JAVIER CONDE 14 de marzo de 2023
@jconde64
La oposición venezolana se juega a
Rosalinda. El camino es áspero, lleno de zanjas, priva la desconfianza. Los
inmediatismos. Los personalismos. De eso habla el exsecretario ejecutivo de la
MUD: también de logros, coraje e incluso optimismo. “No se trata de unirnos
porque tenemos una candidatura, sino que tenemos una candidatura porque estamos
unidos”. No es un juego de palabras. Puede ser la diferencia entre el éxito y
el fracaso.
Buen conversador, didáctico, con tantas horas de vuelo en las aulas. Frustrado segunda base de los Cardenales de Lara, aunque el nueve -el que marca los goles- de La Salle de Barquisimeto. Abogado y diputado, autor de una treintena de libros, secretario privado del expresidente Luis Herrera Campíns. Expresidente de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, tan caliente como una reunión política; Ramón Guillermo Aveledo -cuyo apellido proviene de un pueblo gallego de igual nombre, que el abuelo de su abuelo se trajo en un tiempo remoto-, fue también el sobrio, y la vez firme, exsecretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).
Ponderación,
cautela, lenguaje justo y pulcro, cuando, en apariencia, el país elegía por las
guarimbas de piedras y palabras. Falló el refrán: lo cortés no quita lo
valiente. Hace 9 años -el tiempo en esta pesadilla se consume sin remedio y sin
recompensa- dio un paso al lado, sin perder de vista el rumbo de la lucha
para recuperar la democracia venezolana.
Ya no es manager, ni coach de primera base, pero toma notas desde las gradas de
cada lance del juego, porque en Aveledo hay algo de periodista e historiador.
“Escribo por necesidad personal”.
“Cuando
entre los actores predomina la desconfianza no puedes generar confianza afuera.
La oposición debe afrontar eso para convertirse en una coalición verdadera”
Ramón
Guillermo Aveledo
-Es impresionante la cantidad de libros
que ha publicado, ¿cómo hace?
-Son
más de treinta, del tema político y del tema jurídico y alguna cosa histórica.
El año pasado publiqué uno llamado La política y los valores que
tenía mucho tiempo pensándolo y pasé dos años escribiéndolo. Es una relectura
de los valores, en este caso los valores de un democratacristiano. Desde que
dejé el Congreso dispongo de más tiempo. Siempre pienso que este es el último,
que solo haré papers e informes, pero ya por ahí viene el
centenario de Luis Herrera y es posible hacer algo sobre sus discursos
parlamentarios, estuvo en el Congreso del 58 al 78.
-¿Los políticos venezolanos han escrito
poco, no es cierto?
-Sí,
aunque eso varía. En el comienzo, escribieron mucho los adecos y la gente de
izquierda antes y después (Pompeyo, Teodoro, Freddy Muñoz, Moleiro), menos los
copeyanos, aunque sí Rafael Caldera, Luis Herrera, una cantidad abismal de
artículos, Rodolfo José Cárdenas. Uslar Pietri, la gente cree que solo es
literato, tiene mucho ensayo político. En AD, no solo sus poetas y escritores
escribieron, Rómulo Betancourt lo
hizo mucho en periodismo y en libros. Lo que no hay en el país son memorias, es
raro, porque es un género muy frecuente en Estados Unidos, Europa, Inglaterra.
En la región está la de Ricardo Lagos y me acaba de llegar la de Andrés
Zaldívar (expresidente de la Democracia Cristiana chilena). El general Páez
escribió una autobiografía, Enrique Tejera unas memorias, Américo Martín las
suyas en varios tomos, interminables, como era él hablando; las memorias de
Burelli Rivas se publicaron después de muerto, seguro dejó esa instrucción. Yo
le pregunté tanto a Caldera como a Luis Herrera, que tomaba muchas notas de las
reuniones de Gabinete, si pensaban escribir sus memorias. Luis Herrera, me miró, dijo ‘¿memorias?’ y
arrugó la cara. Caldera me dijo que serían muy fastidiosas. ‘¿Cómo van a
ser fastidiosas unas memorias suyas, presidente?’, le dije. ‘Porque, respondió,
o uno dice todo lo que sabe y entonces peleas o tienes cuidado y entonces sale
muy fastidiosa’. Betancourt dijo siempre que estaba preparando sus memorias y
no lo hizo. En Venezuela también se escribe menos, porque la gente lee menos. A
algunos de mis libros no les ha ido nada mal, como El Dictador.
-¿No hay memorias porque se dice que somos
un país desmemoriado?
-No sé
si tiene que ver con eso o con el hecho de que como la gente no se retira,
nunca echa su cuento, porque siempre tiene la posibilidad de otra
participación. A mí me llama la atención que de las pocas cosas que se ha
notado en los últimos años, desde el 98 para acá, es ese interés por la
historia. Los libros de Elías Pino Iturrieta, de Inés Quintero o de
Manuel Caballero fueron muy leídos. Hay un sector de la población con afán
de comprender, hay interés en los
jóvenes por indagar en la historia, por preguntar cosas.
“Lo
que yo aspiro ahora es que la unidad actual aprenda de la experiencia
precedente. En el caso de la Mesa de la Unidad, qué se logró y en qué se pudo
haber fallado, para poder corregir”
Ramón
Guillermo Aveledo
-Entremos en la historia que nos ocupa
estos días, ¿es lo mismo una candidatura unitaria que la unidad?
-No,
no es lo mismo. Es necesaria una candidatura unitaria pero no es lo mismo. No
se trata de que nos unamos porque tenemos una candidatura, tenemos una
candidatura porque estamos unidos. Ese es el punto. El mecanismo para la
escogencia de la candidatura que es la Primaria, me parece lo lógico,
considerando el factor de los desacuerdos en torno a eso, porque no
se ve a nadie como recibiendo el apoyo general en los partidos y en la
población, pero también dada la debilidad de la influencia de los partidos. Lo
lógico es el mecanismo de la Primaria. Pero no puede estar sola, debe ir junto
con una negociación acerca de la estrategia, del mensaje, de la política que se
va a proponer al país. La estrategia es clave, y no quiere decir que sea
destapada porque ya bastante ventaja tiene el poder para darle otra, de
contarle todo. Para que la gente
pueda confiar, para que sea creíble tiene que haber un acuerdo en torno a una
propuesta de país. En esa línea, Primero Justicia hizo un congreso
programático; Un Nuevo Tiempo hizo también el suyo; Carlos Prosperi presentó su
programa de gobierno. Me parece muy bien. Sin embargo, una parte muy
importante no es la propuesta de cada uno sino la que juntos van a
proponer, porque se supone que al elegir la candidatura unitaria van a
coincidir todos con una propuesta de programa común. El Pacto de Puntofijo se
arregló con el programa mínimo de gobierno que, independientemente de quién
ganara, Betancourt, Larrazábal o Caldera, esas cosas se iban a hacer
aunque cada uno buscaba el voto por su cuenta. En Chile hubo un programa común,
en Nicaragua con la UNO (Unión Nacional Opositora) hubo candidatura común pero
no muchos acuerdos sobre el programa común y eso se notó enseguida en el
gobierno de la señora Violeta Chamorro y en los posteriores. La candidatura unitaria debe venir
unida de un programa también unitario que es el compromiso que juntos asumen.
-Los discursos de quienes aspiran a la
candidatura parecen ir por otro lado, se habla poco de la unidad, ¿cree que los
partidos la conciben de otra manera?
-Es
posible. Me preocupa el acento en la diferencia. Entiendo que cada quien quiera
arrimar la brasa a su sardina, sobre todo cuando no se ve una candidatura con
una fuerza claramente predominante y entonces se tiene que llamar la atención
sobre su posición. El énfasis en
los contrastes puede ser riesgoso para la unidad porque hace
falta encuentro y coincidencias, y que la gente lo note. Para que
sea creíble la plataforma unitaria, con p y u minúsculas, porque no
me refiero a esa coalición en particular sino a la propuesta,
necesita además del elemento personal, que es muy importante, el elemento de
mensaje común, que la gente los vea en la misma onda. Veo con más frecuencia
cosas como ‘bueno no se puede sacralizar la unidad’, ‘la unidad como un
fin en ese mismo’. Eso ya se dijo antes. Una manera de devaluar la unidad
posible era hablar de una unidad superior, esta no es, esta es inferior, hay
otra superior. Siempre toda política es perfectible, pero lo evidente es que si
se prioriza la competencia por sobre la coincidencia, va a ser difícil la
credibilidad del mensaje común. Para que los números den tienen que ir juntos.
Juntos no quiere decir revueltos, cada quien no debe renunciar a su identidad
pero tiene que haber una partitura aunque cada quien la toque en un
ritmo diferente. Lo esencial es recuperar la credibilidad, digo recuperar y
escojo la palabra con el respeto debido, la credibilidad que tenía la
oposición hace un rato, que no es la que tiene ahora, evidentemente ha habido una
erosión. Así como el Gobierno subestima su desprestigio internacional y cree
que puede parapetear las cosas, creo que la oposición no debe subestimar el
desafecto que existe por frustración, por decepción, y debe plantearse eso como
un reto a asumir.
“El
mérito esencial de la MUD fue la recuperación de la vía electoral como
política, que el cambio fuera pacífico, constitucional, democrático y
electoral”
Ramón
Guillermo Aveledo
-¿Entre esos cuidados que advierte
estaría la posibilidad de que quien se haga con la candidatura imponga las
condiciones?
-Si
eso fuera así sería un camino muy corto al fracaso, porque en la política
no hay contratos de adhesión. Para que alguien pueda imponer sus condiciones
tiene que tener una ventaja muy grande sobre los otros competidores. Y tampoco
es deseable porque si algo
hemos aprendido en estos años como venezolanos es el fracaso de la
imposición unilateral. Lo que nos ha traído aquí, todos los problemas de
empobrecimiento, de deterioro de la vida, no es solo por la superstición
ideológica del grupo en el poder, creo que lo que ha fracasado primero que todo
es la imposición unilateral, yo tengo el poder y tú te la tienes que
calar, esta es ‘una revolución pacífica pero armada’. Ellos (el Gobierno) están
buscando quitarse de encima con pragmatismo la cuestión ideológica pero
sin embargo no renuncian a la imposición unilateral y la gente no les cree
porque la gente tiene desconfianza aquí y afuera. En Venezuela, y repito algo
que ya he dicho, sobran las razones para no votar por los que están, pero hacen
falta motivos para votar por nosotros, por esta alternativa. Por eso lo de
la promesa creíble es tan importante, que la gente sienta otra vez ganas de
mirar para la calle.
-Pero además de lo que ha señalado, hay
otros peligros en torno al proceso de la Primaria de la oposición.
-La
Primaria es un proceso que tiene complejidades. Cuando hablo de peligro me
refiero al peligro político general, no de la Primaria, sino de la alternativa
opositora. Que tenga resuelto el mecanismo de escogencia de la candidatura es
el primer asunto, pero hay que resolver otras cosas. La Primaria no es para escoger un nombre y más nada, es para escoger un
nombre que representa una política compartida. La Primaria va a tener por
supuesto en sí misma un proceso complejo que tiene que resolver: la
organización, de si lo hace o no con el CNE, de cómo se vota, de cómo se
hace para promover el Registro Electoral para que más venezolanos participen
para votar, cómo hacemos que la gente que está regada por el mundo pueda
ejercer su derecho al voto y estar preparados con la mentalidad más abierta. Yo
encuentro que en el poder hay mucho interés para que la gente que está en el
exterior no vote. Y también comprendo que mucha gente que está en el exterior
no quiera votar porque está haciendo su vida. Están tan regados los venezolanos
en todas partes que es necesario que los mecanismos de inscripción y de voto
sean telemáticos.
“No se
le habla al país entero”
–¿La propuesta de la MUD tenía puntos
flacos?
-La
Mesa aprendió de la experiencia de la Coordinadora Democrática y de las
experiencias de afuera. Lo que yo aspiro ahora es que la unidad actual aprenda
de la experiencia precedente. En el caso de la Mesa de la Unidad, qué se logró
y en qué se pudo haber fallado, para poder corregir. El mérito esencial de la
MUD fue la recuperación de la vía electoral como política, que el cambio fuera pacífico,
constitucional, democrático y electoral. Y suponía en aquel momento un
acuerdo que priorizara eso, la gente decía ‘bueno es un acuerdo electoral’
y algunos críticos subestimaban el valor de eso. Es posible que ahora
necesitemos otras cosas pero la verdad es que ahí había un
intento de unidad estratégica,
un intento de unidad programática que suscribieron todos los
precandidatos, que se firmó unos días antes de la Primaria, el 23 de enero de
2012, con la excepción de Diego Arria. Diría que ahora los cambios hay que
hacerlos en los compromisos, que tienen que ser para cumplir, porque es
esencial para la credibilidad hacia afuera, que va a depender siempre de
la credibilidad interna de los actores. Cuando entre los actores predomina la desconfianza no puedes generar confianza afuera. La
oposición debe afrontar eso para convertirse en una coalición verdadera.
Para que se pase de aquella mesa de encuentro, como la llamamos inicialmente
con mucha prudencia, a esta coalición. A mí me parece que las mayores
diferencias están en el ámbito de las personalidades y eso debe ser abordable.
No es sencillo, pero si el objetivo está claro tampoco es imposible como ha
quedado demostrado en el pasado. Se
cree que Caldera, Betancourt y Villlaba eran gente muy afín, pero tenían diferencias y muy marcadas.
Betancourt y Villalba habían estado juntos en ORVE (Organización Venezolana) y
después se habían separado en el PDN (Partido Democrático Nacional).Villalba
había sido senador elegido con la tolerancia del medinismo y había estado
contra la Revolución de Octubre del 45. Y Caldera era la oposición a AD en el
trienio (45-48) y venía de otra tradición ideológica y cultural. Y
pudieron entenderse y cumplir.
Así que las diferencias personales no son una novedad. Pero teniendo presente
el objetivo común, inevitablemente ocupan un plano secundario.
“Lo
lógico es el mecanismo de la Primaria. Pero no puede estar sola, debe ir junto
con una negociación acerca de la estrategia, del mensaje, de la política que se
va a proponer al país”
Ramón
Guillermo Aveledo
-¿De dónde surge esa desconfianza?, ¿del
propio declive de la MUD?, ¿hay algunos hechos que ahondaron esa desconfianza?
-A lo
mejor la Mesa de la Unidad fue una posposición de las desconfianzas o una
regularización de ellas, a través de reglas aceptadas por todos y cumplidas de
manera asimétrica. No todo el mundo cumplió todas las reglas siempre. Todos en
algún momento las infringieron, pero no todos ni todas al mismo tiempo. Se pudo
mantener, pero en la medida que las reglas se fueron disipando, a pesar de
la exitosísima elección de 2015, y se sustituyeron por el consenso pues poco a
poco cada quien se sintió autorizado para hacer lo que le parecía, y a eso
hay sumar las cuestiones personales y los inmediatismos, la idea de
que esto estaba a la vuelta de la esquina, que la cosa estaba cerquita.
También influye que el país se halla dividido tanto. El oficialismo hace
una política dirigida a su gente y prescinde completamente del resto. En
el mundo opositor parece haber la tentación de una competencia como si se
encontrara en una plenaria eterna para ver quién encabeza la oposición. Pero no se le habla al país entero, no hay
una política que sea nacional y eso ayuda a consolidar el statu quo. Que sigan gobernando
los que están, con los resultados que sabemos que tiene. En la medida en que la
política no sea nacional sino de este pedazo, también contribuye a que tenga
prioridad la competencia entre los distintos actores de la oposición frente a
la disputa con el poder y las estrategias para sustituirlo. Y eso no es un
problema menor.
-También hay una discusión que se libra
por las redes sobre la elección presidencial de 2013. Hay acusaciones contra
Henrique Capriles de cobarde, de que no defendió la victoria en la elección
contra Maduro, ¿Capriles en verdad ganó la elección?
-En
ese momento fue una ventaja muy pequeña, un resultado muy chiquito, no había
certeza acerca del resultado. Nosotros teníamos elementos de juicio para pensar
que habíamos ganado y se acudió a todos los mecanismos constitucionales y
legales en concordancia con la política que se había asumido. Hay una actitud
de Capriles que, a mí juicio, fue muy responsable y en ese momento en la
discusión que se dio nadie que yo recuerde fue partidario de otra cosa. En
el reciente
trabajo que publicaste en relación a la Concertación en Chile te haces
eco de un comentario de Ricardo Lagos en relación a que es inconducente llamar a la gente a una
manifestación donde la van a matar, sin que eso produzca un resultado
sustancial inmediato. Es verdad que no es un sacrificio inútil, sí, pero
uno tiende a pensar que el sacrificio cuando es ajeno no es tan importante. Yo
no recuerdo a nadie que estuviera en contra de lo que se decidió en 2013. Nadie
dijo ‘vamos a ir’, ‘vamos a inmolarnos’. No recuerdo nada de eso. Cuando yo
renuncié a la secretaría ejecutiva en 2014 era evidente que existían
diferencias, yo me puse a un lado pero dije que había un problema por atender.
Por la vía de los acuerdos se llegó a la exitosa elección de 2015, pero antes,
en el año 2014, hubo una controversia muy grande alrededor de La Salida, porque hubo un grupo que
decidió imponer en la calle una política. Eso ocurrió, sin embargo vino la
elección y todo el mundo se metió, inclusive los que estaban en contra de la
participación electoral y querían una asamblea constituyente. De ahí en
adelante, como las reglas se habían eliminado, cada quien pensó que podía imponer una política de facto porque el
sistema estaba derrotado.
-Se vio muy cerca el final, la victoria
definitiva, una euforia desatada…
-Yo en
aquel momento usaba una metáfora bélica, de la que no soy muy amigo por cierto,
porque la política es una cosa y la guerra otra; la metáfora era ‘no confundamos el desembarco en Normandía con la toma
de Berlín’. No es lo mismo. Asumir
la conducción del poder público nacional no es una bobería. Lo que nos falta
para llegar allá es todavía mucho. Por eso hay que tener cuidado con esa cosa
personal, que es un asunto mundial, pero en Venezuela nos ha tocado cuando hay
toda esta debilidad institucional tan grande.
La vía
al reencuentro de los venezolanos
Aveledo
aborda un punto esencial que tiene con ver con el liderazgo democrático, y hace una extensa referencia al libro
de Henry Kissinger (Ladership:
Six Studies in World Strategy o Liderazgo: Seis estudios sobre estrategia
mundial), que leyó en diciembre pasado. Kissinger, dice
Aveledo, tiene la experiencia que tiene, ha vivido 100 años, tiene un profundo
conocimiento de la historia, ha sido profesor de historia. En el libro sobre el
liderazgo analiza seis casos: Konrad
Adenauer, Charles De Gaulle,
la señora Margaret Thatcher, Anwar el-Sadat, Lee Kuan Yew y Richard Nixon. Este último es el más
detallado -“interesantísimo”, acota- porque Kissinger fue Secretario de
Estado de Nixon.
“Destaca
la humildad en Adenauer, la voluntad en De Gaulle, la convicción de la señora
Thatcher, la profunda convicción de origen religioso de Sadat, la excelencia
del líder de Singapur (Kuan Yew), y la comprensión de los equilibrios de
Nixon. Tomemos como
ejemplo los casos de De Gaulle y la señora Thatcher, detrás de la voluntad
de uno y de la convicción de ella había más cosas. De Gaulle tenía una
compresión histórica muy sólida, un conocimiento profundo del país en el que
está y había un Estrado detrás, y en el caso de Inglaterra una
institucionalidad muy fuerte. La voluntad y la convicción por sí solas no son
suficientes. Tiene que haber algo detrás, sino queda la aventura, simplemente
la idea de que soy un jugador solitario. Tenemos demasiada inclinación a
ser Cristiano Ronaldo, pero no
es él mismo que cuando contaba con Real Madrid a sus espaldas. Lo que tenemos delante no es para jugadores
individuales, es para jugadores de equipo. Si eres muy bueno, tienes gran
calidad, tienes unas condiciones excepcionales, si juegas en equipo te rinde más. El oficialismo, por ejemplo,
tiene un roster, un plantel, mediocre, muy malo en las políticas públicas pero
han logrado mantenerse en el poder porque han jugado en equipo aunque se
detesten. De este lado hay un buen equipo, por eso el desafío es la unidad o el
nombre que se le quiera poner. Y aprendiendo siempre de los errores y de los
logros.
“En
Venezuela, y repito algo que ya he dicho, sobran las razones para no votar por
los que están, pero hacen falta motivos para votar por nosotros, por esta
alternativa. Por eso lo de la promesa creíble es tan importante, que la gente
sienta otra vez ganas de mirar para la calle”
Ramón
Guillermo Aveledo
-¿Cree que el Gobierno interino fue una
jugada de equipo?
-Yo me
enteré en la calle cuando se anunció, no sabía que eso estaba previsto y por lo
que pregunté después todos me dijeron que fueron tomados un poco por sorpresa. Valoro el coraje personal y la buena
intención de Juan Guaidó que no es poca cosa, se quedó aquí y yo respeto eso
sin duda alguna. Ahora cuando escuchaba razonamientos que conducían a esa
posibilidad que luego se concretó, me preocupaba mucho. Hay que recordar la
historia: de la República de China y Taiwan sin la isla de Formosa, de las
repúblicas en el exilio. Eso ya ha pasado. De nuevo vuelvo a Kissinger: él
cuenta que un joven (que puede ser él mismo) le preguntó a Winston Churchill cuál era el secreto
para ser estadista: ‘Estudie historia, en la historia está todo’, le respondió.
A lo mejor no está todo, pero conocer
y comprender la historia evita metidas de pata.
-Ya vamos casi a terminar (“me preocupa ese
casi, de los entrevistadores”, comenta), ¿está convencido de que al régimen se
le derrota por elecciones?
-Sí,
sí se puede, por supuesto. No cándidamente, no de cualquier manera. Hay que
trabajar y tomar en cuenta el contexto en que estamos. Yo me afinco en la convicción de que el
Gobierno no quiere que votemos. Siempre hace lo posible para que no votemos.
Ayuda a dividir a la oposición, si encuentra en la oposición quien la divida.
Pone inconvenientes, genera desconfianza. La victoria de Barinas es una
lección: la gente encontró un motivo para votar ante el atropello del Gobierno,
e incluso en la división opositora. El asunto es que haya motivos. Y en una
campaña presidencial en la que se trata de cambiar el poder nacional para
empezar una transición, para comenzar ese trabajo paciente, cauteloso que va
encontrar muchas dificultades, en el que hay que vencer la desconfianza no solo entre la oposición sino a nivel
nacional, eso requiere que de este lado se den motivos y por eso valoro tanto
la unidad. Si la oposición
demuestra que es capaz de unirse por encima de sus diferencias, eso es un dato,
un motivo natural, porque al revés también pasa, porque voy a votar por
ellos si no pueden siquiera entenderse.
-Ha hablado de una promesa de futuro,
creíble, ¿cuál sería?
-La
promesa es la democracia y la libertad pero qué significa eso hoy, cómo implica
un cambio en la vida de nosotros y cómo se hace posible. Quizá sea muy
racional. La ruta más corta desde el punto de vista emocional, que es el
lubricante de lo racional, es el reencuentro de los venezolanos que estamos
esparcidos por el mundo. Yo tengo dos hijas afuera, un nieto de Whatsapp, al
que solo he podido abrazar una vez. La distancia, las discordias, tantos años
de conflicto, desgasta a la gente. No van a desaparecer esas diferencias pero
las podemos hablar normalmente. Que
podamos convivir con eso es algo que tiene mucho valor. La vía de la reunión de
los venezolanos. Por cierto, las diferencias son menores abajo que arriba,
en los barrios la gente se acerca. Las crisis prolongadas en unos sacan el egoísmo,
en otros la solidaridad. La realidad no es estática, las cosas cambian y van a
seguir cambiando. La visión de la política tiene que ser en ese sentido mucho
más acorde con la realidad.
JAVIER
CONDE
@jconde64
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