Opus Dei 14 de enero de 2023
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Comentario del 2º domingo del Tiempo
ordinario (Ciclo A). "Vio a Jesús venir hacia él". Jesús se adelanta,
nos busca, viene a nuestro encuentro para quitarnos el peso del pecado y darnos
la vida eterna.
Evangelio
(Jn 1,29-34)
Al día
siguiente vio a Jesús venir hacia él y dijo:
—Éste
es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Éste es de quien yo dije:
"Después de mí viene un hombre que ha sido antepuesto a mí, porque existía
antes que yo". Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para
que él sea manifestado a Israel.
Y Juan
dio testimonio diciendo:
—He
visto el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él.
Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: "Sobre
el que veas que desciende el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien
bautiza en el Espíritu Santo". Y yo he visto y he dado testimonio de que
éste es el Hijo de Dios.
Comentario
A
orillas del Jordán, Juan Bautista predicaba a personas de toda condición un
bautismo de penitencia para preparar la llegada del Mesías. Y cuenta el
evangelio según san Juan que, cuando el Bautista vio llegar por fin a Jesús
ante él para bautizarse, lo anunció en voz alta otorgándole un título
misterioso y solemne que sigue pronunciando la liturgia romana en Misa antes de
comulgar: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
La
imagen del cordero, con su aspecto manso y revestido de lana blanca, resultaría
muy familiar para cualquier judío contemporáneo de Jesús. Muchos se habrían
criado en zonas de campo donde abundaban las piezas de ganado como ésta.
También guardarían en su memoria el pasaje del profeta Isaías que presentaba al
siervo del Señor como un cordero que se deja sacrificar sin quejarse para
librarnos de todos los males (Is 53,7).
Todos
los años, los judíos piadosos peregrinaban a Jerusalén por la fiesta de la
Pascua y se acercaban al Templo para escoger al menos un cordero por familia,
para inmolarlo y comer la pascua por la noche. El cordero debía ser macho, de
un año y sin defecto, y no se le debía quebrar ningún hueso; todo como
estipulaba la Ley de Moisés (cfr. Éxodo 12,1ss). También debía ser sacrificado
entre dos luces, es decir, a medio día; y tenía que comerse de pie, ceñidas las
cinturas, con panes ácimos, y untando con su sangre las jambas de las puertas,
para conmemorar el paso del Señor, en Egipto, cuando la última plaga mató a
todos los primogénitos que no habían sido protegidos con la sangre de los
corderos inmolados.
Anunciando
al Mesías como Cordero de Dios, el Bautista revelaba aspectos esenciales de su
misión redentora. Como explica Benedicto XVI, “la expresión ‘cordero de Dios’
interpreta, si podemos decirlo así, la teología de la cruz que hay en el
bautismo de Jesús, de su descenso a las profundidades de la muerte”[1]. El cordero pascual que
conmemoraba la liberación de Egipto, empezaba en el Jordán a revelarse como la
prefiguración del verdadero cordero, inocente y manso, que sería inmolado a
medio día en la cruz por todos los hombres, para liberarlos del pecado con su
sangre derramada. Esta misión era asumida por Jesús con su bautismo en el
Jordán.
Sobre
esta expresión del Bautista para referirse a Jesús, “cordero de Dios que quita
el pecado del mundo”, el Papa Francisco comentaba en una ocasión que “el verbo
que se traduce con ‘quita’ significa literalmente ‘aliviar’, ‘tomar sobre sí’.
Jesús vino al mundo con una misión precisa: liberarlo de la esclavitud del
pecado, cargando sobre sí las culpas de la humanidad. ¿De qué modo? Amando. No
hay otro modo de vencer el mal y el pecado si no es con el amor que impulsa al
don de la propia vida por los demás”[2].
Y
“¿qué significa para la Iglesia, para nosotros, hoy, ser discípulos de Jesús
Cordero de Dios? —se preguntaba también el Papa Francisco—. “Significa poner en
el lugar de la malicia, la inocencia, en el lugar de la fuerza, el amor, en el
lugar de la soberbia, la humildad, en el lugar del prestigio el servicio”[3].
[1] Benedicto
XVI, Jesús de Nazaret. Desde Bautismo a la Transfiguación, La
Esfera de los libros, Madrid 2007, p. 45.
[2] Papa
Francisco, Ángelus, 19 de enero de 2014.
[3] Idem.
Tomado
de: https://opusdei.org/es-ve/gospel/


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