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lunes, 25 de noviembre de 2019

No regalar la calle ni las elecciones por @goyosalazar



Por Gregorio Salazar


En algún momento la presencia del pueblo opositor movilizado en la calle y las acciones de la Asamblea Nacional tendrán que converger, coincidir, complementarse siendo que las dos acciones persiguen el mismo objetivo de cambio yestán conducidas por el mismo líder: Juan Guaidó.

Si la AN está haciendo lo que constitucionalmente le corresponde para la conformación de un nuevo CNE que le dé seguridad y confianza a la población de cara a las elecciones legislativas y las sucesivas, dicho esfuerzo no puede estar huérfano de apoyo popular, de calor de calle, más cuando no tardarán en aflorar la incompatibilidad de las aspiraciones partidarias.

Es Guaidó quien dirige las discusiones en el seno de la AN, donde ya se integró pluralmente, esto es con el oficialismo, la comisión de diputados que a su vez escogerá los once miembros de la sociedad civil para la postulación de candidatos a rectores del CNE, y es Guaidó quien así mismo convoca a la población a la calle, como lo hizo el sábado 16 en un llamado nacional a la sociedad civil y el pasado jueves 21 con el movimiento estudiantil que marchó hasta Fuerte Tiuna para entregar un documento a la cúpula militar.

Guaidó ha dejado ver que no se llama a engaño sobre lo que será la conducta del régimen cuando se le exija dar las garantías necesarias para estructurar un CNE que permita “un proceso electoral creíble”, término usado por el Grupo Internacional de Contacto cuando se refiere a la búsqueda de soluciones para la crisis venezolana.“La jugada de ellos está cantada, van a poner todas las trabas posibles”, ha dicho el presidente interino.

Por ahora han avanzado los acuerdos. El segundo paso de la hoja de ruta es escoger los diez miembros del comité de postulantes que por ley pertenecen a la sociedad civil. Allí tampoco debería haber problemas.Estos vendrán cuando haya que entrarle a temas más de fondo como cuántos serán los miembros del CNE a elegir, aspecto en el que el oficialismo aparentemente no estaría dispuesto a ceder más de dos para mantener su control. O para evitar toda injerencia de la constituyente espuria y de un TSJ al servicio del oficialismo, que en años recientes han perturbado en grado sumo el campo electoral y siguen presentes.

En el caso de lograrse un acuerdo para la escogencia de los rectores quedará todavía por destrancar un cerrojo de marca mayor, la argucia del “desacato”, figura inexistente para un cuerpo legislativo, que mantiene secuestradas las facultades del Poder Legislativo, entre ellas la de aprobar la designación de los nuevos rectores.


La reinstitucionalización de entes clave del Estado es, en efecto, otra iniciativa ineludible, pues se trata nada menos de que todos los posibles candidatos y partidos políticos puedan participar, en un país donde las inhabilitaciones y persecuciones han diezmado a las organizaciones opositoras.

La actualización completa del registro electoral, incluyendo a los votantes jóvenes y a los venezolanos en el exterior y la enmienda del marco legal electoral para permitir el despliegue de misiones internacionales de observación electoral son otras dos grandes tareas pendientes, como bien lo ha señalado el GIC.

Pero, inocultablemente, el drama que viven los partidos mayoritarios de la oposición es la renuencia de una buena parte de la ciudadanía a acompañar la vía electoral. Es capaz de salir a la calle si lo convocan a la siempre frustrante marcha sin retorno, pero no tanto si el llamado es a presionar por garantías electorales. La fe en el voto como instrumento ha menguado ostensiblemente, dado el ventajismo brutal impuesto por la dictadura después de su derrota en las legislativas del 2015.

Por ahora, Guaidó parece tener asegurado un año más al frente de la AN y de la presidencia interina. Si el “cese a la usurpación” no se produce en 2020, esas posiciones de representación cesarían si se produce la abstención opositora en las elecciones legislativas del año próximo. Después de los fracasos de febrero y abril, el espejismo de los atajos para salir de Maduro se va desvaneciendo. Guaidó y la oposición que lo reconoce como principal líder están emplazados ante una ruta electoral llena de serios escollos.

24-11-19




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