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domingo, 13 de agosto de 2017

Gloria en medio del caos, por @felixpalazzi



FÉLIX PALAZZI 12 de agosto de 2017
@felixpalazzi

La iglesia Católica está por celebrar la fiesta de la Asunción de María. Esta celebración ocurre en Venezuela en una situación de profunda tensión y caos. El país, como bien han sostenido algunos, “se ha convertido en un verdadero laberinto”. En medio de esta situación el gobierno juega su mejor carta, ya de sobra utilizada anteriormente: la polarización, la división y la desmoralización. Es en medio de este ambiente que surge para la iglesia Católica la celebración de esta fiesta mariana. Muchas veces difícil de entender y que se convierte en un verdadero dolor de cabeza a la hora de explicar. ¿Qué significa la Asunción de María? Y en especial ¿tiene alguna importancia en el contexto en el que estamos viviendo como sociedad?

Cada palabra...
 
Este último y controvertido dogma mariano proclamado en 1950 por Pío XII afirma que María luego de su tránsito terrestre fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celeste. Cada palabra de la formulación dogmática fue pensada y discutida antes de la declaración final. A nuestra mentalidad postmoderna la palabra dogma ya causa cierto rechazo. Lo cierto es que un dogma siempre es un punto de llegada y un punto de partida para iniciar la reflexión. Entender un dogma de esta forma es todo contrario a lo que normalmente se piensa desde la mentalidad fundamentalista y elemental. Lamentablemente para nosotros hay más dogmas en el gobierno que en la enseñanza de la Iglesia. Es decir, vivimos sometidos a ideas que son incuestionables e invariables. Lo peor es que, en medio de todo, algún cura declare infalible al gobierno mientras le niega esa misma infalibilidad a su propia Iglesia.

Discriminación e injusticias

El dogma de la Asunción declara un cuerpo humano glorificado, con cuerpo y alma, es decir total. Pero es el cuerpo de una mujer. Una mujer que en tiempos de Jesús y todavía en nuestro tiempo sufre discriminación e injusticias. María por el hecho de ser mujer era colocada al margen de la sociedad, en un papel ambiguo de propagar la vida pero a la vez causante del pecado. Esta actitud convivió en la iglesia Católica por muchos años y no solamente debemos adjudicarla a los tiempos de Jesús.

Por otra parte, María fue una condenada a muerte por la sociedad de su época desde su “Sí” a Dios hasta su muerte. Desde su “Sí” a ser una madre esposada, pero no conviviendo con José, el delito de llevar un niño en el vientre era condenado con la lapidación (se ha de hacer notar que era condenada la mujer pero no el hombre).

Luego quedar viuda era pasar a uno de los sectores más desasistidos de la sociedad. Los profetas recuerdan constantemente atender a la “viuda y al huérfano”.

Lo que Dios nos ofrece

En fin, cuando la Iglesia proclama la glorificación de este cuerpo de mujer que llevó en su vientre al Salvador del mundo indica qué tipo de salvación es la que Dios nos ofrece. Él hace su justicia no sólo al alma sino también a los cuerpos de todos los asesinados y marginados de la historia. Pues es claro que en sus cuerpos sufrieron la violencia de la represión y el sin sentido del odio. La Asunción es una fiesta de la esperanza en que la última palabra no es la frustración, ni el dolor o la muerte. La última palabra es de Dios porque de él es la Palabra por la que creó el mundo y se hizo carne. Su última y primera palabra es vida. En María nosotros, con esta fiesta, celebramos nuestro futuro y nuestra oferta última de salvación.

Félix Palazzi
Doctor en Teología
felixpalazzi@hotmail.com
@felixpalazzi