Por Claudio Nazoa
Ella
Soy del género masculino
atrapado en un cuerpo de mujer. Mi placer y mi deber es esperar cada mes la
llegada de un desconocido. Sin él, mi vida es inocua y no tiene sentido… cuando
llegue debo aprovecharlo sin importar quién sea.
Mi instinto me indica que hoy
podría ser. Algo ocurre. Siempre sé cuándo debo estar listo. La casa se está
tornando húmeda… Falopio me llama.
Si de mí dependiera no
escaparía ni uno. Se escapan porque aun siendo parte de una máquina perfecta,
algunos mueren pero… ¡Ya está! Ahora todo depende de ella. Ojalá y sepa manejar
la situación.
La casa se vuelve agua… la
llegada es inminente. No importa cuántos son, siempre son muchos pero a veces
ninguno me encuentra.
—¡Epa, epa…! Es a mí a quien
buscan. Vengan… ¡Qué mala suerte! Siempre me enamoro de espermatozoides
despistados. Esto de ser un óvulo solitario no me está gustando… ¡Aquí estoy…!
¿Por qué nunca me ven? ¿Por qué no se esfuerzan un poco más?... Ya casi llegan…
Él
Soy uno entre trescientos
millones. Pronto saldré disparado como un cañonazo junto a otros parecidos pero
diferentes a mí. No sabemos hacia dónde vamos, aunque sabemos que uno
sobrevivirá y creará vida… ¡Ojalá sea yo y no alguno de mis hermanos!
Estoy vivo pero, como ente
solitario, también estoy muerto. Dependo de tantas casualidades que mi destino
es incierto. Si no logro salir no llegaré a ser ni siquiera un pedazo de algo.

















