Vanessa Davies 17 de junio de 2024
Elogia
a María Corina Machado: «Es una demócrata del tipo bondadoso del que está
dispuesto a dar». Afirma que para Venezuela viene una larga negociación que no
termina el 28 de julio, e insiste en que las transiciones las manejan los
políticos porque se hacen con la cabeza y no con el razón o las vísceras
Cómo no va a ser un luchador Rafael Guerra Ramos si, cuando tenía ocho años, cargaba latas de agua para saciar la sed de su casa y para venderlas a sus vecinos, y se iba, un niño delgado y empapado, a las clases en la escuela de Pariaguán (Anzoátegui). Ese pequeño que nació en El Alacrán (Guárico) y que fue arrastrado, como tantos campesinos, por el vendaval petrolero de oriente, asegura que nació para la lucha. Enfrentado a Pérez Jiménez en los años 50, y como guerrillero contra los gobiernos adecos en los años 60, le hizo honor al Guerra de su apellido; y sigue en el altar de los peleadores a sus 94 años de edad.
En
mayo pasado se presentó en Caracas una nueva edición del libro «La lucha que no
acaba. Vida política de Rafael Guerra Ramos», escrito por la periodista y
politóloga María Teresa Romero. «Guerrita», como se lo conoce en el mundo
partidista, conversa un mes después con contrapunto.com y confiesa, de entrada,
sus dos desgarramientos vitales: el ingreso al marxismo-leninismo y la salida
del Partido Comunista de Venezuela (PCV), una religión-familia, para constituir
el Movimiento Al Socialismo (MAS). Del MAS se apartó cuando el partido naranja
decidió apoyar a Hugo Chávez. A la distancia, califica a Chávez como el típico
llanero mentiroso y muy inteligente.
«Para
mí, el ingreso al marxismo-leninismo fue un desgarramiento. Para mí, la salida
del instrumento político del marxismo-leninismo fue un profundo desgarramiento
físico y mental. Soy una persona de sentimientos profundos; cuando siento,
siento», comenta.
Su
partida del PCV lo enfermó. «Mi retirada me causó una patología. Tuve una
erupción terrible, muchas manifestaciones. Me paré de la cama. Estaba en
Barquisimeto y me vine con un amigo del comité central, como yo, que sí se
quedó en el PCV». Resolvió asumir, ante sus compañeros, las razones de su
marcha, convencido de que, si entró por la puerta grande, debía salir de la
misma manera. Ese amigo le dijo que lo provocarían, y replicó: «No importa. Ahí
están mis amigos, mis hermanos de toda una vida. En esa lucha hemos arriesgado
la vida, hemos pasado por cárceles y torturas, y quiero que me vean la cara la
decirles por qué me voy. Fue así. Ingresé con mucha fiebre. Un amigo médico,
cuando me vio, me dijo ‘estás loco’. Le contesté: ‘Vengo a despedirme de ustedes’.
Así fue. Hablé menos de cinco minutos, los tenía a todos enfrente: Jesús
Farías, los Machado, los hermanos García Ponce; todos me vieron entrar al
partido cuando era un muchacho. Les dije ‘vengo a despedirme de ustedes porque
entré por esa puerta y por esa puerta quiero salir, y quiero decirles que
siguen siendo mis hermanos de siempre’. Los Machado me querían muchísimo, en el
exilio yo comía en su casa. Te cuento eso para que decirte que nunca fui un
advenedizo, que arriesgué mi vida muchas veces».
Fue
torturado durante el régimen de Marcos Pérez Jiménez y durante el gobierno de
Raúl Leoni (Acción Democrática). Cuando rememora la tortura, baja la cabeza,
mira al suelo y afirma que una persona nunca se recupera de eso. Recuerda la
primera: «Me sacaron de la cámara de tortura para un hospitalillo, con las dos
clavículas rotas, cinco costillas rotas. Una enfermera, cuyo rostro lo tengo
aquí (se toca la frente), se convirtió en mi ángel de la guarda. Mis
necesidades físicas no las podía resolver por mí mismo. Ella tuvo que hacer
todo por mí». También regresa la segunda: «Estuve 40 días secuestrado en un
campamento antiguerrillero, nadie sabía dónde estaba. A los 40 días aparecí
porque el fiscal general de la República, un tocuyano de apellido Losada, intervino.
Éramos más de 100 desaparecidos, nos concentraron en el cuartel Corpahuaico, y
fuimos entrevistados uno por uno por mi amigo Losada».
Considera
que Leoni le entregó a la Fuerza Armada el combate de las guerrillas, con las
consecuencias de represión, muerte y desapariciones. «Militarizaron todo el
país. Totalmente».
Hugo
Chávez: Un llanero típico
No
hace falta que lo exprese: es evidente que lee mucho, y las señales están en la
biblioteca de su casa, donde bebe café endulzado con melao y tiene su laptop.
Asegura que, como buen lector, sabe que no es escritor: «Uno tiene que ser
consciente de sus limitaciones. Para escribir se necesitan condiciones
específicas. La literatura es otra cosa».
Confirma
que cada quien «tiene su técnica de lectura. Yo tengo la mía: Me leo
simultáneamente varios libros. No puedo leer solamente una novela. Leo una
novela, busco un texto de filosofía o de historia».
-¿Hay
un líder como Mandela en este momento en el país?
-No,
porque la formación de Mandela y el modo como Mandela llega a esa insólita
decisión, desafiando incluso a sus propios compañeros de lucha, es algo de lo
que no hay precedentes, Mandela no tiene precedentes.
-¿No
hay un Mandela venezolano?
-No lo
hay, pero hay personajes que, por otro camino… Por ejemplo, ese polaco
extraordinario, Lech Walesa.
Guerra
Ramos aterriza en María Corina Machado y la califica como un fenómeno. Relata
que conoció a sus familiares, «amos del valle», y remarca que «no hay ninguna
razón clasista» que la lleve a la política. «El coraje de esa mujer… Es una
mezquindad negárselo. No se puede llegar a la abominación de negarle el coraje
y la tenacidad».
Admite
que en el pasado estuvo en desacuerdo con ella y con sus acciones. Pero «ha ido
evolucionando de una manera increíble. Qué capacidad para ir rectificando sin
decirlo. Desde ‘La Salida’, aquella cosa absurda. Pero ese desafío de decirle
ladrón a Chávez en la Asamblea habla de un coraje insólito. Puedes verlo
estando en desacuerdo o estando a favor, pero ese gesto es insólito. Eso habla
mucho».
-¿Ha
habido un cambio en ella?
-Muchísimo.
Creo que radicalmente. Desde una visión individualista, sectaria, unilateral de
la política y de las cosas, hasta llegar a ese gesto insólito de hacer
propaganda para otro. Eso habla del personaje. Personalmente habré hablado con
ella uno o dos veces, aunque he sido muy amigo de familiares de ella por el
lado de los Machado y por el lado de los Parisca. Un tío de ella fue compañero
mío en la guerrilla. María Corina es un personaje de novela.
-¿A
qué personaje se le parece?
-A
ninguno en particular. No te voy a hablar desde el punto de vista político. Te
voy a hablar desde el punto de vista humano. Es una personalidad muy segura de
sí misma. Pocas mujeres han tenido esa trayectoria.
-¿No
le recuerda a Chávez en el mesianismo?
-No.
Son diferentes. El mesianismo de Chávez reúne defectos y virtudes del llanero
típico venezolano. Embustero, fantasioso, faramallero, de una inteligencia
increíble. Pero él fue víctima de sí mismo y de sus amigos y de su
engreimiento. El primer diputado que lo visitó en la cárcel fui yo, en mi
condición de parlamentario al servicio de los derechos humanos. Fui a visitarlo
a él y al grupo de militares, para constatar en qué condiciones físicas
estaban; ese era mi deber. Inmediatamente me impactó. Yo soy llanero.
María
Corina: Demócrata bondadosa
Su
mente y sus palabras viajan a El Alacrán, donde nació, «entre Zaraza (Guárico)
y El Chaparro (Anzoátegui)». En El Alacrán «ocurrió la Batalla de El Alacrán»,
en la que «participaron varios familiares míos».
Vuelve
a Chávez, «el llanero embustero y fantaseador, que les sabe todas más una. Eso
era Chávez. Una gran simpatía». Pero «la simpatía de María Corina es una
simpatía aristocrática. Lo conozco mucho porque fui parlamentario y tengo
muchos amigos. Era muy amigo de los Machado, de los amos del valle. Sé cómo son
ellos, sé cuál es su simpatía, hasta dónde son sinceros, hasta dónde no lo son,
hasta dónde son distantes o no lo son. Eso lo conozco yo cercanamente. Soy de
origen campesino, nací en el campo y mi travesía por la vida me permitió
conectarme con muchas capas de la sociedad».
María
Corina Machado «está comprometida con lo que ella es raizalmente. No le puedes
pedir a María Corina que se declare enemiga de la propiedad privada, porque eso
es antinatura. Para Chávez era completamente natural desafiar la propiedad
privada, porque él era un ‘pata en el suelo’. Para mí no era un sacrificio
enfrentarme a eso porque yo me puse zapatos a los 14 años; antes, usaba
alpargatas. El problema de la propiedad privada lo comprendí desde la primera
página que me leí de Carlos Marx y Federico Engels, del manifiesto comunista.
Pero así como María Corina es raigalmente partidaria de la propiedad privada,
las razones humanísticas por las cuales es demócrata están en el fondo de la
historia. Ella es una demócrata del tipo bondadoso del que está dispuesto a
dar. La sinceridad democrática de ella yo la entiendo. Tal vez no es lo misma
que yo, filosóficamente, soy. Ahora, esa comprensión del individuo se compagina
con el credo que es la base de su proposición política. Por eso, la facilidad
con la que ella se une a Edmundo es perfectamente comprensible».
¿Como
en 1952?
-¿Maduro
va a dejar que González Urrutia le gane?
-Uno
hace muchas cosas que no desea. El problema, al final, no es el cuido del
pellejo de Maduro. Él sabe perfectamente que su pellejo no vale nada, porque
los primeros que están interesados en su pellejo son sus cómplices, y él tiene
a su lado amigos de conveniencia porque se necesitan. Esos matrimonios de
compromiso tienen un límite, tienen la desgarradora contradicción del
enfrentamiento entre sentimientos y conveniencia.
-Pero
Maduro es el candidato en este momento. No rompieron el matrimonio de
conveniencia.
-Paséate
por algunos personajes, chica. Rafael Ramírez. Tareck El Aissami. Los
personajes recomendados por Chávez, Maduro y El Aissami. ¿Y dónde está El Aissami?
¿Quién lo metió?
-¿Maduro
terminará como El Aissami?
-Justamente
el dilema de él es si va a la horca o si corre el riesgo de salir en La Vaca
Sagrada. Ese es el dilema existencial de todo hombre, independientemente de
dónde esté parado, cuando tiene los intereses de poder que ha acumulado con o
sin méritos.
-¿Qué
le hace pensar que Maduro va a dejar que González Urrutia le gane?
-Es
inevitable un acuerdo. Ubícate en Pinochet. ¿Podías imaginar que Pinochet,
después de tantos años de poder, con una economía exitosa, lo dejaría? Era
impensable, y lo hizo.
-Aquí
parece impensable que el gobierno entregue el poder.
-Y lo
va a hacer. Después de que hagamos esta entrevista vamos a hacer otra. Es
impensable en este momento, porque los dos manojos de cartas están allí. El
proceso de aquí al 28 de julio, y de julio a enero de 2025…
-¿Usted
ve dos ciclos?
-Dos
ciclos.
-Maduro
puede ganar el 28 de julio.
-No va
a ganar. No va a ganar. Tendrá que hacer una trampa tan monstruosa… ¿Se va a
arriesgar a hacerlo?
-¿Por
qué está tan seguro de que no va a ganar? Para ganar hace falta maquinaria.
-Te
voy a hablar de un episodio que yo viví, las elecciones de 1952. No puedes
imaginar aquel río humano acompañando a Jóvito Villalba. Los ríos humanos ahora
los tienes en tus narices.
-Sabemos
lo que pasó en 1952.
-Justamente
por eso te quiero hacer la comparación. El resultado electoral de 1952… ¿Sabes
lo que tuvo que hacer Pérez Jiménez? Emplazar al Consejo Electoral para que
cambiara los resultados, y aquel grupo de hombres dignos lo rechazó, y tuvo que
darle el manotón el 2 de diciembre.
-¿El
gobierno puede dar un manotón?
-Lo
puede dar, pero eso no quiere decir que ganó las elecciones.
-¿Puede
mantenerse en el poder?
-¿Sabes
lo que mantiene a Maduro en el poder? El G2 cubano. Voy a decir algo muy
atrevido, que es mi convicción, es mi convencimiento profundo: Venezuela es un
país colonizado políticamente por el Partido Comunista de Cuba, y estoy
convencido de que Maduro es un agente del Partido Comunista de Cuba. Es mi
convicción. Aquí no ha cuajado ningún intento de golpe porque todos los
movimientos del Alto Mando Militar y toda la Fuerza Armada venezolana son
conocidos por La Habana e, inmediatamente, por Maduro. Ese hecho significa que
lo que mantiene a Maduro es ese soporte del G2 cubano y el Alto Mando Militar
encabezado por Padrino López. La inmensa mayoría de la Fuerza Armada está
contra el alto mando, porque tienen conocimiento de lo que acabo de decir. Va a
depender mucho, no tanto del pellejo de Maduro, sino del pellejo de Padrino
López y sus íntimos amigos.
El
Pentágono, «que hasta ahora es el que dirige la defensa del mundo occidental»,
refiere Guerra Ramos, no va aceptar que continúe lo que sucede en el sur de
Venezuela. «¿Crees que el Pentágono va a permitir que los iraníes continúen
allí, que los chinos sigan metiéndose allí?», interroga.
-¿La
última palabra la tiene Estados Unidos?
-Sí y
no, porque en Estados Unidos se ha dado una situación de debilidad del poder
con esa dualidad encarnada en un viejo decrépito y un bandido. El único país de
América formado institucionalmente es Estados Unidos. Su proceso de
colonización fue muy distinto del de los países latinoamericanos, y las
instituciones de Estados Unidos hasta ahora han demostrado estar por encima de
las individualidades.
-Usted
me decía que pensaba que va a haber una negociación.
-La
está habiendo. Lo que pasa es que la pillería del gobierno…Maduro ha negociado
cosas, y otras no las ha podido negociar. Él tiene problemas, porque no es solo
su pellejo, sino los incondicionales que están en el Estado, que conocen todo
lo que está ocurriendo.
-Vuelvo
al 28. ¿Cree que Maduro no va a ganar?
-Por
votos no gana. No gana. No tiene cómo ganar.
-¿Quién
garantiza el respeto por los resultados?
-¿Sabes
qué lo garantiza? La maquinaria. Por eso hice referencia a 1952. Esta gente,
que logró lo impensable, después de tantos años de división absurda, ha logrado
ese acuerdo en torno a González Urrutia. Por cierto, es el personaje mandado a
hacer para una transición. Es un personaje hecho por la mano de dios. Es un
negociador, diplomático. Nadie se puede quejar de una ofensa de él. Tiene
capacidad de encontrarse con todo el mundo, con la discreción que solamente los
diplomáticos manejan con propiedad. El único que maneja el tacto, que es una
materia específica, es el diplomático. Con ese tacto, en este momento, el
proceso de negociación la conexión que tiene es González Urrutia, no es María
Corina. María Corina es la de las multitudes, y él es el negociador excelente.
-¿Usted
ve ganando a González Urrutia?
-Sí.
-¿Qué
pasaría en los seis meses siguientes?
-Eso
va a depender del acuerdo del 28 de julio. Absolutamente. Eso, para mí, está
hecho. El gran problema es cómo garantizarle a Maduro que va a salir de acá;
que va a seguir disfrutando del poder, de lo que ha acumulado. Que en la Fuerza
Armada no vaya a ocurrir con Padrino López lo que la mayoría de cazadores de
cabezas haría.
-¿Qué
haría usted?
-Que
se vaya para su casa, que le abran un expediente, que le apliquen la ley
militar. Hay maneras de que no vaya a la cárcel.
-¿Puede
haber una transición en paz?
-Puede
haberla.
-¿Cómo?
-Estamos
viviendo una situación verdaderamente dramática, muy dramática. La única manera
es que no metas en el mismo hoyo los escrúpulos morales con el pragmatismo
maquiavélico, porque son incompatibles. Debes ir tomando los pegamentos que
podemos ir utilizando.
-¿Para
qué?
-Para
evitar un baño de sangre, para lograr una transición pacífica. Estados Unidos
no puede seguir tolerando que en su patio trasero estén hasta los iraníes, y
los grupos que conocemos. Pero no puede aspirar tampoco a que, junto con los
iraníes, salgan de una vez, con el rabo entre las piernas, los chinos y los
rusos. Tiene que medir cómo será. Aquí hay una larga negociación que no termina
el 28 de julio. En el Arco Minero hay materiales estratégicos de primerísima
importancia, de los que las grandes potencias no pueden prescindir. Esta es una
negociación que trasciende. Ahora, algunos de mis amigos opinan que tiene que
ser una negociación en la cual participe Cuba. Yo creo que sí. Cuba no
significa nada desde el punto de vista económico ni estratégico, salvo que está
a 30 millas de Estados Unidos y está allí el G2 cubano, que es uno de los
cuerpos de inteligencia más avanzados y más eficaces, formado por los rusos y
ahora asesorado por los chinos. Eso lo sabe Estados Unidos. El único país que
tiene penetrado los servicios de inteligencia de Estados Unidos es Cuba.
-¿No
se pueden meter en el mismo saco, para una transición pacífica, los principios
y el pragmatismo?
-Así
es. Eso solamente lo pueden manejar los políticos, porque eso se maneja con
esto (señala la cabeza) y no con esto (se toca el corazón) ni con las vísceras.
-¿Hay
personas que tienen expectativas que no se van a satisfacer?
-Aquí
nadie va a salir totalmente satisfecho. Que salga todo el mundo es imposible.
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