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domingo, 9 de julio de 2017

El camarada Soto por @garciasim


Por Simón García


Leo el bello tributo de Eloy Torres (h) a Víctor Hugo de Paola y siento que no puedo callar por más significativo que sea el silencio. Teníamos tiempo en el que transcurrían años, para apenas cruzarnos un amistoso saludo. Pero este, el de su muerte, como dice Donald Hall en su poema Últimos días es la ocasión para constatar que “uno por uno llegaron, viejos y queridos amigos/ a decir adiós”.

Nuestra primera militancia juntos ocurrió en 1968, en el Comité Regional del PCV del DF, dirigido por Antonio García Ponce. Víctor Hugo venía de años en la Juventud Comunista cuando la militancia, como ahora vuelve a serlo, era un riesgo debido a los errores asociados a realizar una insurrección armada cuando no era pertinente. Secretario General de una parroquia, formaba parte del movimiento de renovación que concluiría con el portazo al comunismo y la aparición del MAS bajo la inspiración de Teodoro, Pompeyo Márquez, Freddy Muñoz y Germán Lairet. Se le conocía como Soto.

Fue, en la acepción noble del concepto, un hombre de partido. Una forma desusada de colocar toda la vida personal en un proyecto ideal de sociedad. Un compromiso tan absoluto que podía acarrear dejar de ser humano y quedar atrapado en una cárcel ideológica. Víctor Hugo estuvo entre quienes se juntaron para romper ese cerco y renacer.


Es muy posible que en los nuevos horizontes todavía cargara consigo el muchacho que correteaba por la Loma de Bonilla, una aldea trujillana cercana al pueblo de Carache. En sus modos persistía una andinidad oculta y unos comportamientos que recordaban al campo que se coló en el éxodo hacia Caracas. Quiero decir que en su personalidad recia convivía un caballero, una persona que tendía a desplazar sus pasiones con una actitud de comprensión, un luchador que batallaba duro en el territorio de sus principios y que, entonces, podía lucir áspero en sus intransigencias. Fue un halcón que sabía volar sobre sus adversarios. Un confrontador, siempre con el intelecto abierto.
Víctor Hugo fue un político de formación, acción y reflexión. Un lector furibundo de biografías, novelas y poesías. Amante del cine. A veces se atrevía a disimular que sabía bailar, otras tarareaba canciones, le gustaba reír. Pero no aprendió a silbar.

Parlamentario, al final escritor, articulista de TalCual. Creador de la Fundación Espacio Abierto. Puede decirse que fue mentor de muchos activistas en el MAS. Sin duda, un protagonista.

Los que lo despedimos lo recordamos con alegría, despertamos anécdotas y nos vamos disolviendo en una gran nostalgia, una secta de sobrevivientes unidos por el recuerdo de gente que fue excepcional, como Víctor Hugo D´Paola. Adios, amigo.

07-07-17