San Josemaría 09 de septiembre de 2023
@sJosemaria
Si
alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección
espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten
todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación
quirúrgica. (Forja, 192)
La sinceridad es indispensable
para adelantar en la unión con Dios.
–Si dentro de ti, hijo mío,
hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo
que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo"
en la Confesión, ¡qué bien se está! (Forja, 193)
¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.
Luego, proseguiste con
serenidad: «Domine, quid me vis facere?» –Señor, ¿qué quieres
que haga?
–Y tú mismo te diste la
respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima
Voluntad: «serviam!» –¡te serviré sin condiciones! (Forja,
238)
La humildad lleva, a cada
alma, a no desanimarse ante los propios yerros.
–La verdadera humildad
lleva... ¡a pedir perdón! (Forja, 189)
Si yo fuera leproso, mi madre
me abrazaría. Sin miedo ni reparo alguno, me besaría las llagas.
–Pues, ¿y la Virgen Santísima?
Al sentir que tenemos lepra, que estamos llagados, hemos de gritar: ¡Madre! Y
la protección de nuestra Madre es como un beso en las heridas, que nos alcanza
la curación. (Forja, 190)
Tomado de: https://opusdei.org/es-ve/dailytext/
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