Paulina Gamus 12 de marzo de 2023
Con
motivo del 8 de marzo, Día internacional de la Mujer.
El
despecho había sido siempre algo íntimo, algo que se rumiaba en la soledad y
que por amor propio y por dignidad, no se publicitaba. No soy especialista en
el tema (a Dios gracias) pero me atrevería a afirmar que los primeros en
transformar el despecho en un asunto público y además con factura (emocional y
monetaria) fueron los cantantes mexicanos intérpretes de rancheras. Era casi
imposible no llorar con algunas de esas explosiones de corazones pisoteados. El
tango argentino no se quedó atrás, con razón había un chiste que preguntaba: ¿Por
qué a los chilenos les gusta tanto el tango? Y respondía: ¡porque
en cada tango muere un argentino!. Shakira, la colombiana universal,
ha hecho algo poco común en las mujeres: ventilar para millones de
personas y facturar millones de dólares con su despecho por la
traición de su marido y padre de sus dos hijos, el futbolista Gerard Piqué.
Antes que Shakira, una cantautora mexicana con el nombre artístico de Paquita la del Barrio, hizo popular su despecho con un niágara de insultos musicales denominado «Rata de Dos Patas». Lamentablemente Paquita no logró facturar en ningún sentido como lo hizo Shakira. En primer lugar porque nunca supimos el nombre del canalla que la abandonó y luego porque se trata de una señora gordita, bajita y poco agraciada, incapaz de mover las caderas como lo hace Shakira, aunque el 99% de las mujeres es incapaz de hacerlo.
Ahora
viene el quid de esta nota: ¿aportó algo la venganza musical de Shakira al
movimiento feminista, o mejor dicho, a las demandas femeninas en general?
Parece que algunas feministas la celebraron aunque el coautor y copartícipe del
éxito haya sido un hombre, el argentino Bizarrap. Pero si hacemos un paneo
internacional sobre la situación de las mujeres en lo que va de 2023, hay poco
para sentirnos orgullosas.
Por
ejemplo, en Perú, una presidenta accidental negada a convocar elecciones ha
provocado revueltas populares con sinnúmero de muertos, heridos y destrucción.
Una primera esposa (dama es demasiado) copresidenta en Nicaragua, Rosario Murillo, es causante con su marido Daniel
Ortega, de la represión más feroz que alguna dictadura latinoamericana haya
realizado desde los tiempos de Chapita Trujillo.
En
México son asesinadas 25 niñas cada mes y en lo que va de
este año 2023 han sido asesinadas 302 mujeres solo en el Estado de Oaxaca.
(Infobae). Los femicidios van casi siempre acompañados de violaciones. Esto nos
lleva a la situación actual del movimiento ME TOO. Lo que
comenzó como la valiente determinación de mujeres abusadas sexualmente, de
denunciar a sus agresores, ha degenerado en una retahíla de denuncias
sospechosas contra hombres ricos y famosos porque «hace 30 años me tocó una
nalga». La reacción no se ha hecho esperar y ahora abundan las páginas
ultramachistas que insultan a cualquier mujer que denuncie violación o
cualquier forma de ataque sexual.
En
España, el errático y lamentable gobierno del PSOE con Pedro Sánchez al mando,
está entrampado en la Ley de la Libertad Sexual o del Sí es Sí, promovida
por Irene Montero, ministra de la Igualdad, esposa de Pablo Iglesias y
militante de un izquierdismo tóxico y retrógrado. Según ese nuevo feminismo que
nos conduce a un submundo, no existe el género femenino y ser mujer es
un sentimiento y no una condición genética.
Gracias
a la ley del Sí es Sí han sido excarcelados 74 agresores sexuales y
se les ha reducido la condena a 721 pederastas y violadores. Como si fuera
poco, las transfeministas, como ahora se autoproclaman, han decidido
arremeter contra el oficio más antiguo del mundo al prohibir que las
prostitutas se anuncien en las redes sociales.
Su
estulticia nos lleva a recordar la anécdota de un gobernador de Caracas que le
ordenó al jefe de la policía cerrar todos los prostíbulos. Al día siguiente el
funcionario llegó con su carta de renuncia y la siguiente justificación:
renuncio señor gobernador porque los gobiernos pasan, pero las p….
quedan».
La
famosa canción del despecho de Shakira que afirma: «las mujeres no lloran,
las mujeres facturan» cae en generalizaciones. Las generalizaciones
suelen ser desagradables y por lo general injustas. ¿Cómo es que las mujeres
facturan, pero no lloran? Por ejemplo, en Venezuela facturan las partícipes de
la piñata oficialista y las enchufadas, sin duda la minoría. Pero la mayoría
está compuesta por las que lloran y mucho.
Lloran
cuando no pueden conseguir el alimento de la familia, lloran por conseguir
atención en un hospital público, lloran por la violencia que las rodea en las
zonas donde viven, lloran por los hijos asesinados o por los que se fueron del
país, lloran y hasta mueren cuando son ellas mismas quienes deben dejar su país
en busca de un futuro más que incierto.
Todas
esas lágrimas son derramadas sin dolientes. El Día Internacional de la Mujer
quedó tan desdibujado en nuestro país como un saludo a la bandera. No hay
dolientes en el régimen que las provoca, pero tampoco en la oposición que las
ignora.
Paulina
Gamus
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