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lunes, 9 de enero de 2017

No es así… por @armandojanssens


Por Armando Janssens


No es así que vivimos en una decadencia que destruye gente, comunidades, hasta valores. A pesar de que sí es cierto que este es el percibir de mucha gente y de los medios en especial, esta impresión está demasiado generalizada y tapa los puntos positivos presentes. Cada crisis social, como hoy en día vivimos, trae como consecuencia una mayor percepción de lo negativo de la conducta humana. Pero deja de lado la resiliencia de miles de personas y especialmente de familias que luchan para su dignidad y supervivencia de cada día. Es con ellos que debemos preparar el futuro.

No es así que hay muchos ladrones entre nosotros y que los barrios son nidos de malhechores, como se puede falsamente concluir de tantos hechos de violencia que conocemos, compartimos y sufrimos. Felizmente, la gran mayoría de nuestra gente es sana y tienen las fallas de conducta que nos son comunes a todos los sectores sociales. La presencia de malhechores es felizmente una limitada minoría con un impacto demasiado valorizado. Su mayor presencia y violencia está en el comercio de la droga, alrededor de lo cual se construyen “los pranes” con todo su control, además de redes, colectivos y familias-malandro.

No es así que la gente se ha puesto floja, solamente dependiente de las dádivas y de becas humillantes y de las bolsas de comida que se reparten con poca o mucha eficiencia por medio de los Clap. La dedicación a preservar el acceso a la comida y la salud sobrepasan ampliamente lo normal esperado en una búsqueda frenética de horas y combinaciones sin fin, para combinarlo con los quehaceres del trabajo y estudio. Y felizmente las grandes mayorías lo logran sin que pueda entender cómo se combinan para llegar a eso.


No es así que las familias “amplias” como son la mayoría en nuestros sectores populares están desintegrados y pierden su referencia de convivencia y unión tan importante entre nosotros. En muchos casos es lo contrario y nacen actitudes más vigilantes con los menores de edad y observancia con los adolescentes para saber por dónde andan, con quién se reúnen y cómo ocupan el tiempo. Siempre me impresiona el amor y responsabilidad expresada a los recién nacidos, tanto por las madres que bendecimos los domingos en la capilla, como por los padres que andan con su cosecha en los brazos, expresando cariño y orgullo.

No es así que nuestra sociedad se ha entregado a lamentaciones, fracasos, desánimos y mal decires o quehaceres y se esconden y se desactivan en un letargo irresponsable. Las actividades que las comunidades inventan y estimulan para juntos crear un ambiente de mayor responsabilidad son frecuentes. Varios consejos comunales y grupos diversos mantienen iniciativas para sostener los hilos organizativos y el sentimiento de solidaridad. Junto a las actividades centenares de grupos ocasionales o permanentes son las burbujas autónomas y dan sabor personal y creatividad permanente y mucha esperanza para el futuro.

No es así que nuestra Iglesia solamente atiende lo espiritual e intensifica las oraciones que alivian  los sentimientos de desesperanza y tristeza. Lo hace y la gente lo necesita profusamente. Pero hace mucho más en sus centros escolares y de salud, desde hace mucho tiempo. Y qué decir de las vicarías de hermanas en una veintena de los barrios más pobres de Caracas, que reciben en el programa “Acompañando en la Esperanza” algunos recursos económicos para repartir con su sabiduría y experiencia entre las necesidades más apremiantes. Miles de desayunos, almuerzos y meriendas llegan frecuentemente sin mucho ruido pero con gran delicadeza donde deben llegar. Y nos alegra que algunas parroquias organizan colectas de comida para apoyar a sus hermanos en necesidad.

No es así que la clase media y profesional que en parte está en gran crisis, se despreocupa de su responsabilidad social, especialmente con los sectores populares. Con orgullo observé en los días de Navidad los centenares de fundaciones, grupos, personas e iniciativas de empresas que de manera generosa organizaron y recaudaron recursos para compartirlos con los que también tienen necesidad de celebrar las navidades.

Y así podría seguir enumerando realidades y vivencias que abren sin duda esperanza del futuro,

Por eso: buen año 2017

08-01-17