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lunes, 25 de marzo de 2019

Corrupción espiritual, por @cgomezavila




Carolina Gómez-Ávila 24 de marzo de 2019

Tiempos de censura siempre son tiempos de desinformación. También son tiempos de resistencia, una virtud que -como todas- se cultiva en el espíritu. De hecho, hay que tener mucha resistencia espiritual para no tomar ventaja cuando se tienen motivos, medios y oportunidad. Sólo en esas circunstancias sabemos qué tan incorruptibles somos.

Además, es variable la frecuencia con la cual la vida nos pone en posición de demostrarlo, el alcance de nuestras acciones y la facilidad que otros tengan para probar que procedimos mal, si fuera el caso. Y en todo esto también puede haber corrupción espiritual.

Pero en ningún caso es un hecho punible, eso está claro excepto para un “jurista del horror” que seguramente sería capaz, también, de condenar a penas inexistentes en el ordenamiento legal vigente

Claro que es escandaloso y merece la reprobación de todos que, quienes tienen el deber de administrar justicia, cometan el exabrupto de considerar delito algo que no esté claramente especificado en las leyes o que se atrevan a decidir que es un hecho punible el que no es material y, por lo tanto, imposible de probar. Igual de disparatado como penalizar el pensamiento.

Pero también es motivo de escándalo y de igual reprobación, aprovechar la confusión producida por la opacidad informativa y, teniendo a la vista la ganancia de la notoriedad ofrecida por una interpretación sesgada, se permita que la opinión pública caiga en el error de creer que sucedió algo que no sucedió.

No es lo mismo “corrupción propia” que “corrupción espiritual”. Si bien fallar lo primero puede ser injusto, al menos está contemplado en las leyes. Lo segundo es un disparate. ¿Es igual permitir que la opinión pública crea que sus jueces son injustos que incitarlos a considerar que están dementes?

Si un fallo injusto mueve a indignación, ¿a qué moverá el que es producto de un dislate? Todos los actos tienen consecuencias y en este momento histórico, esas consecuencias se amplifican. Es verdad que la injusticia no está muy cerca de la cordura; pero no honrar la verdad, también es corrupción espiritual.

Carolina Gómez-Ávila

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