Orlando Viera-Blanco 12 de marzo de 2024
@ovierablanco
Las
lecturas del historiador Françoise Dosse refrescan el pensamiento francés de la
segunda mitad del siglo XX. Dosse asume el desafío de historizar-panorámica y
sistemáticamente-la aventura histórica y creativa de los intelectuales
franceses en el periodo entre la liberación del yugo nazi y el bicentenario de
la Revolución francesa, caída del Muro de Berlín [1789-1989].
De la lectura introductoria de su obra “la Saga de los intelectuales franceses [1944-1989]”, denotamos su preocupación por una intelectualidad que ha asumido la historia desde un adelgazamiento metodológico que reduce el análisis crítico y la construcción del futuro a un acentuamiento selectivo de hechos del pasado. Nunca el ideal comunista fue tan exitoso en derrotar el liberalismo económico, pero ineficaz en lo económico. Por el contrario, nunca el liberalismo ha sido eficaz para rescatar la relación del individuo con el estado, siendo que en lo económico aún queda mucho en el tintero elaborar [Bertrand Russell]. Es la deuda de los intelectuales de occidente con la humanidad.
El
estructuralismo une el pensamiento literario-lingüístico de Nietzsche y
Barthes, la antropología de Levi-Strauss o el psicoanálisis de Freud, con el
fin de “corroborar” el conocimiento mediante la estrategia de la sospecha y el
desvelamiento de la mala fe, incapaz de producir dogmas. Todo es discutible. Un
palmario avance evolutivo en la metodología del autoconocimiento.
Dosse
“denuncia” que es tarea de los intelectuales del siglo XXI, “asumir sus
responsabilidades” [Dixit Hans Jonás]. Y nos preguntamos ¿Qué ha sucedido con
los intelectuales en Venezuela? ¿Acaso se han quedado aferrados a un silencio
ruidoso, al dogma portátil del socialismo redentor? ¿Es la retina de un
espíritu crítico por la fe pobrecitista, la literatura de la victimización del
buen salvaje o la poesía al servicio de la muerte o de las sombras?
Al
decir de Maurice Blanchot, “no me encuentro entre quienes depositan con el
corazón satisfecho, la losa funeraria sobre los intelectuales”. A fin de
cuentas, no deseo huir de mis responsabilidades. Pero si es tiempo de no pasar
por alto otras obras, otras tendencias, otros desafíos liberales.
La
primavera francesa de mayo 1968
Se
conoce como Mayo francés o Mayo de 1968, la cadena de protestas
estudiantiles-principalmente universitarias y luego sindicales-sucedidas en
París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de protestas
espontáneas fue iniciada por grupos estudiantiles contrarios a la sociedad de
consumo, el capitalismo, el imperialismo, el autoritarismo y aquellos que en
general, desautorizaban las organizaciones políticas y sociales de la época,
como los partidos políticos, el gobierno, los sindicatos o la propia
universidad. Y explotó la intelectualidad francesa por medio siglo, al
corriente del ser social existencial, seducido por la fuerza marxista
revolucionaria o la esencia del yo-colectivo.
Este
movimiento-barnizado de una izquierda irredenta-hizo su trabajo. Un pensamiento
hipercrítico que no encontró del otro lado de la historia, una respuesta
oportuna, ilustrada y elaborada de un liberalismo en talegas que aún no llega a
la adultez. No es de extrañar que se hable del “silencio de los intelectuales”
para encarar aquellos que se apropiaron “de darle sentido al poder y la vida”
bajo las tesis de l’abolition de la société de clase [fin de la lucha de
clases].
Al
movimiento estudiantil pronto se unieron grupos de obreros industriales, los
sindicatos y el Partido Comunista Francés. Una huelga general de la historia de
Francia y Europa occidental, secundada por más de nueve millones de
trabajadores. El grueso de las protestas culminó cuando De Gaulle anticipó
elecciones que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio de 1968, las cuales ganó con
Unión Demócratas por la República con un 38% vs. El Partido Comunista que bajó
a un 20%. Sin embargo, De Gaulle desaparece de la vida política al perder el
referéndum por la regionalización en 1969. Avanza el Estado de l’Humanité y
Combat.
Es la
crónica de movimientos y grandes retos de intelectuales de vocación hegemónica
y contestataria. Un movimiento de estudiantes que pasó de 23.000 en 1945 a
800.000 pupilos en 1975, cuadruplicando la planta de profesores entre 1960 y
1973. Surge una demanda editorial intensa, representada en decenas de revistas,
miles de libros, foros y periódicos. Ello marcó el “funeral intelectual” de
aquellos intelectuales llamados a reivindicar un pasado de tradiciones y
libertades modernas.
Entre
movimientos estructuralistas y existencialistas, los intelectuales al decir de
Albert Camus [en su discurso de Oslo al recibir el premio nobel] se sentían con
la responsabilidad de rehacer el mundo. No lo lograron. Pero la misión ahora,
debe ser menos pletórica y utópica para impedir que se deshaga.
De
prosa en prosa. Nuestros intelectuales en Venezuela…
Aterrizando
en la historia contemporánea de Venezuela, en un país que pasaba de casas
muertes a balancines de oro negro, sus intelectuales se mecían entre Marx, Gramsci
y de vez en cuando Dostoyevski, el jesuita Sommet, el irreverente Camus o el
surrealista Aragón. A partir del alumbramiento de nuestra democracia pactada,
muchos de nuestros intelectuales de la generación del 28, 38 y el 58,
intentaron defender un futuro culturalmente urbano, educado y romántico.
Nuestra
historia se edificada entre sables, alzados, petróleo y el mito del dorado, el
ser pobre-rico-excluido. Uslar se cansó de sugerir la siembra del petróleo,
pero no lo hacía desde la tribuna literaria sino desde la narrativa política
tildada de un criticismo inoportuno. Durante todo el siglo XX y lo que va del
XIX, Venezuela no ha perdido su fascinación por el hombre a caballo. Una
generación de los nuevos mandarines, donde muchos de nuestros intelectuales
querían ser jinetes.
La
década del ’60 vivió una serie de cambios a nivel mundial que llevaron al
cuestionamiento de occidente. Triunfa la Revolución cubana y el auge de
movimientos izquierdistas en Latinoamérica. Un amplio movimiento
anti-imperialista. Los intelectuales de esta era construían la tumba de una
historia clásica y noble como la ateniense o la revolución francesa para fundar
un nuevo paradigma a partir del presentismo. Es lo que hace que el presente se
presente así mismo sin otra oferta social que borrar el pasado y convertir el
poder, en un presente anquilosado de tiranía de las masas. Y como dice
Fukuyama, desde 1989 “se pone fin a la historia”.
Sepultando
la IV República sin que nazca la V
Muchos
de nuestros intelectuales al servicio de un ideal democrático, también apelaban
a un criticismo cortesano, intrigante, que maquinaban en secreto.
La
célebre tesis materialista de Marx “que el ser social determina la conciencia,
tanto la social como la individual”, aparecía como un marcaje indeleble. Es el
hechizo por el materialismo histórico donde los hombres hacen la historia, pero
la historia también los hace a los hombres. Lo falaz de esta sentencia-era y lo
es-que el pensamiento dialéctico niega y destruye la historia, porque la
deforma arruinando la consciencia y la moral del individuo inteligente y capaz.
La
poesía como ejemplo de expresión crítica-lírica y sonora-quedaba influenciada
al encanto del ser social. ¿Qué sucede cuando lo lírico se convierte en un
sublime mensaje de dolor y muerte? Se pierde el arte del ser-yo-ideal, que es
ser-luz de uno mismo. Los movimientos intelectuales en Latinoamérica-invadidos
de venas abiertas de existencialismo proletario y lucha de clases han inoculado
plomo y oscuridad a la consciencia individual. El ser social que se inmola por
una revolución con fachada salvadora.
Poetas
como Vicente Gerbasi y su Grupo Viernes, acompañados de ilustres trovadores
como Pascual Venegas, Luis Fernando Álvarez, José Ramón Heredia, Óscar Rojas
Jiménez, Ángel Miguel Queremel, Otto de Sola y el crítico Fernando Cabrices, se
sitúan en la «generación de 1938». Su ingenio fue su lucha contra la barbarie y
la vergüenza de ser un hombre sin valor, sin espíritu. La soledad y el olor
añejo de la tierra oprimida, se siente y resiente en el peso de un amor
imposible, cuando no somos viento y luz. ¿Pero podía esa prosa ser liberal?
Lo
mismo ocurre con la generación poética de 1958. Alfredo Silva Estrada, había
publicado De la casa arraigada en 1953 […] “Un mundo en ruinas como un insecto
que cohabita con su sombra y una casa arraigada”. La belleza de esta prosa está
en el coraje del ser que derrota todos sus miedos, pero no se libra de la
vulnerabilidad del sufrimiento. Si acaso lo comprende…
Rafael
José Muñoz, colaborador de la revista Nacional de Cultura, en su regio libro
Los pasos de la muerte, nos obsequia una desconcertante exploración de la
muerte como presencia cotidiana. Y entre humor y parodias escribe: “Por aquí
viene la muerte caminando con su pesada carga de cabellos…”. Un año antes
habían matado a su mejor amigo: Leonardo Ruiz Pineda [1952]. Su prosa-inundada
de justificado dolor-no podía ser más que un canto a la América encadenada por
ruedas de frío hierro, grilletes que amarraron sus muñecas docena de veces, en
las mazmorras de Pérez Jiménez.
Cómo
“no mandar al carajo” y zarandear el cuello con la corbata a su camarada Rómulo
Betancourt, cuando le quisieron “disciplinar” su candidatura. ¿Podían nuestros
poetas, nuestros hombres avergonzados por tanta tiranía de la memoria, parir
ideas o disciplinas de fe liberal?
¿Quién
nos habría podido conducir a una prosa alejada de tirria, una sociedad jubilada
de un hipercriticismo a lo liberal? Por eso Neruda describió a Rómulo
Betancourt como un queso «cuadrado por fuera y opaco por dentro». Ludovico
Silva resume esta cita así: “[…] Con Betancourt apareció la violencia social y
política; con él se devaluó el bolívar; con él, la clase media venezolana
experimentó un impresionante ascenso histórico; con él también creció
abrumadoramente la clase social de los marginados, los expulsados del aparato
productivo, los sarnosos, los llenos de mierda hasta la nariz; con él, apareció
la poesía. Porque eso significó la poesía para la generación de 1958: mierd…”.
Pues
bien, en ese pozo pestífero, arrastrados por una memoria resentida y la
ausencia de una moderna oferta liberal que redefina el trato del individuo con
el estado, desandamos caminos. Es el silencio de los intelectuales, del
ser-ciudadano, por un mundo nuevo y esplendoroso.
Esa es
la saga de los intelectuales de occidente que tratan de emanciparse de un
pasado existencialista embriagado de Estado-social. Es nuestra saga. Construir
una Venezuela feliz y próspera, nuevos métodos que definan la relación del
individuo con un estado, libre de odios y mandarines. ¡Hagamos ruido!
Orlando
Viera-Blanco
@ovierablanco


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