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martes, 8 de agosto de 2017

La convivencia y la solidaridad son una amenaza a la dictadura por @RobertoPatino


Por Roberto Patiño


Tres días después de la votación al fraudulento proceso constituyente nos encontramos con vecinos de La Vega. Aunque es una de las reuniones regulares dedicadas al programa Alimenta la Solidaridad, la conversación deriva, inevitablemente, en la constituyente y los hechos ocurridos ese domingo: vecinos que participaron en la consulta del 16-J tuvieron que asistir a la votación de la constituyente para seguir recibiendo las cada vez más escasas bolsas CLAPs. Quienes se negaron a participar han sido vetados de este denigrante sistema, agravándose su ya crítica situación familiar. Aquellos que trabajan en el sector público señalan cómo fueron coaccionados a participar y cómo, incluso, se les indicó por quienes debían votar.

Más tarde en El Valle participamos en un conversatorio con líderes locales y vecinos de diferentes urbanizaciones y comunidades de la zona de Zamora. A los graves problemas derivados de la crisis económica, que ahora se recrudece sobre todo con los altos precios de alimentos y productos básicos, se suman testimonios del hostigamiento y represión por parte de las autoridades. Al igual que con los vecinos de la Vega, la lectura que ellos le dan a lo que sucederá con la constituyente es la del agravamiento de los problemas actuales y el aumento de la represión, ligados al afianzamiento de la dictadura.

Estas apreciaciones nos llaman a la reflexión sobre esta nueva etapa del proceso dictatorial. Nuestro movimiento por la convivencia en las comunidades se enfoca, sobre todo, en los graves problemas de la violencia y la crisis alimentaria. Es un duro trabajo junto a las personas que ahora, en dictadura, se enfrentan a nuevas dificultades y peligros. Líderes comunitarios y agrupaciones locales son amenazados y hostigados por grupos paramilitares y cuerpos del Estado. Las violaciones a los DDHH se han incrementado en gran medida, y esto ha sido documentado tanto por organizaciones nacionales como internacionales.


Es la ampliación de la persecución política. El trabajo social implica generar dinámicas de participación y organización de la gente para solucionar problemas y mejorar condiciones de vida, transformando la realidad. Esto es completamente opuesto a un proyecto dictatorial, que busca establecer sistemas opresivos sectarios, impedir la libre actuación de personas y agrupaciones, y que, para someter y oprimir, supedita los ámbitos de la vida diaria al control estatal.

En dictadura la construcción de la convivencia y el ejercicio de la solidaridad son una amenaza al Estado. El empoderamiento de las comunidades es un acto de rebeldía.

Hemos mantenido en nuestro discurso e iniciativas que los agentes indispensables para la transformación social y la renovación de la democracia son las comunidades y los sectores de la clase media, articulados entre sí y con las demás fuerzas sociales, reconociendo necesidades comunes y soluciones inclusivas, y estableciendo nuevas relaciones con el Estado.

Hoy afirmamos que es en estas instancias donde reside la mayor fuerza para cuestionar a la dictadura. Una dictadura que ha decidido asumir los costos políticos del aislamiento internacional, la impopularidad y el descontento general, así como los de la militarización de la vida pública y el uso sin controles y criminal de la violencia. Sobre este marco absolutamente antidemocrático, que repercute sobre la vida de los venezolanos, deben reflexionarse y replantearse las formas de protesta y manifestación, así como la activación de nuevas maneras de participación e involucramiento. El mayor compromiso de los que pretendemos liderar social y políticamente es el de estar al lado de los venezolanos, con suma responsabilidad y conciencia, canalizando el mayoritario y diverso rechazo nacional y el reclamo de soluciones inmediatas a la crisis.

Al final de nuestra reunión en La Vega son claros la rabia y el descontento de las personas frente a los hechos del domingo 30. La dictadura ha violado los principios morales de la gente, al obligarla a actuar en contra de sus opiniones, humillándola al irrespetar su dignidad, chantajeando con la comida de sus hijos y la estabilidad de su trabajo.

Pero los vecinos allí reunidos continúan organizados para mantener el plan de alimentación y entre todos seguir trabajando para que mejore y se reproduzca en otros sectores. Ese es nuestro acto de rebeldía. No hemos asumido la tragedia de la dictadura desde el miedo y el desánimo. Somos conscientes de lo que significa para nuestras vidas y renovamos el compromiso asumido de cambio, para resistir y superarla.

Coordinador de Movimiento Mi convive
Miembro de Primero Justicia

07-08-17