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sábado, 23 de marzo de 2024

Simón Bolívar y el sueño de una América unida / Ángel R. Lombardi Boscán @LOMBARDIBOSCAN

 


«Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo».

Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 6 de septiembre de 1815

Existe el Simón Bolívar mitológico, el de la invención engolada al servicio del Poder. El mito es más poderoso que la Historia. Ya que un mito es: «el conjunto de creencias de los pueblos primitivos, concernientes a sus orígenes, historia antigua, héroes, divinidades, etc., y que difiere de las descripciones verdaderas, inventadas con posteridad». (Ambrose Bierce)

Son creencias y no hechos demostrables a través de una documentación veraz. Se les atribuye a los pueblos primitivos contrarios a los principios de la razón que representa el epicentro de la modernidad cartesiana. La modernidad sigue siendo todo un programa pendiente para la mayor parte de la humanidad aún en este siglo XXI.

Existe también el Simón Bolívar psiquiátrico. Quizás el más interesante de todos pero que apenas hay estudios acerca de ello. «El Padre de la Patria había exacerbado, en los últimos años, su genio intemperante, violento y desaforado. El éxito fue inflando su yo hasta hacerlo perder la visión de la realidad, y la flexibilidad necesaria para imponer o negociar su criterio». Esto es del psiquiatra y profesor universitario Francisco Herrera Luque.

Hay también, el Simón Bolívar histórico/historiográfico. Aunque cuidado, tampoco es el más certero. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre Simón Bolívar. Carlos Marx lo difamó y su impacto ha sido bestial a lo largo del tiempo. Luego están los que le profesan una sincera admiración y sus textos son apologéticos como el de otro alemán Gerhard Masur. «El destino de Bolívar puede parangonarse con el de todos los grandes hombres de la historia que ayudaron a progresar a la humanidad: hombres que tuvieron un profundo e inmanente conocimiento de las ansiedades de sus prójimos y supieron expresar en palabras las necesidades silenciosas de las masas».

El que no sepa del dictamen final de la guerra de exterminio que se practicó en la Capitanía General de Venezuela entre los años 1813 hasta 1820, con sus 200.000 fallecidos de una población de apenas 800.000 habitantes y el consiguiente desbarajuste sociológico que esto produjo por más de cien años, le costará mucho refrendar las palabras optimistas y rendidas al héroe que realizó Masur.

Ya sabemos que hay autores que admiran al caraqueño y otros que lo adversan. Entre los respetuosos y críticos que le admiran se encuentra Jhon V. Lombardi. Este historiador estadounidense nos dice: «Bolívar captó la esencia de una Hispanoamérica unida, libre de España, partícipe del creciente comercio mundial de los imperios atlánticos y asociada igualitaria de Gran Bretaña y los Estados Unidos en la administración de los asuntos del hemisferio».

sábado, 18 de noviembre de 2023

«El soberbio Orinoco» y el imperialismo británico / Ángel R. Lombardi B. @LOMBARDIBOSCAN

 


Cuando era niño llegó a mis manos un fabuloso libro del escritor francés Julio Verne (1828-1905) con el título: «El soberbio Orinoco» (1898). Me gustó que Venezuela y uno de sus territorios más selváticos y exuberantes bañados por el río Orinoco y sus afluentes sirvieran de escenario para la aventura de unos europeos ávidos de riquezas.

En la segunda mitad del siglo XIX se exacerbaron las ambiciones imperialistas de los países europeos teniendo a Inglaterra y Francia como sus principales competidores. En la Conferencia de Berlín (1884-1885) hubo el reparto del África. Y en la América hispánica también se estaba llevando a cabo otro reparto. Entre 1846 y 1845 los Estados Unidos le arrebataron a México el 55% de su territorio. Y en 1898 despojaron a España la isla de Cuba y Puerto Rico.

El otro imperialismo furibundo fue el británico. Se sintieron los ganadores de la Independencia (1810-1824) a través de una ayuda nada desinteresada. Si bien la política oficial fue la de la neutralidad. Bolívar y San Martín tuvieron en los mercenarios ingleses una colaboración nada despreciable para derrotar a España. Sólo en Venezuela arribaron más de 6000 condotieros e ingentes cantidades de armamento. Aunque en realidad la verdadera guerra entre potencias fue entre la Francia napoleónica y el león inglés. Luego de Waterloo en 1815 los británicos celebraron la victoria y pudieron mirar con optimismo los mapas extrarradios de la periferia no europea.

Marx, un gran pensador europeo y eurocéntrico también, fue categórico en señalar que gracias a la «pérfida Albión» la América del Sur obtuvo su tránsito de Colonia a República. No está demás decir que Marx admiró a los ingleses y tuvo en poco estima a los meridionales y poco disciplinados latinos ibéricos razón de su menosprecio hacia El Libertador.

Inglaterra siempre envidió a España en América. Sabía que desde Carlos V y Felipe II en ese imperio nunca se ponía el sol. Y que los dominios americanos financiaron la grandeza imperial de España a través del oro y la plata descubierta en México y Perú. Desde el siglo XVI enviaron al Caribe a sus perros de presa: piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros a desestabilizar las rutas de los galeones. No pasaron del saqueo.