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miércoles, 22 de enero de 2020

23 de enero por @infocracia



Por Andrés Cañizalez


Se cumple un año de la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Eso ocurrió el 23 de enero de 2019. Resultaba una fecha icónica, un 23 de enero pero de 1958 se vivió el día final de una dictadura y el nacimiento de un modelo democrático.

El 23 de enero de 1958 abrió paso a un sistema político que se conformó en torno a la conciliación. En su momento aquello resultaba atractivo. No sólo era la conformación de acuerdos políticos, sino también de instancias de coordinación con gremios empresariales y sindicatos. Simbolizado por el Pacto de Puntofijo, existía en aquel momento una genuina intención de sentar las bases de un modelo democrático. Tal como se entendía la democracia en aquel momento, basada en el voto.

Durante algunas décadas Venezuela fue un ejemplo de democracia en América Latina. Nuestro país tuvo testimonios de primera mano de lo que había sido la razzia militarista en Sudamérica. En Venezuela fueron acogidos perseguidos políticos de Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Cuando en esos países imperaban regímenes militares y autoritarios, en Venezuela la gente votaba y el poder presidencial estaba acotado. No era para nada una democracia perfecta, pero se respiraban aires de libertad.

Existen amplios y diversos trabajos que ayudan a explicar lo que algunos estudiosos, entre ellos Tomás Straka, han pasado a llamar el proceso de desdemocratización de Venezuela. Es importante entender que en la vida sociopolítica se viven procesos.

El debilitamiento de la democracia venezolana se evidencia con claridad desde la década de 1980. La corrupción, la falta de apertura democrática en los partidos tradicionales, la ausencia de respuestas a la crisis del modelo rentista de la economía, la desconexión de las élites políticas y económicas del pueblo, entre otros tantos factores, ayudan a explicar lo que terminó siendo el suicidio del sistema bipartidista tras 40 años en el poder.

Muchos de los factores que destruyeron la naturaleza del sistema democrático de 1958, se han visto potenciados en la etapa de decadencia del chavismo, época que vivimos en la actualidad en Venezuela.

Tocará escribir también de por qué el chavismo fracasó de forma tan estruendosa. En su época de oro, Hugo Chávez tuvo control sobre todas las instituciones, tenía amplio respaldo popular y legitimidad interna e internacional.


Ahora sabemos por una de las viudas del poder, Rafael Ramírez, que la cifra que se dilapidó en aquellos años asciende a 700 mil millones de dólares. Para entender la magnitud de este desfalco al país, si se trasladan a cifras actuales las inversiones de Estados Unidos para reconstruir a Europa después de la II Guerra Mundial, estamos hablando de que el chavismo dilapidó el equivalente a 10 Planes Marshall.

Volvamos al 23 de enero

La irrupción de Juan Guaidó al proclamarse como presidente interino el 23 de enero de 2019 es una estrategia que se puede evaluar -un año después- con luces y sombras. Guaidó sigue siendo la principal referencia de liderazgo democrático para la mayoría de venezolanos, y aunque sin duda ha decaído la expectativa de que ocurrirá un cambio en el corto plazo, debe entenderse que estamos dentro de un proceso sociopolítico que aún no está acabado o concluido.

Maduro, aunque un año después esté en el poder, sigue luciendo insostenible en el largo plazo. Venezuela con Maduro en el poder es sencillamente inviable y su salida parece ser condición necesaria para que se desencadene una transición política y económica, una suerte de reconstrucción nacional en todos los ámbitos de la vida nacional.

Un año después de la proclamación de Guaidó, éste tendrá la ratificación de su legitimidad internacional con encuentros de alto nivel en Colombia y Europa. Ha quedado en claro que tal respaldo foráneo, por sí solo, no traerá el anhelado cambio. Sin embargo, sin ese respaldo claro del extranjero, tampoco habrá transición.

Así como el 23 de enero fue para millones de venezolanos una fecha icónica, porque ese día en 1958 se acabó una dictadura. Una nueva fecha símbolo, más temprano que tarde, será celebrada por quienes padecimos una nueva dictadura en el siglo XXI.

21-01-20




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