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sábado, 1 de abril de 2017

Salvados de la carnicería, @mario_villegas



Por Mario Villegas, 31/03/2017
Columna de Puño Y Letra

Razón tenía el gobernador Henri Falcón cuando calificó como una “carnicería de partidos” las sobrevenidas condiciones del proceso de validación impuestas abruptamente por el Consejo Nacional Electoral a las organizaciones políticas.

Un proceso originalmente programado para sesenta días, de la noche a la mañana fue recortado a apenas dos jornadas de siete horas para cada grupo de partidos en un reducido número de puntos y máquinas de validación, cuya cantidad y ubicación física varía según la real gana de la autoridad electoral, cuya obligación de promocionar institucionalmente el proceso y de informar oportunamente a la ciudadanía brilló por su total ausencia.

Por si fuera poco, en el acto mismo de la validación, quien pulsa el botón para seleccionar la opción escogida por el validante de un partido no es el propio ciudadano sino un funcionario del cuerpo electoral, de cuya acción no queda prueba alguna al elector. Del mismo modo, la máquina transmite directamente el resultado al CNE sin que al testigo partidista le quede ninguna constancia del número de validaciones efectuadas ese día a favor de su organización. El reporte es centralizado, de modo que ningún partido tiene la más mínima garantía de que el total nacional que le adjudique el CNE se corresponda con la suma de validaciones efectivamente consignadas en cada uno de los puntos de todo el territorio nacional.

En consecuencia, tampoco le faltaba razón al diputado Simón Calzadilla cuando dijo que se trata de un proceso inauditable.

Además, para cada jornada fueron agrupados varios partidos, lo cual desborda con creces la capacidad real de los puntos y máquinas de validación en el lapso previsto. A ello se suma la entrega tardía e incompleta de las credenciales de los testigos, la mudanza subrepticia de puntos de validación en varias entidades y la celebración de actividades proselitistas progubernamentales en las cercanías de algunos de ellos, entre otras fallas e irregularidades.

Así que ha sido una verdadera hazaña que hasta la fecha, alrededor de 600 mil hombres y mujeres de carne y hueso, de corazón venezolanista y convicciones democráticas, se apersonaran a esos puntos y, en abierto reto al autoritarismo y a la persecución política, hayan podido colocar sus huellas dactilares en apoyo a varias organizaciones partidistas que no se rindieron, que se prepararon, que se pusieron las pilas y terminaron por vencer a la degollina.

Lo único auditable de ese proceso eran precisamente las colas de miles de ciudadanos en paciente espera para validar a los partidos y con ellos el futuro democrático del país.

Los carniceros, sin embargo, lograron parcialmente su objetivo al tasajear a numerosas pequeñas organizaciones, unas que decidieron validar y otras que no, a la espera de tiempos mejores.

Pero a despecho del gobierno, y tal vez también de algunos ultrarradicales de presunta oposición, los partidos Avanzada Progresista, Voluntad Popular, Primero Justicia y Acción Democrática aceptaron el reto liquidacionista del gobierno y del CNE y recibieron el cálido y masivo acompañamiento del pueblo. Un pueblo que se resiste a morir de hambre y de mengua, que añora seguridad social y personal, empleo estable y salarios dignos, educación, salud y justicia social, y que quiere un cambio democrático y en paz.

Es de esperar que ese pueblo, que demostró saber la importancia de los partidos como instrumentos para la acción política y la participación electoral, continúe acompañando a las organizaciones democráticas que están por validar en las próximas jornadas.

Por lo pronto, la exigencia de elecciones de gobernadores y de alcaldes este año debería presidir el orden del día de las fuerzas democráticas. No hay  razón jurídica, económica, ni mucho menos moral, que justifique el inconstitucional retraso del CNE en la convocatoria de las elecciones regionales.

Y a esos efectos, luce necesaria la pronta celebración de elecciones primarias en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática para escoger candidatos victoriosos a las gobernaciones y a las alcaldías.

Si pueblo ha habido para validar a los partidos democráticos, sin duda que pueblo habrá para escoger a sus mejores candidatos y luego investirlos de autoridad al servicio de las comunidades.

Pedro Carreño puede seguir chillando y pataleando, pero partidos democráticos tenemos y, más temprano que tarde, democracia plena tendremos.

@mario_villegas


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