ORLANDO VIERA-BLANCO 07 de septiembre de 2023
@ovierablanco
Existen
dos intelectuales venezolanos, a quienes respeto, admiro y quiero inmensamente.
Una simple llamada se convierte en horas de disertación y aprendizaje. Ideas,
visiones, experiencias, que ajustan percepciones y obligan a ripostar, a
repensar. Elizabeth Burgos y Tulio Hernández…Dos corazones maravillosos que no
dejan de latir por Venezuela.
Quiero compartir un par de ideas con ellos…
Un
país de emociones tristes…
Deseo confesar que he sido y sigo siendo un soñador. Puedo convertir cualquier rincón de mi niñez, ese lugar donde se originaron mis miedos más profundos, quiero expresar, una cueva en la montaña, una ola en el mar, una caída de un árbol, en un templo, un jardín, un océano de luz en la oscuridad. Y a pesar de lo dicho por Octavio paz, la mucha luz es como la mucha sombra porque no deja ver, mi idilio, lo compensa todo, cálidamente. Gracias mamá por sembrarme esa ilusión maravillosa, entre miedos y desafíos…
Mi
ingenuidad me ha llevado a un optimismo irrenunciable. En casa-mis hermanas y
yo-“comimos” un potaje infalible: contra el miedo mucha fe. “La gente
normalmente es buena, pero hay que comprenderla”, nos decía [mamá] cuando
pasábamos un mal rato… “No acuses, no juzgues, resuélvelo tu”. Y así fuimos
creciendo en una “granja” de hermosas fantasías y principios...Un transitar
difícil, peligroso, en un país inadvertido, lo convertíamos en cascadas,
riachuelos, bosques o naranjales, que daban sombra y bebida a una animosidad
sedienta de alegría. Al decir de García Lorca, a una vida amable...
A
partir de esa infancia maravillosa en un país tropical, fui enhebrando una vida
asistida de anhelos, de sueños decía…Desde ser pelotero, médico o profesor, la
vida transcurrió [en Venezuela] con un prístino sentido de oportunidad. No
sería el hombre que he sido si no hubiese sido el niño que fui sentenció Albert
Camus. A partir de esos sueños ataviados en el subconsciente, fuimos
almacenando amor frente al odio, bondad contra la envidia, trabajo contra la
pereza, atrevimiento contra nuestra propia cobardía...humildad [que es
comprender] contra la altivez…Esa es la Venezuela en la que crecí, es la
Venezuela despojada de su gran reservorio: soñar en tricolor.
Conversando
con Elizabeth Burgos, me decía con su acostumbrada sabiduría: “lo que pasa
Orlando es que somos un país herido, una nación de emociones desbordadas, de
emociones tristes". Al decir de Mauricio García Villegas, “en Colombia
hemos tenido demasiados conflictos que se habrían podido resolver pero que terminaron
en una guerra; demasiados proyectos que se habrían podido llevar a cabo pero
que acabaron extraviados en las disputas entre facciones, demasiados consensos
que se rompieron por rencores, demasiadas leyes que se enredaron en las
contiendas, demasiados buenos propósitos que se malograron en los odios, en
síntesis, demasiadas buenas ideas estropeadas por malas emociones..."
Entonces hemos ido demasiado lejos en la disputa para llegar demasiado cerca al
rencor…Y el resentimiento es una herida que no nos deja ver, si acaso “mucha
luz” o mucha sombra…
Cuando
soñar cuesta mucho…
Esa
tristeza, ese dolor profundo en nuestros corazones, ha sido un salto a un mar
frío y profundo, que nos entumece y nos asfixia. Soñar-una de las expresiones
más elevadas de la inteligencia-que es crear, que es volar sin alas, que es
pintar sin escobilla y sustituir un Darién por Notre Dame al pie del Sena
[Dixit Walter Benjamín], es una virtud en extinción. Antes una abuela madrugaba
para vender arepas y soñaba ver a su nieta convertida en bailarina o enfermera,
antes madrugaba el maestro[a], con la esperanza de cosechar estudiantes
brillando como estrellas…Hoy la abuela muere de mengua y los maestros
también…sin ilusión.
Al
decir de Hipólito Taine, soñamos todos cuando queremos hacer de nuestra tierra,
«adecuado suelo y clima para florecer cualquier naranjo». Y sueña el artista,
el cultor, el virtuoso, comentó Platón. «El arte no se produce aisladamente…Un
artista-a diferencia de un filósofo-no se levanta con una idea, sino con un
sentimiento» […] Así como Rubens expresó en La Kermerseeel sabor popular flamenco
donde las pasiones de los hombres son acordes con la naturaleza y el espíritu
de su pueblo, los ciudadanos, los amantes de una nación, tenemos todos el
derecho a conservar nuestros sentimientos, nuestras pasiones, nuestra cultura,
el espíritu de nuestro pueblo. Y soñarlo para representarlo…
Pero
un país herido no sueña. Languidece en una fulgurante y oscura pesadilla. Tulio
Hernández me decía, sentidamente: “¿No sé por qué razón querido Orlando, los
venezolanos no hacemos literatura sobre el exilio?” Una reflexión innegable,
ineludible. Creo querido Tulio-alcancé a responder-que es una negación.
Juzgando por mi condición, no acepto el exilio...Cada día sueño con volver a
Venezuela. Cada día hago abstracción del sitio donde estoy, y en vez de ver ríos
o montañas otoñales o nevadas, veo el Ávila, Macuto o la Gran Sabana [donde aún
no he estado]…El tema es que, si dejamos de soñar, que es seguir siendo parte
de algo, perdemos nuestra identidad. Y al perder el sentido de pertenencia
evitamos hablar de eso, porque [el exilio] es entonces una suerte de derrota…
Escribe
Taine: “Paul Rubens amplificó los torsos de sus personajes, redondeó sus
caderas, arqueó sus lomos, encrespó sus cabellos y encendió las miradas
salvajes e insaciables de sus lugareños-entre chillidos, orgías y besos-para
consagrar el triunfo más asombroso de la bestialidad humana…” Los venezolanos
perdimos esa capacidad de amplificar nuestras virtudes, las largas cabelleras
del Salto Ángel, los indómitos torsos de nuestros morros o la mirada vigilante
del Pico Bolívar, porque dejamos de «colorear» el espíritu opulento y
libertario de una nación a cuenta de una revolución bonita. Lo que ha arrojado
esa premisa, "patria, socialismo o muerte", es un pueblo herido donde
soñar no es gratis. Te cuesta la vida…
No
todo está perdido…Demasiado cerca.
Un
país herido es un país al que no nos queremos parecer y al que no queremos
pertenecer. Mala cosa...Y aunque toda herida sana y la queremos curar, también
es cierto que la queremos olvidar. Escribir, crear, escenificar, pintar, es una
manera de rendir tributo a nuestras reminiscencias, a nuestra infancia, a
nuestro linaje, sin acusar, sin juzgar, comprendiendo lo ocurrido…Emile Zola en
su libro más notable “La Obra”, nos sugiere “impedir que los temperamentos
desdibujen el estricto sentido de la realidad”. No dejarnos atrapar por las
emociones tristes...No hablar de nuestro exilio es decretar el triunfo de la
tristeza, es dejar de sembrar esperanza, es dejar de soñar…
Estoy
a la víspera de ver “Simón” la película de nuestro querido Diego Vicentini. Lo
quiero como un sobrino...He visto las emociones conmovedoras con las que muchos
salen de la sala. En medio de lágrimas y dolor, el público lo sale sacudido por
el recuerdo de lo vivido o por lo sufrido por nuestros guerreros de la
libertad…Sobre “Simón” volveré en una entrega especial, pero lo que ahora
quiero subrayar, es que [Simón] es la impronta de un país herido, de jóvenes
que lucharon por un ideal y que, entre ingenuidad, gallardía y temperamento,
dieron su vida y su destino por un país libre…Diego-su creador-también expresó
sus más prístinos sentimientos. El exilio no podía convertirse en allanamiento
y silencio. Entonces soñó y escenificó la heroicidad de nuestros hijos de la
patria. Nace Simón. Un tributo a nuestros héroes de cartón y hojalata, “de
torsos y caderas libertarias, de cabellera indómita, de lomos gallardos, que
enfrentaron tanquetas y “gas del bueno”, por un sueño…No todo está perdido. El
exilio debe ser expresión de un alma que se quiere redimir.
[…] Y
en mi sueño, estaba a las costas de macuto...Desde ahí salía a un mar infinito,
salvaje, azul profundo, retando los peligros de inmensas olas […] Volvía a la
orilla y subía por una vereda con mucho monte, a la casa de los curas, tumbando
mangos, mamones o zapotes. Estaba ahí , pero de pronto un témpano encofrado de
árboles sin hojas, bajo la espesura de la nieve, se empeñaba en desaparecer mi
imagen. !Angustiado, despierto! Mi mirada se tropieza con el río San Lorenzo,
congelado, inmovilizado. Insistía en quedarme en mi barquito de papel, pero se
hundía en mi ansiedad. Ansiedad por mantener a Venezuela en mi sueño. ¿Por qué
la ansiedad? Porque estaba demasiado cerca, pero sin poder acariciarla, sin
sentir su aire y su agua, su ardor y su sal, sin deshacer el mango o el zapote
entre mis manos, con el miedo profundo, de no vivirlo nunca más [...]
Ese es
el exilio querido Tulio. Un silencio estruendoso del cual ahora he decidido
hablar, para no olvidar…Y ando herido querida Elizabeth, tratando de no acusar,
de no juzgar, como me lo aconsejó mamá. Así, no dejaré de soñar. Y volveré al
mar, a la montaña, para controlar la ansiedad, para luchar y volver a casa…con
mi corazón de cartón y hojalata…
ORLANDO
VIERA-BLANCO
@ovierablanco
Invitamos
a suscribirse a nuestro Boletín semanal, tanto por Whatsapp como vía correo
electrónico, con los más leídos de la semana, Foros realizados, lectura
recomendada y nuestra sección de Gastronomía y Salud. A través del correo
electrónico anunciamos los Foros por venir de la siguiente semana con los
enlaces para participar y siempre acompañamos de documentos importantes,
boletines de otras organizaciones e información que normalmente NO publicamos
en el Blog.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico