Francisco Olivares 09 de septiembre de 2023
@folivares10
En
Venezuela 31% de la población no tiene acceso al sistema eléctrico formal y
trabaja a 30% de su capacidad instalada. En una investigación, coordinada por
CEDICE, el ingeniero Jesús Armas presenta un diagnóstico de cómo la corrupción
y la estatización de todo el servicio eléctrico nacional son las principales
causales del deterioro del sistema, a pesar de tener un país de grandes
reservas energéticas.
Mientras Venezuela vivía una grave crisis económica, política y social, en marzo de 2019 se produjo un hecho sin precedentes en un país que había sido una importante potencia petrolera y energética. Para asombro de una población que pensaba que ya no se podía estar peor, se produjo un “apagón eléctrico”, el más grande de toda su historia. Afectó a todo el país y dejó en la oscuridad a todo el territorio. Luego otros tres apagones consecutivos en casi todo el territorio revelaron la magnitud de la crisis del sistema.
El
primero de ellos ocurrió el 7 de marzo de 2019 por tres días continuos a nivel
general, y entre cinco y siete en algunos estados. La causa del apagón fue una
falla en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar de la represa del Guri, la más
importante del país, en el estado Bolívar. A los ocho días comenzó el
restablecimiento del servicio, pero con cortes continuos en la mayoría de las
regiones. Pero el 25 de marzo se registró un segundo apagón donde nuevamente
quedó sin energía la mayor parte del territorio por una nueva falla en la
Central Hidroeléctrica. Una semana más tarde, el 29 de marzo sobrevino un
tercer apagón, que duró más de 4 días y afectó a 23 estados y el 9 de abril se
produjo un cuarto apagón en toda Venezuela. A pesar de que el sistema
eléctrico del Estado (Corpoelec) ha privilegiado el envío de energía a Caracas,
la capital también recibió su dosis de apagones aunque en menos dimensiones que
el resto del país.
Desde
entonces los apagones se han vuelto frecuentes y los cortes programados ahora
son constantes con regiones que lo sufren a diario y hasta por varios días.
Las
causas de la crisis eléctrica permanente que ahora viven los venezolanos puede
encontrar una larga lista de factores como la falta de mantenimiento, la
extendida corrupción, el desabastecimiento de combustible que sufre el país que
afecta a las termoeléctricas, los bajos salarios, la inexperiencia de quienes
son asignados por razones políticas para dirigir a Corpoelec y la fuga de
especialistas que se han ido de la industria y migrado a otros países. Pero
todos esos factores encuentran una causa común que ha sido la llegada al país
del chavismo con la implantación del modelo de estatizaciones del socialismo
del siglo XXI.
Así
concluye esta serie de investigaciones auspiciadas por el Centro de Estudios
Económicos (CEDICE), en alianza con la Asociación Civil Ciudadanía sin Límites.
En esas investigaciones se abordó la crisis energética en el país en las áreas
eléctrica, gas e hidrocarburos. El estudio señala que el declive energético que
sufre el país tiene su origen en un sistema político y económico que ha hecho
que el país pierda más del 75% de su Producto Interno Bruto (PIB) debido al
alto grado de intervencionismo del Estado, lo cual ha impactado sobre la
seguridad jurídica y los incentivos para invertir.
Como
lo observa el presidente de CEDICE, Carlos H. Blohm, se trata de contribuir a
contrarrestar las ideas estatistas que han sumido al país en una crisis
económica, que hace difícil que como individuos se logre una existencia digna y
libre. A través de este programa “Energía y Dignidad Humana”, con la libertad
como herramienta para acabar con la pobreza energética se han desarrollado una
serie de investigaciones con propuestas de políticas públicas que permitan la
transformación de los sectores energéticos nacionales a fin de lograr mejor
cobertura y dignidad a todos los venezolanos.
El
ingeniero Jesús Armas, director de la asociación civil Ciudadanía sin Límites,
quien realizó un diagnóstico de la historia del sistema eléctrico venezolano en
este estudio, destaca que “si la iniciativa privada trajo la electricidad a
Venezuela la estatización apagó las luces, con ello, deterioró la calidad de
vida de millones de personas y disminuyó la productividad de la economía
nacional”. En mayo de 2022 el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos
identificó que 31,6% de la población venezolana no tiene acceso a electricidad
de manera formal.
Eso ha
ocurrido en un país con gran potencial energético, la nación con las mayores
reservas de petróleo del mundo, con las octavas reservas más grandes de gas
natural y con un potencial importante para las energías renovables.
En lo
que a electricidad se refiere, Venezuela triplicó su consumo anual entre 1980
y el año 2000, de 30 a 88 teravatios hora (TWh). Esa expansión estuvo
fundamentalmente asociada al aumento de las fuentes hidroeléctricas. Esta
tendencia comenzó a declinar a partir de mediados de la primera década del
siglo XXI cuando la capacidad de producción de electricidad de origen
termoeléctrico casi se duplicó y la energía hidroeléctrica comenzó a escasear
por la sequía, la corrupción y la ineficiencia, señala Armas.
El
apagón estatista
Refiere
el estudio de Armas, que la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 significó
un cambio de paradigma político y económico: el “socialismo del siglo XXI”
que impidió avanzar en la liberalización del sector eléctrico que venía
consolidándose a partir del segundo período de gobierno de Carlos Andrés Pérez.
El
nuevo proyecto de Pérez a partir de su ascenso al poder en 1989 que se conoció
como “El Gran Viraje”, distaba mucho del que guió a su primer gobierno. En ese
período se inició una reestructuración del sector eléctrico con un nuevo
marco legal como Ley de Privatizaciones (1992), apertura progresiva del sector
a la libre competencia (decreto No. 2383, de 1992), separación de los negocios
de generación, transmisión, distribución y comercialización (decreto No.
1558, de 1996) y la creación de la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica
(decreto No. 2383, de 1992).
Sin
embargo las presiones políticas de sus opositores, el llamado “Caracazo”, y un
juicio en su contra por la utilización de recursos de la “partida secreta”,
destinada a apoyar el proyecto democrático en Nicaragua, terminaron sacándolo
de la Presidencia y truncaron su proyecto económico liberal. De allí que las
reformas que intentó promover no tuvieron mayores avances. La única
privatización que se concretó fue la de los activos de Cadafe en Nueva
Esparta, con el Sistema Eléctrico del Estado Nueva Esparta (Seneca) que se
convirtió, junto a C.A. La Electricidad de Caracas, en una de las empresas con
mejor calidad de servicio del país.
Una de
las medidas fundamentales que tomó el gobierno de Hugo Chávez que afectó el
sistema eléctrico venezolano fue en 2007 con el decreto No. 5330 de Ley
Orgánica de Reorganización Sector Eléctrico que ordenó la creación de la
Corporación Nacional de Electricidad (Corpoelec), monopolizó el sector
eléctrico y fusionó todas las empresas públicas y privadas.
El
auge eléctrico
Venezuela
disfrutó de un gran desarrollo en el servicio eléctrico a partir de la
construcción de importantes fuentes hidroeléctricas. La más importante, la
Central Hidroeléctrica Raúl Leoni, ubicada en la represa del Guri, al sur del
país, fundada en 1974, y renombrada como Simón Bolívar en 2006, un proyecto se
comenzó a planificar desde 1947.
Sin
embargo, esa tendencia de crecimiento comenzó a cambiar con la llegada del
chavismo a partir de 1999 con las medidas de expropiación y estatizaciones que
impulsó Chávez.
Refiere
el estudio de CEDICE y Ciudadanía sin Límites que en 2010, luego de expropiarse
las empresas privadas, se promulgó la Ley Orgánica del Sistema y Servicio
Eléctrico que estableció a Corpoelec como el operador y prestador único,
encargado de todas las fases del negocio eléctrico, que contempla la
generación, transmisión y comercialización en todo el territorio nacional.
Armas indica que “este modelo ha traído muchas consecuencias negativas como el
racionamiento eléctrico, problemas de mantenimiento, los casos de corrupción y
desequilibrios financieros de la empresa”.
Declive
socialista
Para 2018
la capacidad nominal instalada total del país era de 36 mil 732 megavatios
(MW), de los cuales, 53,7% corresponde a generación termoeléctrica, 46% a
hidroeléctrica, más una muy pequeña generación eólica inferior al 1%.
Sin
embargo, ya desde 2008 comenzaron los problemas para satisfacer la demanda. A
pesar de que la capacidad instalada estaba en 36 mil 732 megavatios en 2019, la
capacidad efectiva de las centrales térmicas solo alcanzaron a generar
aproximadamente 3 mil megavatios y las hidroeléctricas 11 mil megavatios. El
parque termoeléctrico es el que ha sufrido el mayor declive operativo que ha
dejado a buena parte del país, en especial al occidente, en un grave estado de
vulnerabilidad y al sistema general en una condición muy frágil frente a
cualquier falla o disminución de la generación hidroeléctrica. Las
termoeléctricas dependen especialmente de hidrocarburos para operar.
El
estudio señala que los gobiernos del chavismo han sobreexplotado la represa de
Guri y violado los límites de capacidad del sistema de transmisión
Guayana-Centro, con el objetivo de garantizar el suministro de energía a
Caracas y tratar de satisfacer la demanda nacional. Como se ha señalado, apenas
está operativo 30% de la capacidad instalada nacional.
De
allí que el sector energético enfrenta un dilema: sin hidrocarburos el parque
termoeléctrico no puede funcionar y sin electricidad no se puede aumentar la
producción de petróleo.
El
director de Ciudadanía sin Límites explica que el sistema troncal de
transmisión también presenta graves fallas. Para transmitir la electricidad
producida, tanto por las hidroeléctricas en el estado Bolívar y en la región
andina como por las termoeléctricas, se desarrolló un sistema troncal
interconectado formado por líneas de 765, 400 y 230 kilovoltios (kV).
Pero
la falta de mantenimiento ha dejado a este sistema de transmisión en muy mal
estado. No se inspeccionan las torres ni las líneas de transmisión; tampoco
hay un inventario de repuestos. Muchas torres están hoy invadidas por la
maleza; de hecho, una de las explicaciones del gran apagón de 2019 es que
ocurrió un incendio en la vegetación que afectó a una de las principales
líneas de transmisión. En definitiva, para Armas todo el sistema de
transmisión es muy vulnerable.
Altos
costos y pocos ingresos
Finalmente,
el último problema clave del sector, que identifica Armas, es su inestabilidad
financiera. Los problemas financieros que enfrenta Corpoelec tienen su raíz en
la combinación de grandes pérdidas de distribución (alrededor del 35%) con
unas muy bajas tarifas a los usuarios formales. Los subsidios del Estado al
sector fueron de 13 mil 900 millones de dólares en 2013 y de 11 mil millones
en 2014, que representaron 5,5 y el 4,3%, respectivamente, del PIB. Se trata de
una carga fiscal muy importante. Sin embargo, los subsidios han sido
insuficientes para cubrir los costos de satisfacer la demanda eléctrica.
El
estudio destaca que los escasos ingresos de Corpoelec se han traducido en bajos
salarios para sus empleados, lo que sumado a la politización de la empresa ha
ocasionado que mucho personal técnico haya dejado la organización.
La
consecuencia del estado actual del sistema eléctrico es mantener sometido a la
población a continuos racionamientos que ponen en riesgo los sistemas de
salud, de distribución de agua potable, transporte público y educación,
entre muchos ámbitos de la vida social y económica. Al menos 233 personas
murieron entre 2019 y 2021 en hospitales en Venezuela, debido a las fallas
eléctricas que constantemente se registran en el país, reveló la Encuesta
Nacional de Hospitales (EHN), que cuenta con el aval de la Academia Nacional de
Medicina.
Más
estatizaciones
En
2023 está prevista la aprobación del proyecto de Ley de Energías Renovables y
Alternativas, inspirado también por un espíritu estatizador. El artículo 10
de esta ley declara “de interés público y carácter estratégico para la
Nación el desarrollo, promoción, regulación y aprovechamiento de las
energías renovables y alternativas”. De la misma forma, plantea que las
organizaciones del Poder Popular tendrán participación protagónica en la
gestión de las energías renovables. Además, esta ley promueve la creación
de conglomerados industriales y zonas económicas para producir equipos de
generación de energías renovables, el fomento estatal y el uso de los
subsidios como política clave. “En definitiva, esta ley es un claro obstáculo
a la participación privada”, señala el ingeniero Armas.
No hay
rectificación
El
manejo de recursos públicos sin contraloría y con fines políticos ha devenido
en la alta corrupción que ha vivido el país que se estima en aproximadamente 63
mil millones de dólares. Las diversas denuncias de los años del chavismo en el
poder dan cuenta de numerosos casos en los que el gobierno “distribuyó
contratos” para recuperar el sistema eléctrico con millones de dólares sin
licitación que enriquecieron a los altos funcionarios de su gobierno con obras
que nunca se construyeron. Muchos de estos casos condujeron a investigaciones
internacionales, por corrupción y lavado de dinero.
Transparencia
Venezuela estima que la corrupción se llevó 61% de la inversión eléctrica en 15
años (entre 1999 y 2016). En ese tiempo se destinaros 37 mil 691 millones de dólares
para obras de la industria eléctrica con sobreprecios estimados en 23 mil
millones de dólares.
En
2019 había 19 casos investigados en Estados Unidos, sobre una de las más
grandes redes de corrupción detectadas con conexiones en varias naciones. En junio
de 2019 se presentaron en el Distrito Sur de Florida cargos por lavado de
dinero contra el ex ministro de Energía Eléctrica y expresidente de Corpoelec,
general Luis Motta Domínguez, acusación que también recayó sobre el
exviceministro de Finanzas e Inversiones del mismo ministerio, el militar,
Eustiquio José Lugo Gómez. Casi en paralelo, la Oficina del Tesoro para el
Control de Activos Extranjeros (OFAC) sancionó a ambos generales.
Otros
de los casos sonados fue la contratación de la empresa Derwick Associates, a la
que se le adjudicaron proyectos aunque no tenían experiencia previa en el área.
De los 40 proyectos energéticos aprobados entre 2010 y 2014 analizados por
Transparencia Venezuela, 17 no se terminaron. Ninguno está funcionando a plena
capacidad y se identificó un cobro excesivo por miles de millones de dólares.
De las
obras que no fueron concluidas destaca el caso de la Central Hidroeléctrica
Tacoma. El consorcio Odebretch-Impregilo-Vincler fue el encargado de llevar a
cabo esta obra, que no solo tuvo un incremento en su costo de 239% respecto al
costo inicial previsto, sino que, a pesar de que su culminación estaba
prevista entre 2012 y 2014, en 2023 aún no está terminada y por ende no aporta
energía al sistema eléctrico.
Otros
de los casos sonados fue la contratación de la empresa Derwick Associates, a la
que se le adjudicaron se le adjudicaron proyectos sin experiencia previa en el
área. De 40 proyectos energéticos aprobados entre 2010 y 2014 analizados por
Transparencia Venezuela, 17 no se terminaron. Ninguno está funcionando a plena
capacidad y se identificó un cobro excesivo por miles de millones de dólares.
Abrir
las puertas
La
investigación de CEDICE, en el capítulo dedicado a la energía eléctrica,
presentado por el especialista Jesús Armas, concluye que Venezuela requiere de
una profunda reforma de la gobernanza del sector eléctrico como base para la
transición energética.
Para
ello es necesario promover la participación del sector privado en las etapas
de generación, transmisión, distribución y comercialización de energía
eléctrica.
Se
advierte que para hacer esta reforma, se requiere que los planificadores y
ejecutores de políticas públicas estén atentos a los riesgos de llevar a cabo
un proceso de apertura en un contexto institucional débil.
De
allí que hay que aprovechar las oportunidades que permitan avanzar en todas las
reformas posibles y los procesos de privatización o de asignación de
concesiones deben ser muy transparentes. Estos procesos deben ser llevados por
organismos independientes de acuerdo con las buenas prácticas de licitaciones
públicas.
Resalta
que este punto muy importante para no repetir errores como los de algunos
países de Europa del este, en donde, tras la transición a la democracia,
oligarcas asociados al sistema político socialista capturaron muchas empresas
del Estado.
El
estudio de Armas considera que Venezuela debe trascender el modelo estatal y
definitivamente abrir las puertas hacia una cooperación entre los sectores
público y el privado que permita que el negocio de la energía sea integral y
no solo pensado para los hidrocarburos. “Solo así se podrá tener un sector
energético capaz de mitigar el cambio climático y ofrecer oportunidades de
progreso a los venezolanos”, ratifica Armas.
Tomado
de: https://eko.red/blog/el-apagon-electrico-llego-con-el-socialismo-del-siglo-xxi-en-venezuela
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