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viernes, 18 de agosto de 2017

LAS FAN, EL PAÍS Y EL PODER, por @trinomarquezc



Trino Márquez 17 de agosto de 2017
@trinomarquezc

Desde 1958 hasta febrero de 1999, cuando Hugo Chávez se instala en Miraflores, Venezuela fue un país -una República, para ser más exacto- que contaba con unas Fuerzas Armadas encargadas de defender por aire, mar y tierra la soberanía nacional, resguardar las fronteras nacionales y garantizar la paz en el caso de que se desataran conflictos que no pudiesen ser controlados por la policía o la Guardia Nacional. Con el actual régimen esa ecuación se invirtió: desde hace casi dos décadas son las Fuerzas Armadas las que tienen un país bajo sus órdenes.

Venezuela se encuentra sometida a una camarilla compuesta de militares y civiles, desconectada de las necesidades e intereses de la mayoría nacional. Las Fuerzas Armadas se convirtieron en el principal sostén de una dictadura cada vez más agresiva y desembozada. Todos los demás soportes son adornos: el TSJ, el CNE, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo. Estos organismos podrían desaparecer sin que el régimen se perturbara. Maduro los mantiene para darle un brochazo de legalidad a su autoritarismo.

 La inscripción del general activo Marcos Torres como candidato a la gobernación del estado Aragua, se produjo utilizando las claves de la insolencia. El Psuv lo registró violando los artículos 328 y 330 de la Constitución porque le dio la gana. Así, a lo mero bestia. Porque la casta militar-política se siente dueña de Venezuela, lo mismo que sentía Juan V. Gómez. Quiere ridiculizar a la oposición y demostrar que es el ama del complaciente CNE, incapaz de reclamarle a ese sujeto que respete la Carta Magna, pero guapo con la MUD a la que le prohibió presentar candidatos en siete estados del país.

 Las Fuerzas Armadas han sido sometidas a un proceso de extranjerización jamás visto en Venezuela, ni siquiera en la época de Pérez Jiménez, cuando el tirano integraba la Internacional de las Espadas, promovida por los Estados Unidos en América Latina en el marco de la Guerra Fría y la lucha contra la expansión del comunismo, luego de concluida la Segunda Guerra Mundial. El dictador tuvo cierto decoro frente al gobierno norteamericano, a pesar de que los oficiales se formaban en la Escuela de las Américas en Panamá y en la Escuela de Chorrillos, Perú. En cambio, Maduro se postró ante los hermanos Castro. El tutelaje que las Fuerzas Armadas cubanas ejercen sobre Venezuela es inédito.

 Frente a las amenazas de Donald Trump hemos visto mucho fariseísmo. Es cierto que una invasión de las tropas estadounidenses al territorio venezolano resulta inadmisible. Pero, igualmente es inaceptable la arrogante presencia de los cubanos y los rusos en Venezuela. El hecho de que sean aliados del gobierno y que Maduro forme parte de un proyecto planetario en el que participan Putin, Castro y Bashar al-Ásad, no hace más simpática su injerencia. El Canciller ruso ´calificó de “inaceptable” la declaración de Trump. Lo que sí le parece muy aceptable es que Rusia siga surtiendo al gobierno venezolano de armas para apertrecharse en el poder, a cambio de las pocas divisas que ingresan a la nación, y que Maduro adopte esa conducta mientras la gente sigue yéndose del país o muriéndose  de hambre y mengua porque carece de alimentos y medicinas.

 A la cúpula militar le preocupa una hipotética y lejana agresión armada, pero no le importa la destrucción sistemática y cotidiana de la democracia y la nación por parte del régimen madurista. En realidad le interesa mantener su hegemonía dentro de un modelo que cada vez es más militarista y menos civil y republicano. La paranoia y el sadismo de los militaristas alcanzaron tales niveles de perturbación, que hasta un joven con un violín -el valiente y genial Wuilly Artega- los desequilibró. Los esbirros de la Guardia Nacional lo detuvieron y torturaron porque no toleraban las melodías que salían de su violín maravilloso. La barbarie no se entiende con el arte. Luego de haber sido librada la orden de excarcelación lo retuvieron en el cuartel de la GNB en El Paraíso durante varios días. La arrogancia militar no respeta ni las órdenes dictadas por unos jueces y tribunales apéndices de la dictadura.

 El cambio en Venezuela no podrá darse sin las Fuerzas Armadas, y menos contra ellas. Los militares forman parte de las fuerzas motrices del cambio. Son pieza fundamental de la reconstrucción nacionl, el respeto a la Constitución y la defensa de la democracia. Sin embargo, deben entender que Venezuela necesita las Fuerzas Armadas para prosperar; no que los militares, para prosperar, necesitan someter a Venezuela.

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