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jueves, 23 de marzo de 2017

La ironía de ser fascista y no reconocerlo por @froilanbarrios


Por Froilán Barrios


En nuestro caso cualquier coincidencia con el corte de medidas de los gobiernos de la quinta república y su parentela con la galería de experiencias fascistas que asolaron a Europa durante el siglo XX, no es pura casualidad. Así como el Quijote sentenciara su vida al definir el final dramático de su existencia: “Me tocó morir cuerdo y vivir loco”, de esta forma al socialismo del siglo XXI lo sancionará la historia, por el tanto hablar de fascismo y dictaduras para que apareciera en su epílogo el feo rostro de Dorian Grey en su mágico retrato.

A estos remedos de comandantes supremos de la revolución les sucedió como Oliveira Salazar, el dictador que condujo a Portugal de 1932 a 1968, y que terminara siendo fascista por el peso del contexto, cuando el fascismo se convirtió en Europa en un artículo de exportación, copiando a las camisas negras de Mussolini, las falanges españolas, las camisas pardas de las SS hitlerianas y, en referencia a Portugal, los camisas azules, milicias creadas en los dos primeros en nombre del nacionalsocialismo.

Para calificar el derrotero de las gestiones gubernamentales del siglo XXI, vayamos a la fuente. El fascismo nació en Italia (1919) ante la necesidad de un Estado fuerte allá, por haber llegado tarde a la conformación de los Estados nacionales europeos en el siglo XIX. ¿Qué lo caracterizó? Supresión de la libertad de prensa; prohibición de los grupos de oposición, cuyos dirigentes fueron llevados al exilio, asesinados; liquidación progresiva del sindicalismo libre sustituido por el sindicalismo corporativo fascista; creación de un tribunal en defensa del Estado, y conformación del Ministerio de las Corporaciones; promoción de represivas milicias populares, y la promoción de una economía de guerra para justificar el gasto militar. En Alemania, además del Estado policial mussoliniano, determinó la liquidación de su izquierda con la noche de los cuchillos largos.

Ahora bien, esta no ha sido la única fuente de inspiración de quienes gobiernan esta maltrecha república, su condimento teórico es otro fascismo, el soviético, que compitiera con los originales en la materia humana de millones de muertes y desaparecidos, y en desgraciar la vida por décadas a numerosas generaciones en nombre del socialismo real, específicamente en la situación que nos concierne a América Latina.


Este amargo ciclo de la historia humana estuvo signado por el saqueo de la riqueza nacional, ejecutado por mandatarios y su entorno familiar y partidario, que, sufriendo la extrema pobreza en su infancia y juventud en sus pueblos de origen, siendo solo descalzos y descamisados, se embriagaron de poder y de resentimiento al manejar, gracias al azar político, a su antojo a naciones enteras y dilapidar a placer el trabajo y la empresa de millones de seres humanos.

¿En cuánto se parece lo expuesto a la tragedia que sufrimos hoy los venezolanos? En demasiadas coincidencias, aun cuando no sea análoga. Pues basta solo con reconocer las decenas de periódicos, emisoras de radio y televisión que han limitado su existencia o cerrado sus puertas por la persecución gubernamental; la prisión de más un centenar de dirigentes políticos; la guillotina de los partidos mediante el CNE, incluidos los del Polo Patriótico; el exilio de millones de venezolanos; la fragmentación sindical como política de Estado, reafirmada con la central sindical bolivariana y el anuncio de que la clase obrera debe tener un Estado Mayor, ganar la guerra económica y organizar el Congreso de la Patria, para culminar con la implantación de la Misión Justicia Socialista; los dakazos y recientes asaltos a las panaderías, y la invalidación de la Asamblea Nacional electa en 2015. Señales claras de cómo se ha fraguado desde 2007, aun cuando fuera derrotado el 2-D de ese año, a fuego lento, el neocorporativo Estado Comunal, todavía inacabado, pero proyectado en el Plan de la Patria para 2019.

22-03-17




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