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jueves, 5 de enero de 2017

2017:¿En qué punto de la cuesta estamos?, por @MiguelBM29


MIGUEL BAHACHILLE 04 de enero de 2017

Nada más frustrante para una sociedad que sus esperanzas pernocten en baja y la pasividad agrupada se posesione de ella por largos periodos. Ese estatus es el más anhelado por los regímenes autoritarios. El esquema dormitivo, como el impuesto en Cuba por los Castro a partir de 1958, intenta ser copiado en Venezuela echando mano a un artificio patrañero disfrazado de revolución. El régimen persiste con su plan de secuestrar la voluntad pública mientras la miseria se acrecienta ante los ojos de todos.

Sin embargo, no obstante su condición menguada por la pobreza, el venezolano se resiste a ser arriado por ideologías limitadas porque aprendió a coexistir en Democracias que no mutilen su derecho a ejercer el libre pensamiento. Más de medio siglo conviviendo con diferentes imágenes del contexto político, social, económico y personal del país, imposibilitan reducirlo al silencio y postración por un capricho autocrático. El aserto de la traza autoritaria y destructiva del actual régimen que niega el progreso y se esmera por ampliar el desgano colectivo, ya fracasó. 

Ciertamente el vecino está, por ahora, más pendiente de medir rigurosamente su tiempo para “rendirlo en las colas” que confrontar la actual administración que “distraída” en su corrupción hace caso omiso de las penurias sociales más vergonzosas como carestía e inseguridad. No pueden seguirse obviando los conflictos “del otro”  mientras el ocio oficial se hace endémico. El hambre no puede ser sempiterna y tampoco resiste prorrogas.

“La revolución” (siempre entre comillas) vociferó en sus inicios tener suficiente solidez para garantizar la estabilidad de la nación; sin embargo ningún “patriota” se interesó por darle algo de rigor moral para sancionar las imposturas visiblemente reveladas. La neutralidad de la Presidencia de la República, de los medios, del sistema educativo y judicial exaltado por Chávez al punto de inefabilidad, se develan como lo que siempre fueron: una farsa. Los denuedos de participación ocurren de manera hipócrita. Sólo se regocijan los ligados al poder. La masa está más pendiente de zanjar sus carencias que oír los cuentos de la revolución”.

La persistente repulsa oficial a medirse en elecciones libres acordes con lo establecido en la Constitución marcan un designio de convertir el acto del voto en mito para mutilar la opción de elegir libre y democráticamente sus autoridades entre la diversidad política. La elección y la diversidad, aunque con significaciones distintas, son inseparables en la realidad. La verdadera elección es imposible si no hay diversidad. ¿Existe en Cuba diversidad y votación voluntaria?

Valiéndonos de un símil; pareciera que régimen ha lanzado al país desde el ápice de una colina de gran pendiente para que “se resuelva como pueda”. Los que asumirán el poder en el futuro tendrán la dura tarea de estipular en qué parte del recorrido está la sociedad venezolana; más cerca de la cima o del suelo. Quedará por definir los procesos de depuración necesarios para acabar con las “fracciones escabrosas” instituidas a capricho y precisar cuáles son los elementos redimibles de la ficción socialista que acorraló al venezolano a su peor estatus social en más de un siglo. 

En sus inicios el régimen logró implantar un acomodo compartido entre la dirigencia frívola y ávida, muy nociva, y un pueblo impasible y anuente que “cayó en la trampa”. Chávez es secuela de un proceso electoral ahora mancillado por sucesores que desechan el sufragio. El designio egoísta se ha superpuesto a las penurias del pueblo sin importar el daño causado por codicias políticas y fiduciarias.

El voluntarismo enredador protegido por factores de corrupción prevalece entre los “revolucionarios” que aún se resisten como marca indeleble mientras el país sigue en caída libre hacia la destrucción. La corrección no puede provenir sólo de la oposición democrática sino de la participación agrupada del pueblo. ¡Manos a la obra!