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viernes, 28 de abril de 2017

¿En cuántos tableros jugamos? Por @garciasim


Por Simón García


Las jornadas de abril quebraron la ruta hacia el totalitarismo. Pulverizaron el “sustento jurídico” para oficializar la dictadura de Maduro y su cúpula. La brutalidad del plan y la negativa a restablecer el Estado de Derecho ha suscitado preocupación y solidaridad en todo el mundo.

En el tablero del golpe de Estado el gobierno debe tumbar el rey. Pero sigue jugando en él: intensifica el Clap con la esperanza de ganar un afecto trasmutado en duro rechazo popular. Incrementa la represión, usando no sólo las policías y la Guardia, sino colectivos ilegalmente armados que están provocando indignación adicional por su participación en los saqueos. Mientras avanza el segundero, el gobierno recita su ansiedad por hacer elecciones. Pero le da pavor avanzar esa pieza y se paraliza con la vana esperanza que el tiempo jugará por él.

El gobierno se hunde en su maraña. Si no convoca elecciones y no satisface las otras demandas de la oposición, el pueblo va a seguir en la protesta. Si las convoca, aún sólo la de gobernadores, inicia un alud electoral que no podrá parar, incluyendo la eventualidad de que la nueva distribución regional de poder conduzca a una anticipación de las presidenciales por decisión de un nuevo bloque de poder el cual cuente con el aval de las partes actualmente en pugna.

La represión está alcanzando un umbral genocida, dada su ilegitimidad y la desproporción de acciones policiales, militares y de colectivos paramilitares contra masivas manifestaciones de civiles desarmados. La protesta se mantendrá mientras no se cambien las políticas que han conducido a la crisis y el gobierno no se someta a los mandatos de la Constitución. Somos el único pueblo del mundo que hoy está en la calle porque quiere resolver una crisis de gobernabilidad, votando.

Un nuevo liderazgo se ha validado en la calle, jugándose el pellejo junto a los ciudadanos. El movimiento que enfrenta a toda la sociedad contra una minoritaria cúpula gubernamental se ha ampliado y hay que aceptar que en su seno haya posiciones diversas.


Pero los desafíos son muchos. Uno es evitar que posiciones extremas, las radicales o las moderadas, conduzcan a abandonar la calle por una negociación sin constante presión popular o un ciego embiste frontal que retorne el apoyo masivo a la confrontación entre dos vanguardias con similares anteojos ideológicos, pero con distinto color del parche. 

Otro enorme reto es encontrar las iniciativas para combinar los actos masivos con centenares de acciones oportunas, eficaces, con objetivos concretos sumadas a eventos medianos o pequeños de ejecución rápida. Otro es la relación con el pueblo llano. Y un cuarto, tener un discurso con propuestas para un país que pueda ser compartido por ciudadanos que hoy se enfrentan inadecuadamente por proyectos políticos rivales.

Hay mucho por hacer. Estamos jugando en varios tableros.

27-04-17





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