Por Alvaro Peralta Sáinz
El chef más famoso de
Venezuela, conocido en Latinoamérica por sus programas en el canal El Gourmet,
vive hoy en Santiago. Ya ambientado en la ciudad, cuenta de su exitoso pasado
en su país y cómo la crisis de allá lo trajo hasta acá, como a miles de sus
compatriotas que conforman la inmigración que crece más veloz en Chile.
“Venezuela en estos momentos es invivible”, dice.
Es una típica mañana soleada
post lluvias y estamos en los jardines de la sede de Inacap de Apoquindo, desde
donde se puede ver la cordillera nevada. Hace frío, pero aún así Sumito Estévez
(52) disfruta el momento. “Para ustedes es lo más normal del mundo ver la
cordillera nevada, para mí no”, asegura. Y agrega otra observación tras sus
primeros meses en Santiago: “El paso de las estaciones, el cambio de colores en
la vegetación, es algo que nunca en mi vida había visto y que aquí es
maravilloso”.
Estévez actualmente vive en el
Barrio Italia junto a su mujer y se mueve por la ciudad en metro y bicicleta.
Antes, en Venezuela, tuvo una larga carrera como cocinero que partió apenas
terminó la carrera de Licenciatura en Física -igual que su padre, el físico y
académico Raúl Estévez- y que lo llevó a pasar por restaurantes de primer nivel
en la Caracas de esos años, como Seasons, Deuxieme Etage y Vinoteca Delfino.
Más tarde vendrían proyectos personales como Sumito Restaurante y La Cuadra
Gastronomía; además de asesorías a restaurantes en Estados Unidos y la isla de
Granada. En esa época, lo que Sumito y los cocineros de elite venezolanos
hacían era alta cocina francesa, italiana o -más tarde- de influencia asiática;
en una Venezuela que no tenía problemas de recursos para importar chefs,
implementos y productos del extranjero. Sin embargo, tras su exitosa incursión
en televisión, Estévez comenzó a mirar más hacia la despensa y tradiciones de
su país: junto a otros cocineros de su generación se les consideró los padres
de la Nueva Cocina Venezolana, centrada en lo propio y poniendo en valor
preparaciones tan populares como las tradicionales arepas o hallacas. Por esos
días, Sumito viajaba de Venezuela a diversos puntos del planeta grabando
programas para el canal El Gourmet y dictando charlas. Una vida que le requería
tener hasta mánager. Tan distinto a sus días ahora en Santiago.
-¿Es cierto que venías sólo
por unos meses y terminaste instalado en Santiago de manera definitiva?
-Sí. Tengo un hijo que vive en
Buenos Aires y mi hermana vive en Chile hace muchos años, por eso siempre he
venido en invierno para juntarnos todos en Santiago. Y en junio del año pasado
lo hice. En esa ocasión, Tomás Olivera me puso en contacto con Inacap para
hacer unas charlas en Santiago y regiones. Y en todo esto conocí a Mariela Frindt,
directora del Centro de Innovación Gastronómica. Le conté que estaba un poco
aburrido de la situación que se estaba viviendo en Venezuela y que tenía ganas
de salir por unos meses para despejarme un rato. Entonces ella me invitó a
venirme para participar de un proyecto de investigación en Inacap.

















