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lunes, 10 de julio de 2017

“No habrá vencedores” por @armandojanssens


Por Armando Janssens


Así terminó una intensa conversación en un pequeño grupo de amigos, analizando la situación actual del momento nacional. Nos agotamos en todas las grandes variedades de situaciones sociales, políticas y económicas llegando a un silencio momentáneo en el que el coordinador concluyó con un suspiro: “No habrá vencedores”. Nos vimos mutuamente la cara y confirmamos  con la cabeza.

Me  cayó como un balde de agua fría porque puso en evidencia un temor que ya desde hace tiempo me rondaba la cabeza. En mi larga cercanía con la gente y sus comunidades había paulatinamente observado el agotamiento no solo corporal sino espiritual de muchos, hasta de sus líderes. Constatar la gravedad de la situación que nos rodea y que afecta a todos y a todas sin excepción, desde la persona más humilde hasta los responsables y líderes nacionales. Observar la paulatina destrucción de las instituciones y organismos públicos, ver la pobreza y el hambre ganando terreno sin claras soluciones, constatar la muerte de tantos inocentes por falta de atención y de medicinas, ver que matar es primero y averiguar después y que el orden público se convierte en desorden permanente eso nos afecta en lo íntimo de cada uno y de la comunidad en general. Cada cola larga que se debe hacer para conseguir algo de pan o de la comida necesaria, cada búsqueda frenética del medicamento del que depende la vida de alguien cercano, cada muerte de la OLP con o sin razón supuesta en tantos barrios que nos rodean, y muchas cosas más nos agotan físicamente y nos llevan al borde del aguante.

Pero al mismo tiempo estar rodeado de mentiras evidentes, engaños conscientes, acusaciones falsas, argumentos totalmente prejuiciados, presiones indebidas, me obligan a asumir posiciones en contra de mí mismo, me obligan a odiar a personas y grupos a quienes más bien quisiera amar solidariamente.

Observo que las más altas autoridades promueven un juego mortal con cambio de sentido de palabras, únicamente para enredar nuestros sentimientos. Hablan de paz con mayúscula, pero promueven la guerra y la violencia. Hablan de equilibrio, pero un día después dan un golpe al presidente de la Asamblea Nacional y ascienden al militar a un alto rango de poder; invitan al diálogo con las palabras supuestamente sinceras y luego insultan o dejan insultar por sus tenientes a los que no están alineados con él.
Todavía no sé cómo va a terminar la posición valiente de la fiscal general, pero casi no puedo creer que la vayan a respetar y dejar en su responsabilidad institucional. Y cómo logran una gimnasia jurídica para defender lo indefendible: todo es justificable, todo es explicable.


Eso nos afecta en nuestra honestidad y en la honradez que la gente de valor busca en medio de eso que felizmente sigue existiendo. Hasta nace el agotamiento espiritual que se observa en amplios campos. “Si ellos hacen trampas por todos lados, ¿por qué nosotros no?”. Como un veneno imperceptible entra al corazón de los que no han construido su casa sobre rocas firmes. Si no nos cuidamos comenzaremos a hacer asuntos del mismo tenor: adecuar argumentos a favor de grupos y sus intereses; inventar hechos para impactar negativamente y ganar simpatías; insultar con las palabras más soeces al igual que ellos lo hacen. Si caemos definitivamente en eso, estamos renunciando a nuestros valores. Felizmente, hay muchas excepciones. Eso nos da esperanza.

09-07-17