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domingo, 9 de julio de 2017

Asalto a la Asamblea, por @OmarBarbozaDip



Omar Barboza Gutiérrez 08 de julio de 2017

El 5 de Julio debe ser el día de la civilidad porque se celebra la fecha en la cual, gracias a la decisión visionaria, patriótica y valiente, de los más destacados líderes civiles de la época, se acordó la independencia de Venezuela concebida como una República de hombres libres. Muchos de los firmantes o promotores del Acta de la Independencia, se pusieron los uniformes de militares siendo civiles sin formación militar para defender la patria, lo cual lograron más por la fuerza de las ideas que impulsaron los triunfos patrióticos, que por las armas mismas. Así, vencieron a un ejército profesional como el español. Un siglo después es que nace la Fuerza Armada Nacional que se dice heredera de los héroes de Carabobo.

El 5 de Julio, luego de un brillante discurso en la Asamblea Nacional de la historiadora Inés Quintero, una horda de colectivos asalariados del gobierno realizó un asalto al lugar donde se reúne la representación legítima del pueblo venezolano, contando con la complicidad de la Guardia Nacional que tiene la misión de resguardar la seguridad del Poder Legislativo, y que es tan efectiva para reprimir y asesinar a quienes piensan distinto a los que están en el gobierno, sin importarles que la libertad de pensamiento fue una de las razones fundamentales del 5 de julio de 1811. La Guardia no actúa porque recibe instrucciones superiores de no actuar, como lo confesó uno de los oficiales asignado a la Asamblea.

Por supuesto, detrás de esas órdenes superiores están los líderes del gobierno nacional, lo cual quedó demostrado cuando el Presidente de la República, el Presidente del TSJ, el Defensor del Pueblo y el Ministro de la Defensa, declararon que condenan esos hechos, que hay que investigarlos y sancionar a los responsables, el cinismo de esas declaraciones se demuestra cuando uno de los líderes de los asaltantes que apodan “Cabeza de mango” asume públicamente la responsabilidad de lo ocurrido, y cuatro horas después de haberlo declarado, seguía dirigiendo a los asaltantes sin que ninguna autoridad lo detuviera o le impidiera su acción criminal.

La realidad es que el madurismo representa al modelo del populismo demagógico y personalista, que ofrece distribuir la riqueza para hacer justicia social, pero lo que hace es destruir la producción y termina distribuyendo pobreza, y cuando el pueblo  deja de apoyarlo porque lo ha traicionado, dice que si no se mantiene con los votos lo hará con las armas porque ellos son revolucionarios. Es la misma historia de la revolución mejicana que duró 10 años y dejó a los campesinos más pobres, y del peronismo que acabó con la economía más próspera de Latinoamérica, o de la revolución cubana que luego de cambiar el imperialismo norteamericano por el soviético, cuando Venezuela no la puede seguir manteniendo, hace esfuerzos por entenderse con los norteamericanos como consecuencia de su estruendoso fracaso.

El conocimiento profundo de Rómulo  Gallegos, expresó en Doña Bárbara la eterna tragedia de la patria venezolana, la lucha entre la civilización y la barbarie. En esta hora oscura de Venezuela los herederos de Doña Bárbara fueron a la Asamblea  Nacional para agredir a quienes luchamos por mantener vivos los sueños de Santos Luzardo en favor del progreso y la libertad.

Hoy es importante ubicarnos en el momento histórico que vivimos. El madurismo está agonizando y amenaza con violencia y terror al pueblo venezolano para que no exprese su decisión de cambio, que no es solo de gobierno, es de cambio de modelo para tratar de ponernos a la altura de los países más desarrollados cultural y tecnológicamente. Es para garantizarle a las nuevas generaciones un país donde puedan hacer realidad sus sueños. Por eso los jóvenes están en las calles, saben que lo que nos estamos jugando es su futuro, y que para asegurarlo es necesario un profundo cambio que entierre para siempre y como un mal recuerdo lo que Maduro representa. En medio de su agonía al gobierno se le ha ocurrido imponer a sangre y fuego una supuesta Constituyente fraudulenta sin consultar al pueblo,  porque no tiene los votos, y pretende mantenerse en el poder en contra de una mayoría que lo rechaza.

Pero tiene dos grandes obstáculos. En primer lugar, a una Asamblea Nacional que no está dispuesta a entregar los derechos del pueblo y los valores democráticos que representa. Y en segundo lugar, a la inmensa mayoría del pueblo venezolano que asumió de manera definitiva la lucha por el cambio como su papel histórico en estos momentos. Desde el 16 de julio con el rechazo a la Constituyente, y todos los días siguientes, estaremos en las calles y en cualquier espacio, para impedir este fraude constitucional y abrir el cauce definitivo al cambio democrático para siempre.

Omar Barboza Gutierrez