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domingo, 26 de marzo de 2017

100 años del nacimiento de Romero, por @rafluciani



RAFAEL LUCIANI 25 de marzo de 2017
@rafluciani

Mons. Romero tomó posesión del Arzobispado de San Salvador el 22 de febrero de 1977 hasta que fue asesinado el 24 de marzo de 1980 durante la celebración de la eucaristía en la capilla del «Hospitalito» de La Divina Providencia en San Salvador. Durante esos tres años su honradez humana se vio sumida en un proceso de conversión al entrar en contacto con la realidad que vivían los más pobres. Esta experiencia lo llevó a asumir la promoción de la justicia y la construcción de la paz. Y lo hizo en medio de condiciones violentas, provocadas por el totalitarismo reinante en lo político-militar.

Para conocer su proceso de conversión como creyente no existe otro mejor camino que el de leer sus homilías semanales, que compartía cada domingo por la mañana en la Catedral. Eran legendarias y se podían escuchar por radio. Generalmente, tenían una primera parte donde explicaba los textos de las Escrituras, siempre con un espíritu catequético conectado con la realidad que se vivía en El Salvador, y con el fin de fortalecer la esperanza en medio de tanta violencia. En una segunda parte, ofrecían el discernimiento de la Palabra de Dios y cómo la aplicaba a las circunstancias concretas del país. Repasaba los eventos más importantes de la semana y emitía un juicio profético sobre ellos, denunciando a los victimarios y urgiéndolos a cambiar, o también acompañando a las víctimas y fortaleciéndolas con su mensaje.

Al leer los textos completos de las homilías de Romero podemos descubrir al creyente que parte de los evangelios y desde ahí hace un análisis de su realidad, preguntándose qué haría Jesús, cómo reaccionaría ante los problemas que vivimos y cómo podemos ser fieles a su seguimiento hoy. Es un método que lo aleja de los intentos por ideologizar la fe y lo muestra como un hombre sencillo que tomó en serio el seguimiento de Jesús.

Fiel al magisterio universal, Romero entendió que la salvación pasaba por el reconocimiento de la dignidad humana, el desarrollo socioeconómico de cada sujeto y el respeto por la libertad. Así lo había proclamado el Concilio Vaticano II (1962-1965) en la Constitución Gaudium et Spes 1: «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo». Romero hizo suya esta opción pastoral, expresada por vez primera en el magisterio latinoamericano como una opción teológica cuando los obispos reunidos en Medellín (1968) apostaron por la «opción de Dios por los pobres», ratificada luego en la reunión de Puebla (n.733; 1134;1153) como «opción seguida por Jesús» (n.1141-1142).

A partir de Romero se recupera un sentido fundamental del martirio cristiano. Ya no sólo podrá ser visto como consecuencia del odium fidei, sino también del odium caritatis, el que vivió Jesús cuando los poderes políticos y religiosos de la época decidieron matarlo para que su mensaje de bienaventuranza y amor no fuese escuchado. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 24 de marzo, aniversario de su martirio, como el «día internacional por el derecho a la verdad, en relación con violaciones graves de los Derechos Humanos y la Dignidad de las víctimas».

En esta cuaresma, el mensaje evangélico y la honradez humana de Monseñor Romero clama a nuestros líderes políticos, para que vuelvan sus rostros a las víctimas de la violencia y el hambre, y reconstruyan la fraternidad perdida en Venezuela.

Rafael Luciani
Doctor en Teología
rlteologiahoy@gmail.com
@rafluciani

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