Elvia Gómez 13 de enero de 2023
@elviagomezr
Un documento elaborado por 17
expertos del Wilson Center formula amplias recomendaciones sobre el proceso de
diálogo y señala que los mandatarios de Colombia, Chile y Brasil «pueden ser
más efectivos que Washington al presentar argumentos a favor de la
gobernabilidad democrática» dada su cercanía ideológica con Nicolás Maduro.
También plantean que «aunque algunos creen que aliviar el sufrimiento de la
población simplemente reduciría la presión sobre el gobierno de Maduro, siempre
es importante aliviar el sufrimiento y recordar que la miseria rara vez conduce
a la movilización popular»
El
Programa Latinoamericano del Centro Internacional para Académicos Woodrow
Wilson publicó esta semana un informe, elaborado por el experto en procesos de
transición hacia la democracia Abraham Lowenthal (University of Southern
California), titulado *Venezuela in 2023 and beyond: charting a new course (Venezuela
en 2023 y más allá: trazando un nuevo rumbo), en el que se presentan
recomendaciones para que el proceso de diálogo en México, que intenta adelantar
la Plataforma Unitaria Democrática con el gobierno de Nicolás Maduro, avance de
forma exitosa en beneficio de la calidad de vida de los venezolanos y de la
consecución de mejoras en materia política y económica.
«Las
negociaciones ahora deben comenzar a partir de los principios acordados
anunciados en 2021 y reafirmados el 26 de noviembre de 2022», indica el
documento.
Dejan claro que si bien ven «potencial para avances en estas negociaciones, especialmente si Estados Unidos continúa brindando incentivos, incluido el alivio de sanciones», ese proceso no eliminará «rápidamente los profundos resentimientos entre los venezolanos» ni producirá «recuperación económica inmediata» ni «gobernabilidad democrática efectiva de un año a otro».
El
análisis destaca en sus conclusiones que los presidentes de izquierdas Gustavo
Petro (Colombia), Gabriel Boric (Chile) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) «tienen
credibilidad democrática y canales directos con el gobierno de Maduro» y
podrían ayudar a los avances porque «sus perspectivas probablemente serían más
convincentes que las advertencias de los Estados Unidos u otros países fuera de
la región».
«El
gobierno de los EE. UU. debe alentar respetuosamente la participación
latinoamericana de este tipo, no por decreto o presión, sino reconociendo que
estos países pueden ser más efectivos que Washington al presentar argumentos a
favor de la gobernabilidad democrática. Podrían convertirse en un nuevo
«grupo de amigos» para acompañar las negociaciones».
El
documento advierte que los Estados Unidos ha cambiado su esquema de «máxima
presión» contra la administración de Maduro porque es contraproducente para el
objetivo de las negociaciones, «pero hasta ahora se ha mostrado reticente a
explicar en detalle su política hacia Venezuela».
«No es
probable ni justificable una escalada renovada de medidas coercitivas severas
por parte de Estados Unidos; ese enfoque solo endurecería las hostilidades».
«El
gobierno de los EE. UU. también debe brindar asistencia generosa a los países
que están absorbiendo refugiados de Venezuela, y debe continuar brindando
estatus de protección temporal a los migrantes venezolanos en los Estados
Unidos».
Los
expertos también recomiendan a «la oposición democrática no perder de
vista la probable utilidad de organizar manifestaciones callejeras ocasionales,
no para derrocar al gobierno, sino para aumentar la influencia de la oposición.
Combinar presión y concesiones, de diferentes maneras y en diferentes momentos,
suele ser una estrategia valiosa para las negociaciones».
Sugieren
un «liderazgo político hábil», «paciencia y persistencia estratégicas» y tener
presente que así como llegar a la crisis nacional llevó años, revertirla
también tomará tiempo. «Los negociadores y sus aliados internacionales no deben
esperar resolver todos los problemas del país a la vez». Asimismo, alertan que
«los negociadores deben equilibrar la confidencialidad de la negociación con
esfuerzos para involucrar a los partidos políticos venezolanos, la sociedad
civil y el público en el proceso» de diálogo.
«Las
transiciones democráticas y los esfuerzos de consolidación de la paz a menudo
prosperan cuando se involucran amplios sectores de la sociedad. Su
participación ayuda a garantizar que cualquier acuerdo aborde las necesidades
de la población». El grupo de expertos recomienda «no abrir conversaciones
confidenciales a la vista del público, sino proporcionar informes periódicos
que generen confianza en los negociadores y su trabajo».
Los
mencionados son algunos de los aspectos contenidos en el informe más reciente
del Grupo de Trabajo de Venezuela del Centro Wilson, una colección diversa de
expertos, incluidos académicos y exaltos funcionarios gubernamentales de varios
países. El grupo emitió su primer informe importante en noviembre de
2021, La democratización en Venezuela: nuevos senderos para el cambio
político, elaborado por Michael Penfold, profesor de políticas públicas
y planificación estratégica (IESA),
precisa la introducción del documento reciente.
Además
de Lowenthal y Penfold, suscriben el análisis otros 16 estudiosos de los
procesos políticos, estratégicos y de negociación, a saber: Cynthia Arnson
(Wilson Center), Paul Joseph Angelo, PhD, Javier Corrales (Amherst College),
Larry Diamond (Stanford University), Laura Gamboa (University of Utah) Benjamin
Gedan (Wilson Center), Sergio Jaramillo (Instituto Europeo de la Paz), Maryhen
Jimenez (Oxford University y Wilson Center), Miriam Kornblith (National
Endowment for Democracy), Jennifer McCoy (Georgia State
University), Keith Mines (United States Institute of Peace), Francisco Monaldi
(Rice University), John Polga-Hecimovich (U.S. Naval Academy), Christopher
Sabatini (Chatham House), David Smilde (Tulane University) y Harold Trinkunas
(Universidad de Stanford).
«Negociaciones
duras sobre cuestiones concretas»
En
análisis habla de que el oficialismo ganó terreno en Venezuela «debido a los
errores de juicio de las facciones maximalistas de la oposición y sus
patrocinadores internacionales, particularmente en el gobierno de los Estados
Unidos». Ahora, el centro de las negociaciones debería ser «primero en el
terreno común enfatizado en el Memorando de Entendimiento de 2021: aliviar la angustia
humanitaria, liberar a los presos políticos, proteger los derechos humanos y
políticos, comenzar a reconstruir la economía de Venezuela y reconstruir la
gobernabilidad democrática efectiva».
La
siguiente etapa abarca «las condiciones para las elecciones presidenciales
anticipadas de 2024 y las elecciones legislativas y municipales de 2025, y
reinstitucionalizando el Estado venezolano al mismo tiempo que se fortalece una
red vigorosa de organizaciones de la sociedad civil. En cuanto a las elecciones
de 2024 y 2025, el objetivo debe ser asegurar que los partidos de oposición
puedan competir libremente».
El
Grupo de Trabajo de Venezuela calibra que «Maduro y al menos algunos de sus
colegas entienden que los venezolanos aún están a favor de las elecciones democráticas. Las
elecciones libres y justas podrían proporcionar una base más estable y legítima
para gobernar que la autocracia y la represión».
«La
situación en Venezuela ha cambiado y el contexto internacional también. Estos
hechos requieren respuestas estadounidenses nuevas y diferentes. Estados Unidos
debe participar activamente en el asesoramiento y apoyo al compromiso y la
coexistencia democrática. Debería tratar a la administración de Maduro y la
Plataforma Unitaria como los actores políticos más relevantes en Venezuela y
ayudar a crear espacio para toda la gama de partidos y organizaciones no
violentas, incluidas las asociadas con el chavismo. Tratar a los
chavistas democráticos y respetuosos de la ley como participantes legítimos en
la vida pública y política venezolana será esencial para cualquier resultado
democrático».
Las
partes deberán llevar adelante «negociaciones duras sobre cuestiones
concretas», «eso requiere coraje, paciencia estratégica. Muchas transiciones
negociadas de gobiernos autoritarios y arreglos de conflictos difíciles, en
América Latina y en todo el mundo, tardaron años en lograrse. Venezuela no se
transformó de la noche a la mañana de una sociedad pacífica, democrática y
relativamente próspera (aunque muy desigual y corrupta) a una nación polarizada
y violenta con pobreza y hambre generalizadas, infraestructura educativa y de
salud pública gravemente debilitada y emigración masiva. Tampoco se debe
esperar que se recupere de la noche a la mañana».
En
materia electoral, el Wilson Center aboga por poner en práctica las reformas propuestas por la misión de observación electoral de
la Unión Europea de 2021.
«El
gobierno de Maduro y la Plataforma Unitaria deberían invitar conjuntamente a
Europa a un monitoreo, incluidas visitas periódicas de monitoreo preelectoral,
que comience lo antes posible. Debería invitarse a observadores
latinoamericanos y canadienses para complementar a los de la Unión Europea.
Temas complejos deben ser resueltos en coordinación con el Consejo Nacional
Electoral, incluyendo el registro de venezolanos en el país y en el
exterior y el establecimiento de instalaciones consulares para facilitar
la participación de venezolanos en el exterior, especialmente en los países con
mayor número de refugiados venezolanos y migrantes, Colombia, Perú, Chile,
España y Estados Unidos. Esto debería ser una prioridad».
El
informe, además alerta sobre los detractores de la negociación que
«probablemente atacarán el proceso sin presentar ninguna alternativa real,
quizás porque no están comprometidos con un acuerdo negociado y prefieren
cambios inmediatos, en lugar de graduales, y con frecuencia solo a su favor. No
se debe permitir que tales ataques, de uno o ambos lados, descarrilen las
negociaciones».
«Quienes
participan activa y sinceramente en las negociaciones y desarrollan relaciones
de trabajo constructivas con sus contrapartes no deben ser atacados
como apaciguadores o traidores, ni como ingenuos. Son en general realistas y
patriotas, cada uno haciendo su parte para resolver conflictos profundos,
paso a paso, y para promover los intereses de Venezuela y sus ciudadanos».
«Ningún
camino está libre de riesgos en circunstancias tan conflictivas. Sin embargo,
todos los actores relevantes ahora deben asumir los riesgos de explorar
completamente un camino negociado hacia una genuina gobernabilidad democrática,
una coexistencia respetuosa y una recuperación económica en Venezuela, después
de tantos años de polarización, represión y privaciones»


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