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martes, 26 de enero de 2021

El asunto venezolano, por @cgomezavila


Carolina Gómez-Ávila 25 de enero de 2021

@cgomezavila

El asunto venezolano comienza por preguntar directamente si usted cree que el país vive en una democracia plena. Cuídese de no preguntar si es una dictadura porque hay mucho conocedor de categorías que está dispuesto a hacerle analizar, una por una, una nutrida lista de posibilidades y su evolución en los últimos 200 años, a la luz de una decena de autores y medio millar de artículos arbitrados, para que usted se pierda en los pecíolos de un par de gramíneas y jamás logre ver el bosque.

Es verdad que el estudio pormenorizado de las categorías, de ser acertado, contribuiría a trazar estrategias de confrontación. Pero también es verdad que la historia no se repite tanto como para asignar categorías ya existentes a una realidad que ya, más que compleja, es única.


Las novedades seculares sobre el alcance y ritmo de la manipulación de la información y la permeabilidad de las élites científicas y sociales, que encontraron su punto de fusión con los criminales, no nos permiten aislar fenómenos como se hacía hasta hace cosa de 40 años.

Por otra parte, los mensajes para el pueblo deben ser, en términos cartesianos, claros y distintos. De otra manera el pueblo no verá cómo convertirse en acción. Esto lo saben esos que se solazan haciéndole ver las nervaduras del envés de los vástagos nacidos al pie de los árboles que limitan con el bosque.

La verdad es que me basta saber que no vivo en una democracia plena para reclamarla. Y tengo claro que no hay retorno a una democracia plena sin elecciones que (por favor, corra la voz) se definen internacionalmente como «libres y justas». Con esas dos palabras —¡no necesita una más!— usted engloba cerca de tres docenas de condiciones muy exigentes que en nuestro país no se cumplen desde hace mucho.

Como a la fecha nos deben las presidenciales de 2018 y las parlamentarias de 2020, reclamo elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas. Pero recordemos que están en el calendario de este año las regionales y las municipales. Es decir que pronto, tal vez ya, podremos hacer lo que hizo el 21 de enero pasado el Parlamento Europeo, reclamar elecciones generales libres y justas; esto es, presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales.

No se mortifique con el cómo, que usted y yo somos pueblo, no estrategas políticos. Solo digámosles, una y otra vez a nuestros líderes políticos, que no aceptamos que trabajen para otra cosa que no sea para lograrlas.

Pero, sobre todo, digámosle a la comunidad internacional que no tenemos un árbitro confiable que pueda gestionarlas para nosotros, por lo que quizás usted vea de buen grado, como yo, que sea la propia comunidad internacional nuestro árbitro y que las gestione íntegramente.

Así tendríamos la certeza de que nuestros votos sacarían del poder a la dictadura de una manera constitucional, pacífica, democrática y no injerencista. A menos que, llegado el momento, los inmaduros que se creen líderes porque hemos tenido que apoyarlos coyunturalmente en esta o aquella ocasión, se lancen, cada uno por su cuenta, logrando que la clientela de la dictadura sea suficiente para que se imponga otra vez.

Como ven, no me engaño. ¡Pero al menos tengamos esa opción! Porque la otra es seguir en esa categoría en la que nos morimos de mengua y no tenemos libertades ni futuro; categoría cuyo nombre solo entiende un puñado de iniciados… a quienes ofendemos en lo más profundo de su biblioteca si la llamamos dictadura.

Carolina Gómez-Ávila

@cgomezavila 

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