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lunes, 3 de julio de 2017

Seamos el iceberg por @ClaudioNazoa


Por Claudio Nazoa


Una amiga chavista me increpó:

—Claudio, ¿por qué no te metiste con Rómulo Betancourt?

—Mira –le expliqué con paciencia–, lo que pasa es que cuando Rómulo yo era un carajito que todavía no había dejado sus muñecas (ojo, era titiritero).

Como todo niño feliz yo vivía con mi padre. A él, al igual que a otros humoristas, le encantaba hablar mal del gobierno de Rómulo Betancourt, a quien tenían de sopita haciéndole humoradas. Mi vida de comediante ha dependido y depende del comportamiento humorístico de los mandatarios de nuestro país.

El trabajo de los humoristas es jorobar a cualquier gobierno. En el año 1956, durante la dictadura de Pérez Jiménez, mi padre, el poeta y escritor Aquiles Nazoa, fue sacado esposado del país como un vulgar delincuente. Y todo porque tuvo la valentía de pensar como hombre libre bajo el régimen intolerante de una tiranía. Seis meses después nos reunimos con él en la ciudad de La Paz, Bolivia. Tres años duró el exilio, pero tuvimos la bendición de contar con un ángel boliviano llamado Pepe Ballón, quien nos dio cobijo en su hogar y nos trató como parte de su familia.

Cuando Pérez Jiménez fue derrocado y se inició la democracia con Betancourt, mi casa se convirtió en una cueva de talentosos y subversivos artistas como Jacobo Borges, Kotepa Delgado, mi tío Aníbal Nazoa, Régulo Pérez, Alirio Palacios, Luis Luksic, Abilio Padrón y Pedro León Zapata, entre otros. Mi hogar era un comando de genios que vivían inventando vainas para fregar al gobierno. Esto se le hizo insoportable a Rómulo, quien ordenó, muchas veces, allanar nuestra casa durante aquellos años de intolerancia política.


Pasó el vendaval y poco a poco la democracia se fue enriqueciendo con el pensamiento plural de comunistas, adecos y copeyanos. Los venezolanos nos dimos cuenta de que era posible la convivencia pacífica y democrática hasta de los más acérrimos adversarios.

Esto se coronó con la pacificación lograda por Rafael Caldera, quien consiguió que los guerrilleros que lo combatían se integraran en paz a la vida democrática.

Venezuela atraviesa hoy por un macabro limbo. Sus habitantes luchamos por sobrevivir a un dinosaurio comunista que es repudiado por más de 85% de la población.

Estos fascistasocialistascomunistashitlerianos destructores capitanean el Titanic, aun a sabiendas de que se estrellarán fatalmente contra un iceberg llamado: pueblo de Venezuela.

En este tormentoso mar en el que naufraga el dinosaurio, sé tú parte del iceberg.

03-07-17