Trino Márquez 14 de marzo de 2024
@trinomarquezc
La
inhabilitación de María Corina Machado persigue proyectar la imagen de que el
régimen posee el control absoluto del Estado y que sus instituciones funcionan
de forma acompasada, como un mecanismo de relojería, de manera que las
decisiones tomadas por la cúpula del Gobierno y el PSUV son cumplidas sin
chistar por sus delegados en los organismos públicos.
A la Contraloría General le ordenaron hace algunos años sancionar a MCM. El mandato fue cumplido. Luego, en su debido momento, el dictamen fue elevado para su ratificación al Tribunal Supremo de Justicia. Ese cuerpo de forma diligente lo hizo. El TSJ, a su vez, le exigió al Consejo Nacional Electoral que ejecutase la sentencia y este sin tardanza la acató. Ningún poder apeló a su hipotética independencia para demandar alguna explicación a los otros poderes o convocar a MCM para que diese su versión de los hechos que se le imputaban y ejercer el derecho a la defensa. La disposición de Miraflores y la cúpula del PSUV fue aplicada por los subordinados al igual que si se tratase de un decreto imperial.
La
inhabilitación de la candidata de la oposición busca, además, fomentar el
desánimo, la frustración y desmoralización entre los votantes. Sembrar la idea
de que el régimen es inamovible, por las buenas o por las malas, y que cualquier
intento por sustituirlo está condenado al fracaso. Frente a esa fatalidad, solo
queda la resignación o la huida por Maiquetía, por el Darién o por cualquier
otra vía que a la desesperación popular se le ocurra.
Esta
visión –que muchas veces es presentada como ‘realista’ por quienes la asumen-
hay que combatirla sin tregua. Así como el Gobierno le ha puesto la situación
muy difícil a la oposición, esta debe hacer lo propio con el régimen. Los
brochazos de democracia que este trata de dar con los comicios del 28 de julio
y la legitimidad internacional que Nicolás Maduro busca con ellos, deberán
quedar como intentos frustrados ante la comunidad internacional, si no se
respetan los acuerdos unitarios de la oposición.
La
batalla por lograr que sea MCM la candidata opositora, lo más probable es que
se pierda por el miedo de la maquinaria chavista-madurista a medirse con una
líder que obtuvo dos millones y medio de votos en una elección tan asediada
como fue la Primaria de octubre del año pasado. Pánico es lo que siente Maduro
ante una dirigente nacional que en cada lugar que llega despierta fervor entre
los más pobres y necesitados, que son la inmensa mayoría del país. Maduro
prefiere el careo con un aspirante que desate menos entusiasmo en la población.
Dado
el dominio que posee de los órganos del Estado, lo más probable es que la
oposición deba optar por un aspirante de consenso que –identificado con MCM y
con el aval de ella- asuma la representación de ese inmenso sector al que se le
ha negado el derecho de concurrir con la candidata más votada en la Primaria.
Por cierto, la única convocada, pues Maduro fue electo por ‘aclamación’.
A ese
candidato, o candidata, Maduro tendrá que respetarlo. No puede aceptarse que el
líder del PSUV vete los potenciales aspirantes opositores y que sea él quien
elija al abanderado que representará a los millones de ciudadanos que buscan
cambiar el Gobierno por la vía electoral.
Los
países firmantes del Acuerdo de Barbados –que hasta ahora han guardado un
silencio sepulcral con respecto de la arbitrariedad perpetrada contra MCM- y
los demás miembros de la comunidad democrática internacional, tendrían que
denunciar y enfrentar la impostura del régimen, si este decide –tal como
ocurrió en Barinas con la esposa de Luis Superlano- inhabilitar a quien ocupe
el lugar dejado a la fuerza por MCM.
Ya la
agresión contra ella ha sido suficientemente grave para que el Gobierno
pretenda desencadenar una cacería de brujas contra todo aquel escogido por la
Plataforma Unitaria Democrática para sustituir a la líder de Vente Venezuela y
de gran parte del país. Ese fue el camino transitado por Daniel Ortega en
Nicaragua. La diferencia es que Ortega se convirtió en tirano sin buscar la
aprobación de los países de la región y del mundo. No disimuló ni hizo fintas
de ningún tipo. Maduro ha querido ser más refinado. Para la cita de julio dice
haber invitado a la Comunidad del Caribe (Caricom), al Panel de Expertos de las
Naciones Unidas (ONU), a la Unión Europea (UE) y al Centro Carter, entre otros
organismos, para que validen los resultados que surjan de las urnas.
La
oposición tendrá que exigirles a los representantes de esos organismos que
cumplan con su deber. Que no se comporten como celestinas de un Gobierno que ya
cercenó la voluntad popular al imposibilitar que MCM concurra como candidata.
El aspirante apoyado por la líder inhabilitada tendrá un alto chance de
triunfar –así lo señalan todas las encuestas- e iniciar la transición hacia la
recuperación de la democracia.
Con
convicción y firmeza la PUD puede convertir en victoria el 28J el revés que ha
significado el atropello contra MCM.
Trino
Márquez
@trinomarquezc


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