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martes, 1 de agosto de 2017

Edgard Gutiérrez: Maduro está sepultando las posibilidades del regreso de un chavismo democrático por @gedgard


Por Indira Rojas


“En las manos de la Asamblea Nacional Constituyente va a estar la conducción de este país”, sentenció el presidente Nicolás Maduro en cadena nacional la madrugada del 31 de julio, después de que el Consejo Nacional Electoral sorprendiera con el anuncio de que 8.089.320 personas habían votado para escoger a los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. La oposición desconoció los resultados y el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, afirmó desde el Palacio Legislativo que la participación no pasó de las 3 millones de personas. Y agregó: “el Gobierno fue el gran derrotado”.

Edgard Gutiérrez, consultor político y especialista en procesos electorales, cree que no se podrá saber a corto plazo qué pasó el 30 de julio. Sin embargo, concuerda en que la fracción chavista recibió una “herida de muerte”, luego de una jornada electoral en la que se reportaron centros de votación vacíos. Pronostica una mayor represión. La oposición “debe capitalizar el descontento popular” y mantener la Asamblea Nacional como trinchera política.

—¿Cómo se configura el juego político, tanto para la oposición como para el gobierno, a partir de la aprobación de la Asamblea Constituyente?


—Una de las promesas básicas del chavismo con la Constituyente es justicia, prisión y castigo para los golpistas. Si el chavismo da el zarpazo rápidamente, la oposición tendrá que resguardarse y operar de otra forma, ya sea en la clandestinidad o en el exilio. Si el chavismo no actúa tan rápido como algunos presumen, la oposición tiene oportunidad de volver a construir un escenario de pre negociación. Está ante un chavismo herido de muerte, que no ha perecido todavía y es muy peligroso, y se podría construir una base para el entendimiento aprovechando la presión de calle, la presión institucional y la presión internacional. Por supuesto, todo esto está expuesto en modo condicional. La oposición tiene un mecanismo estratégico de muy corto plazo. Debe capitalizar el descontento popular en las calles, mantener la Asamblea Nacional como trinchera de lucha y coordinar la presión internacional. Debe ser muy rápida porque no puede perder la energía que tiene hasta hoy. Pero quizá lo más importante que tenga que hacer es ponerse de acuerdo. Decidir qué va a hacer, cómo va a reaccionar y cómo va a luchar. Hay una parte que quiere una lucha frontal, de calle, contra una dictadura, y hay otra oposición que no cree en eso, que considera que es un extremismo y que incluso hay posibilidades para negociar. Si los dirigentes no llegan a un acuerdo se van a ver las fisuras. La oposición se mostrará débil ante todos, incluyendo a los potenciales aliados de la comunidad internacional.

—La Constituyente se instalará con la mayoría del país en contra, en medio de una severa crisis económica, con manifestaciones en todo el país y amenazas de sanciones internacionales. ¿Cómo se garantiza la gobernabilidad en este escenario?

—La respuesta es muy sencilla: no se puede. La Constituyente nace con defectos genéticos. La ingobernabilidad que hemos vivido en estos cuatro meses sólo se va a agravar. Cuando tienes más del 80% del país en contra no se puede tener gobernabilidad. El chavismo hoy está muy debilitado en cuanto a su legitimidad porque hizo algo que nace de la inconstitucionalidad: una elección Constituyente que no fue aprobada por el pueblo. Se consuma el 30 de julio con una gran abstención y además con sangre y fuego por los fallecidos y la represión. Se mancha el proceso y eso debilita al chavismo. Comenzaremos a ver una increíble cantidad de pronunciamientos internacionales de desconocimiento de la Constituyente. Después vendrán sanciones, acciones concretas de la comunidad internacional. Ya se han manifestado Colombia, México, Panamá. Son todos actores importantes por la cercanía que tienen al conflicto, que evidentemente seguirá escalando. Esta es una herida mortal y la opción que le queda al Gobierno es avanzar con la fuerza bruta.

—¿Conserva la dirigencia chavista legitimidad frente a su base electoral luego de imponer esta consulta? ¿Cuál es el impacto de perderla si convocan elecciones a la medida y que no pueden ser auditadas?

—El Consejo Nacional Electoral dijo que fueron 8 millones, la oposición dijo 3 millones. Pero nunca sabremos de verdad qué pasó el 30 de julio. Desde una respuesta cualitativa, pareciera que la base del chavismo no se movió. La evidencia sugiere que la base se está resquebrajando. También vivimos la plena destrucción del sistema electoral. Cero confiabilidad, cero transparencia, cero celeridad. La poca confianza que quedaba en la institución electoral se hizo añicos el 30 de julio. Esa es otra crisis que pesa sobre el sistema político. Una institución que estaba en tela de juicio hoy ha quedado totalmente descalificada para la mayoría de los venezolanos. La próxima elección hay que ver cómo se da, en qué contexto y cuándo. Es difícil saber si los que gobiernan hoy se medirán de nuevo en el escrutinio público, y si se diera esa posibilidad en el mediano plazo tienen una derrota segura, tan segura que no han hecho consultas los últimos dos años. Me parece que de fondo lo que podemos plantear es, aunque puede sonar un poco temerario, que Maduro está sepultando las posibilidades de un regreso de un chavismo democrático. O, al menos, esto se le hará mucho más difícil porque las heridas que van a quedar después de este proceso Constituyente, que quizá serán incurables, le van a cerrar al chavismo cualquier puerta de regreso exitoso al poder.

31-07-17