Francisco Fernández-Carvajal 27 de
septiembre de 2018
— Vivir el momento presente.
— Realizar con plena atención las tareas que tenemos
entre manos.
— Evitar preocupaciones inútiles.
I. Muchas son las
tareas que hemos de realizar para presentarnos ante nuestro Padre Dios con las
manos llenas de fruto. La Sagrada Escritura nos enseña, en una de las lecturas para
la Misa de hoy, que todo tiene su tiempo y su momento. Las
circunstancias y acontecimientos de la vida forman parte de un plan divino.
Pero hay veces en las que el hombre no acierta a comprender ese querer de Dios
sobre sus criaturas y no encuentra el tiempo oportuno para cada cosa. Con
frecuencia los hombres ponen su interés lejos de la labor que tienen entre
manos: el padre puede vivir ajeno a los hijos cuando, además de estar
físicamente presentes, requerían una mayor atención a sus problemas, a sus
motivos de alegría o de preocupación; el estudiante en ocasiones tiene la
imaginación fuera de la asignatura que ha de aprobar y desaprovecha un tiempo
que luego echará de menos, quizá con preocupación y angustia. «El tiempo es
precioso, el tiempo pasa, el tiempo es una fase experimental de nuestra suerte
decisiva y definitiva. De las pruebas que damos de fidelidad a los propios
deberes depende nuestra suerte futura y eterna.























