibsen Martínez 04 de octubre de 2019
@ibsenmartinez

La ofensiva lanzada en Venezuela desde comienzos de año por la coalición que apoya a Juan Guaidó es buen ejemplo de que la intención humanitaria y la amenaza de intervención militar no se avienen como receta ideal para lograr un cambio de régimen. Aquí calza bien, creo, remitir una vez más a lo mucho que al respecto ha observado atinadamente David Rieff.

En verdad ya podemos alegrarnos de que, a pesar de la mortal calamidad que atraviesa mi país y la latencia de un conflicto armado subregional de grandes proporciones, no nos hayamos precipitado todavía a un escenario siquiera remotamente evocativo de lo ocurrido en los Balcanes y Afganistán a la vuelta del siglo. Las cosas, bien o mal, han ido en otra dirección.

viernes, 23 de agosto de 2019

Diosdado tira del tren a Nicolás Maduro, por @IBSENMARTINEZ




IBSEN MARTÍNEZ 22 de agosto de 2019
@IBSENMARTINEZ

¿Es impensable un Gobierno con Juan Guaidó y un gabinete harvardiano en 'entente cordiale' con militares de la catadura de Diosdado y sus cortagargantas?

“No preguntes y no te mentirán”, rezaba el lema entre los lemas que guiaban a Kim, el sagaz espía adolescente, trasunto de Rudyard Kipling en la antigua India británica.

No soy espía ni vivo en la India, pero desde que tantos venezolanos en el exilio aspiran a un lugar, si no en la Historia de Hispanoamérica, al menos sí en la nómina del hasta ahora mitológico “Gobierno de transición”, presidido por Juan Guaidó y tutelado por generales a quienes el consejero estadounidense John Bolton ofrece desembozadamente perdonarles todo a cambio de que derroquen a Maduro, Bogotá se ha convertido en un paraje moralmente evocativo de la Lisboa “neutral” durante la Segunda Guerra.

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Oslo?, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 21 de mayo de 2019

La palabra ahora es Oslo y no Bolton; ir o no ir a Oslo es el novísimo dilema que ya encrespa los ánimos venezolanos.

“La vaina ahora es Oslo, ya no el portaaviones Eisenhower”, escucho decir con amargura y desmayo a un compatriota exiliado, partidario de que sean los gringos quienes saquen nuestras castañas del fuego mientras él mira los acontecimientos en la pantalla de 98 pulgadas de su bar & lounge favorito en Bogotá.

Con ser enemigo de la dictadura de Maduro, en modo alguno indiferente a los sufrimientos que entraña la interminable agonía del “socialismo del siglo XXI”, no puedo sino alegrarme de que, al menos por lo pronto, la guerra –proverbial cuarto jinete del Apocalipsis− no se sume en Venezuela a la bota narcomilitar, al hambre y la muerte.

miércoles, 2 de enero de 2019

Venezuela, 2019: año de perro y colmillo, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 02 de enero de 2019

Para Venezuela el año que termina ha añadido tamaño y peso a los horrores que acompañan su ya irreversible disolución como Estado de derecho y como nación. El infierno se ha entronizado en el país.

Las cifras de criminalidad hablan de una catástrofe humanitaria imposible de imaginar pocos lustros atrás. 20.000 homicidios sin esclarecer – 20.000 asesinatos impunes− , tan solo durante 2018.

Una hiperinflación tan irrestañable y duradera como nunca antes se había registrado en los anales que mundialmente llevan estas cuentas. La desnutrición y la escasez de medicamentos, el colapso del sistema público de salud, la ineptitud, incuria y corrupción de una mafia narcomilitar usurpadora del poder político, dedicada tan solo al saqueo de toda la riqueza nacional, pública y privada, todo ello concurre cada día que pasa en la muerte de miles de venezolanos.

martes, 11 de diciembre de 2018

Chávez, Maduro y la irrelevancia del voto, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 10 de diciembre de 2018

El libro de Fareed Zakaria sobre las democracias no liberales apenas acababa de salir a la luz, en 1997, cuando Hugo Chávez, exmilitar fracasado como golpista, salía de la cárcel. Intentó entonces capitalizar su carisma y su inmensa popularidad propagando el evangelio abstencionista.

Sin embargo, Venezuela, acostumbrada en el curso de 40 años a todas las liturgias, protocolos y fastos de la democracia representativa, pronto hizo sentir a Chávez que predicaba en el desierto. Los venezolanos de entonces valorábamos el voto, nos gustaba votar, gozábamos jacarandosamente del carnaval publicitario que eran nuestras campañas electorales. El astuto futuro demagogo tomó cumplida nota de ello y se hizo candidato presidencial.

Su oferta primordial fue la convocatoria a una Asamblea Constituyente. La viga maestra de su proyecto de Constitución fue la consulta directa: la palabra referéndum saltaba a cada pocos párrafos. Veinte años más tarde, Venezuela es una sangrienta distopía narcomilitarizada, al tiempo que satélite de Cuba.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Maduro y los fundamentalistas del voto, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 04 de diciembre de 2018

Descuella en ese fandango de locos que es la Venezuela de Maduro la figura del fundamentalista del voto.

Integrante de la llamada clase política, o más bien, de su periferia, se le conoce a distancia por el morralito en que lleva citas sueltas de Hannah Arendt, Edmund Burke, Amartya Sen, Nicolás Maquiavelo, Jürgen Habermas y Gianbattista Vico.

El fundamentalista del voto mete la mano cada tanto en su muestrario de lecturas de ciencia política para repartirlas al paso, como si fuesen octavillas, entre aquellos a quienes busca persuadir de que, a pesar de que los esbirros de Maduro puedan secuestrar funcionarios electos y luego de torturarlos, asesinarlos arrojándolos desde un décimo piso, los venezolanos amantes de la libertad no tienen más opción que votar en cuanta elección disponga la dictadura, así esté amañada según sus propios despóticos términos, desde hoy hasta la consumación de los siglos.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Al sur del Orinoco, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 06 de noviembre de 2018

Una columna de la Guardia Nacional Bolivariana (GMB) fue emboscada el fin de semana pasado por el ELN (Ejército de Liberación Nacional) colombiano en un paraje de la Amazonía venezolana, sobre la margen derecha del río Orinoco. Al menos cuatro efectivos de la GNB resultaron muertos y gravemente heridos más de una docena de sus compañeros. Se admite ya en la zona que el ataque ocurrió en retaliación de la captura, por parte de la GNB, de dos miembros del ELN.

Con seguridad, éste no será el último suceso sangriento asociado a la locura minera que se ha enseñoreado en el vasto territorio oficialmente llamado Arco Minero del Orinoco.

Hablamos nada menos que del 12,2% del territorio venezolano, una comarca que ocupa grandes extensiones de tres Estados, linda con Colombia y Brasil, y entraña un potencial minero calculado en unas 7.000 toneladas de oro, diamantes, hierro, bauxita y coltán.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Militares y masacres del oro en Venezuela, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 30 de octubre de 2018
@ibsenmartinez

Según varios observatorios de la actividad militar en el globo, tales como la privada Red de Seguridad y Defensa de América Latina, las fuerzas armadas venezolanas se estiman en unos 365.000 efectivos y más de 1.000 generales en activo.

Con una población calculada en 31 millones de habitantes, la proporción entre generales y ciudadanos venezolanos es de un general por cada 31.000 personas decentes.

En marzo pasado, la organización no gubernamental Transparencia Venezuela, integrante de una respetada red mundial de lucha contra la corrupción, informó que de los 34 ministerios creados por la revolución bolivariana desde 1999, los militares están al frente de 14 de ellos, incluyendo Defensa, Interior, Petróleo y Minería, Agricultura y el notoriamente inepto y corrupto ministerio de Alimentación. Un general detenta la presidencia de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y otros seis las gobernaciones de los Estados más populosos de los 24 en que, políticamente, se divide el país.

viernes, 12 de octubre de 2018

Broderick Crawford, populista, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 11 de octubre de 2018
@ibsenmartinez

Oigo o leo la palabra “populista” y maquinalmente pienso en Broderick Crawford.

Más bien pienso en Willie Stark, el protagonista de Todos los hombres del rey, el filme de Robert Rossen que granjeó a Crawford el Oscar al mejor actor en 1950.

Esto viene pasándome cada vez más a menudo, porque “populismo” y “populista” se nos han tornado en tuitera palabra de todos los días.

Si las leo u oigo, ¡paf!, me aparece Willie Stark pronunciando su memorable discurso de reelección, una desembozada arenga electoral que, en cuanto a vuelo retórico, no vacilo en poner junto a la de Henrique V en el día de San Crispín: Stark es, para mí, el personaje novelesco que mejor engasta en la idea del demagogo que hoy despachamos con esa palabra de múltiples y movedizos significados: populista.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Venezuela en la hora de todos, por @IbsenM ‏



IBSEN MARTÍNEZ 25 de septiembre de 2018

Hace pocas semanas, en una sesión la Asamblea Nacional de Venezuela, corporación que invariablemente debe advertirse que es la legítima, por oposición al cuerpo llamado Constituyente, creado a la medida de Nicolás Maduro mediante un indignante fraude electoral, pintaban al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, como un presuntuoso entrometido al servicio de una facción de la oposición venezolana presuntamente partidaria de una salida violenta a nuestra crisis política e institucional.

Esa opinión no era unánime aunque sí mayoritaria. Uno de sus voceros, Henry Ramos Allup, Secretario General de Acción Democrática, denunció a algunos políticos que se han visto en la imperiosa necesidad de exiliarse, reputándolos de taimados oportunistas que llevan vida muelle en el extranjero, lejos de la ordalía que hoy atraviesan los venezolanos del común.

Los exiliados conspiran a buen seguro —tronó Ramos Allup—, para ser ellos quienes dirijan sectariamente el país tan pronto Maduro se haya ido, si es que alguna vez se marcha.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Intriga, traición, supervivencia, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 05 de septiembre de 2018

Brian McBeth es un economista inglés, doctor en ciencias políticas por la Universidad de Oxford. Interesado en las cosas de nuestra América, hace más de 35 años escribió el que hasta hoy es el más comprehensivo relato de cómo la industria del petróleo irrumpió en la historia de Venezuela.

Publicado por la Cambridge University Press, su imprescindible Juan Vicente Gómez y las compañías petroleras en Venezuela, 1908-1935 no ha sido traducido jamás al español.

Esa desaprensión editorial de parte nuestra es muy explicable a mis ojos venezolanos, pero guardaré mi decepción y amargura ante tanta ingratitud para otra vez. Lo cierto es que deberíamos ser nosotros los primeros interesados en difundir y compartir los minuciosos saberes de McBeth sobre cómo, en el curso de las primeras dos décadas del siglo pasado, dejamos de ser una palúdica Costaguana, arrasada por guerras fratricidas y plagas de langosta, para convertirnos, ya a fines de los años 40, en el manirroto segundo exportador de petróleo del mundo.

jueves, 23 de agosto de 2018

Chávez, Maduro y la tercera vía, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 22 de agosto de 2018

Los venezolanos de mi generación aún recuerdan el tiempo remoto en que Hugo Chávez hacía su primera campaña electoral con un libro de Anthony Giddens bajo el brazo.

En esto que cuento soy literal: Chávez se presentaba al plató del programa televisado de entrevistas mañaneras vestido de riguroso traje y corbata y con un ejemplar de Más allá de la izquierda y la derecha, o de La tercera vía, bajo el brazo. Esta expresión —"tercera vía "— llegó a ser su favorita durante un buen trecho de su travesía en el desierto, antes de acceder al poder.

En materia económica, el Chávez candidato se pintaba a sí mismo como una especie de socialdemócrata ecléctico, dicharachero y nativista, solo un poquitín interventor en cuestiones petroleras. Un militar exgolpista y filantrópico, un televangelista del culto bolivariano que fingía haber leído al sociólogo por entonces favorito de la progresía europea. Tony Blair era el kennediano arquetipo de fin de siglo y Chávez no se recataba de ponerlo de ejemplo. Hablo, por supuesto, de antes de la foto que Blair se hizo con George W. Bush y José María Aznar en las Azores.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Giordani o el “chavismo crítico”, por @ibsenmartinez




IBSEN MARTÍNEZ 31 de julio de 2018

La hiperinflación venezolana debió alcanzar la cota de 1.000.000% para que un grupo de exministros del Gabinete del extinto Hugo Chávez, algunos de ellos todavía actualmente en funciones de Gobierno, elevasen su voz de indignada protesta. Alguno de ellos ha exigido, con toda la vehemencia que Twitter permite, nada menos que la renuncia de Nicolás Maduro y la inmediata formación de un nuevo Gobierno —chavista, desde luego— que honre lo que los adeptos llaman “el legado de Chávez”.

El más caracterizado de estos exministros es Jorge Giordani, quien durante años fue capataz del Gabinete económico de Chávez y directivo del Banco Central de Venezuela. Pese a la catástrofe humana que el socialismo del siglo XXI ha supuesto para Venezuela, el profesor Giordani aún se ufana de haber sido el cerebro del calamitoso control cambiario impuesto por Chávez en 2003.

Desde que fue arrojado, sin ceremonias, del tren ministerial de Maduro, tan pronto como este se afianzó en la presidencia, en 2014, el exministro suele mostrarse escandalizado y no se recata de hacerse cruces ante el milmillonario saqueo de los fondos públicos de la república que solo ha sido posible gracias, entre otras provisiones, al socarrón control de divisas concebido e instrumentado por el propio Giordani hace más de tres lustros.