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miércoles, 28 de agosto de 2024

De la alegría al bajón, así están las barriadas a un mes de la elección / Kaoru Yonekura @kaoru_yonekura

 


«No podemos montar nada en los estados de WhatsApp para que no nos vayan a buscar a nuestras casas y nos lleven presos»

Que no se olviden los días postelectorales.

El 29 de julio, Caracas volvió a las calles para reclamar que hasta en sus barriadas Edmundo ganó y Maduro perdió. Pero como en aquellos días de 2014 y 2017, el régimen de Maduro volvió a las calles para reprimir. De acuerdo con la ONG Justicia Encuentro Perdón, son 25 asesinatos postelectorales, nueve de éstos ocurrieron en Distrito Capital, los nueve en sectores populares.

“En mi barrio también queremos vivir, no queremos morir así. De bolas que tenemos miedo, ¿quién no? Yo que estoy frenteá con mi barrio, indignada y arrecha, aunque también con esperanza, pero no quiero ser mártir de nadie”, dice Alexandra, de un sector de Petare que prefiere no identificar.

Porque hoy, casi un mes después de la elección presidencial de Venezuela, la represión persiste en los sectores populares.

“Ya todo está normal allá en el este, pero por aquí en Catia no. Es verdad que ya no están los colectivos ni los policías regaos por todos laos como hasta el 15 de agosto que andaban metíos en los barrios Gramoven y Nuevo Horizonte, en plaza Catia, en cortada de Catia, en la salida para agarrar hacia Miraflores, pero cuando salimos, nos llevamos los celulares escondidos o los dejamos en la casa y eso no es normal. Aquí los policías-colectivos, que son los colectivos que acreditaron como policías en tres meses, te paran, te revisan el teléfono y si hay que no les gusta, te quitan plata o te llevan preso. No podemos montar nada en los estados de WhatsApp para que no nos vayan a buscar a nuestras casas y nos lleven presos. Eso sí está pasando y no es normal. Hasta las amigas mías de la UBCh andan calladitas, porque votaron por Edmundo”, cuenta Inés, del sector Gramoven.

“Aquí en Petare, en mi barrio La Dolorita, pasa igual” —explica Carolina— “Seguimos con esas medidas amenazantes como para recordarnos a cada ratico ‘Aquí estoy. Si sales a protestar, a denunciar, hago contigo lo que me da la gana’. Por eso no se ve tanto que la gente salga a protestar”.

No es para menos. Tras los cacerolazos del 29 de julio en la parroquia 23 de enero, en casa de Gladys, ubicada en el sector Sierra Maestra, se tomaron otras precauciones:

“Al día siguiente, como quitaron el transporte aquí en el 23, mi esposo se fue al trabajo a pie sin su morral con el almuerzo, el agua y el café, para evitar que los colectivos le fueran a hacer algo creyendo que es guarimbero. Esa semana aparecieron unas casas marcadas con una ‘X’ y estábamos aterrados, porque no sabíamos qué les iban a hacer a esas familias. Ahora dicen que las marcaron para quitarles la bolsa de comida. Esos días no hablábamos con casi nadie”.

Como dice Alexandra: “Es muy jodido: pasamos de la alegría comunitaria por haber ganado al declive emocional por el psicoterror implementado desde el día 30. Esto no ha parado. Esta gente hace su chamba y hasta la gente que estaba más resteá dice que ya no sale más pa´ la calle”.

martes, 23 de abril de 2024

El triunfo de la discreción / Sebastián de la Nuez @sdelanuez

 


En estos días hay una esperanza para Venezuela y se llama Edmundo González Urrutia. Ese carácter esperanzador lo da el hecho fehaciente de que goza del apoyo de la líder María Corina Machado. Pero a la hora de celebrar (mientras se pueda) el gran acuerdo unitario del pasado viernes, también es bueno mirar atrás y a los lados, a ver cuáles han sido los antecedentes y quiénes han estado trabajando, con discreción, desde las sombras

En febrero de 2010 fuimos el padre Francisco José Virtuoso, Luis Carlos Díaz y yo a entrevistar a Ramón Guillermo Aveledo, por entonces secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, para la revista SIC del Centro Gumilla. Esa entrevista para mí fue inolvidable, sobre todo, porque salí preguntándome cuántos esfuerzos de hombres probos y resueltos, como el mismo que acabábamos de entrevistar, se estarían perdiendo en Venezuela. Todo se veía cuesta arriba, más o menos como se sigue viendo ahora. Por entonces se hablaba mucho de la manipulación de las circunscripciones electorales.

Tiempo atrás, mucho antes de entrar a medio tiempo en el Centro Gumilla, había asistido a una reunión en un salón del Hotel Caracas Hilton con funcionarios de algún ministerio: algún proyecto para el que necesitaban el aporte de organizaciones de la sociedad civil y allí estábamos tres representantes de tres organizaciones, para escuchar los puntos de vista de aquel pedazo de gobierno que nos tocó. No recuerdo el proyecto. Recuerdo solo a un funcionario ministerial (creo que de Educación) que hablaba en la misma jerga del líder máximo y sacó a relucir la consigna Hombre Nuevo. Lo que íbamos a hacer juntos era por él, por el Hombre Nuevo. Ante eso no cabía pataleo. Pensé en contestarle pero conté hasta diez. En estos casos, solo sé contar hasta cinco y a la altura del seis ya todo se vuelve un desorden. Pero en este caso tuve paciencia y no dije nada. Aguanté hasta el final y me largué para siempre. 

Hoy se sabe que el hombre nuevo era el esposado Tareck El Aissami, ¿quién más si no? Lo que quiero decir es que estas dos circunstancias, una reunión con chavistas recién estrenados en el poder y un político que ha hecho de la discreción su forma de ser útil, pueden ser vistas hoy en conjunto desde la perspectiva de la historia acaecida. Hay que tener mucha paciencia, una convicción democrática de acero y fe sin límites en las reservas del pueblo para llamarse Ramón Guillermo Aveledo y seguir siendo el mismo de 2010. Representa la racionalidad y la serenidad ante un régimen como el chavista. No solo el régimen de la cháchara hueca del hombre nuevo; el del Mar de la Felicidad y el de los colectivos armados; el de las milicias, las razias del OLP, las cajas de leche contaminada de Alex Saab. El régimen que ha llevado al país a la Emergencia Humanitaria Compleja.

En aquella entrevista, el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática o MUD habló de la «unidad más allá de la soberbia». Así titulamos la entrevista en SIC. Así han debido titular los medios, este sábado 20 de abril, catorce años después. Aveledo nos advirtió de que tenía «una innata e incurable alergia a la arrogancia del poder. El poder arrogante es, más temprano que tarde, el poder abusivo». También nos dijo que la unidad no es un rompecabezas armado, sino un proceso en permanente construcción; que en muchas partes del país, la Mesa se concretaba en organizaciones sociales que realizaban su trabajo según cada realidad local; pero que el grupo de partidos políticos fundador mantenía la dirección, mediante diálogo constante con otros actores. 

La Mesa, decía Aveledo, no apuntaba a un evento en particular sino a una política compartida; por lo tanto, a un programa en común. Es el antecedente directo de la Plataforma Unitaria, donde se cobija lo que queda del G-4 más seis partidos: Encuentro Ciudadano, de Delsa Solórzano; una de las fracciones de Copei, la de Roberto Enríquez; Convergencia, esencialmente con unos activos muy localizados en el estado Yaracuy; Proyecto Venezuela, que alguna vez tuvo fuerza en Carabobo de la mano de Salas Römer; el MPV (Movimiento por Venezuela), que postuló a Andrés Caleca en la Primaria; y La Causa R. En el G-4 queda un pedazo de Acción Democrática, una Voluntad Popular diezmada por la represión, con casi todos sus líderes fuera del país; Primero Justicia con severas divergencias internas; lo más sólido que ahí se ve es precisamente Un Nuevo Tiempo. Eso es la Plataforma.

***

Si la MUD se vino abajo fue por culpa de una oposición en la Asamblea Nacional  o fuera de ella que no supo manejar el triunfo de diciembre de 2015, el más importante que haya tenido la Venezuela democrática en 25 años de soledad.

La MUD fue un instrumento muy valioso al permitirle al campo democrático recuperarse del desastre que significó La Salida del año 2014 (desastre protagonizado por Leopoldo López aunque también se involucró MCM) y, en el periodo de poco más de un año, obtener aquella victoria en las parlamentarias de 2015. Esa victoria se debió, según Jesús Chúo Torrealba, hombre de radio y de la política que fue testigo cercano, a tres cosas; en primer lugar, hubo  una estrategia común; en segundo lugar, una dirección colectiva; en tercer lugar, una vocería consensuada. Sin embargo, ocurre que las direcciones políticas de los partidos no supieron metabolizar el tamaño de la victoria, creyeron que había llegado la hora de salir a competir entre ellos por ver quién capitalizaba el triunfo:

«Metieron todos los huevos en una sola canasta, la del referendo revocatorio, en vez de continuar el tránsito que prescribía el calendario electoral en la Constitución: elecciones regionales en 2016, municipales en 2017 y presidenciales en 2018. Este procesamiento indebido del éxito de 2015 hizo pensar en una vía más rápida, el referendo revocatorio, pero era previsible que el gobierno lo interceptara y saboteara. Como en efecto ocurrió a través de una argucia jurídica y utilizando unos tribunales de provincia.» 

La MUD se acaba cuando su dirección política queda paralizada. «Ese año 2016 terminó en desconcierto», cuenta Torrealba. «Luego, en 2017, los partidos del G-4 decidieron que no tenía sentido que siguiera existiendo la Mesa, se dijeron que ellos mismos podían trabajar sin intermediarios y disolvieron ese instrumento.»

Vino una asamblea constituyente espuria, un pretexto para llevar el ascoso al límite. Vino un llamado a elecciones regionales: la oposición perdía en la calle y perdía en las urnas. Siguió la abstención en las elecciones de 2018 con la intervención supuestamente opositora del oblicuo Henri Falcón; en 2019, el interinato y la ascensión a un estatus presidencial pero con fecha de caducidad de Juan Guaidó, aquel muchacho que hoy ha quedado en el sitio que probablemente merecía desde el principio (con todo y su valentía y resolución); en fin, el interinato provocó una euforia durante algún tiempo, acarreó también gastos nunca explicados con los haberes del Estado venezolano en el exterior y finalmente unos costos bastante desastrosos.

Hasta que María Corina Machado, fiel a su cabezonería sempiterna, consecuente consigo misma, logró más de 90% en una Primaria. Ahí cambió la historia de Venezuela gracias, en buena medida, a un profesor de Derecho en la UCAB. 

miércoles, 27 de marzo de 2024

Tres caminos y ninguno es un paseo / Alejandro Armas @lagranaldea

 


Tiene así la dirigencia opositora que tomar una decisión difícil. Una decisión, sobre todo, de María Corina Machado

No es fácil hacer observaciones sobre la política en un contexto de absoluta arbitrariedad por parte del gobierno y secretismo estratégico por parte de la oposición, como sucede en Venezuela.

Los acontecimientos pueden precipitarse a paso frenético, reduciendo las conclusiones de un estudio, que un día lucían sólidas, al error o la intrascendencia al día siguiente. La interpretación de los hechos puede así terminar viéndose como un palimpsesto sin fin. De todas formas, el esfuerzo vale la pena. 

El presente artículo, verbigracia, fue redactado en momentos de incertidumbre, habida cuenta del vencimiento del plazo para la inscripción de candidatos para las “elecciones presidenciales” establecido por el Consejo Nacional Electoral.

Tiene así la dirigencia opositora que tomar una decisión difícil. Una decisión, sobre todo, de María Corina Machado, la inhabilitada candidata unitaria de la oposición.

A la elite chavista que controla el CNE no le bastó que la ganadora de la primaria de octubre, inhabilitada por razones ampliamente consideradas arbitrarias, se hiciera a un lado y cediera su candidatura a Corina Yoris, una profesora jubilada de filosofía sin trayectoria política pero que goza de la confianza de Machado. Para agravarlo todo, el Consejo Nacional Electoral no permitió realizar el proceso a las tarjetas habilitadas que se comprometieron a lanzar la nominación de Yoris. Sin ninguna explicación oficial.

En cambio, en último minuto sí aceptó la nominación por Un Nuevo Tiempo de su líder histórico, Manuel Rosales. Para el momento de la redacción de estas líneas, no se sabe si el gobernador del Zulia cuenta con el apoyo de la coalición opositora, o una parte de la misma, en esta decisión (ejemplo de lo lamentado en el primer párrafo).

La Plataforma Unitaria, Machado y la propia Yoris denunciaron el bloqueo, enfatizando el mensaje de que siguen casados con la “ruta electoral” pero que el sistema no les permitió participar de ninguna manera. Sin embargo, no han dejado claro qué harán al respecto.

Probablemente porque ni siquiera lo sepan. Lo cierto es que la oposición solo tiene tres caminos que pudiera recorrer a partir de ahora. Ninguno de ellos es agradable, como cabe esperar de un statu quo antidemocrático que se reafirma a sí mismo en su naturaleza con sus medidas excluyentes. Voy a enumerarlas, sin ningún tipo de orden ni exhorto a inclinación por una de ellas, aunque sí comenzaré con las dos que dan menos de qué hablar.

Me refiero, en primer lugar, a un nuevo llamado a boicotear el proceso, basado en el argumento de que el chavismo hizo imposible la participación de sus adversarios.

Este escenario sería una repetición de los “comicios” de 2018, tras los cuales la oposición esperaba que la oleada de sanciones y aislamiento con respecto a las democracias del mundo bastaría para poner al gobierno de Maduro en una situación insostenible. De esa forma, a todas luces creyó la dirigencia, sería innecesario ejercer presión interna, lo cual explica por qué la movilización ciudadana fue casi nula en ese período.

Como sabemos, este plan antisistema, cuyo cenit fue la formación del “gobierno interino” de Juan Guaidó, fracasó. No hay razones para asumir que pudiera ser exitoso ahora.

Como segunda posibilidad tenemos la convocatoria a movilizaciones masivas por la dirigencia opositora para exigir un nuevo período de inscripciones en el que Corina Yoris, o la propia Machado, pueda registrar su candidatura. Esta sería sin duda la decisión más arriesgada de todas. Tendría que vencer el miedo inmenso a la represión que hay entre las masas, pues una convocatoria desatendida sería una humillación dura. E, incluso, si fuera atendida, las consecuencias de la más que probable represión son difíciles de prever.

martes, 19 de marzo de 2024

Aquí no se habla de El Aissami / Oscar Medina @lagranaldea

 


Su nombre está proscrito. Nadie en el círculo de los poderosos ni en el de los aduladores, se atreve a mencionar a El Aissami en voz alta

A las 3 de la tarde del 20 de marzo de 2023 anunció por Twitter que dejaba el puesto de ministro de petróleo. No dijo nada sobre su cargo como vicepresidente del área económica, pero se sobreentiende que en vista de que se encontraba en el centro de un escándalo monumental, también habría entregado esa y cualquier otra silla que ocupara tanto en el gobierno como en la estructura del partido oficialista, que es decir casi lo mismo. 

Su entorno, sus asociados, él mismo, desaparecieron más de 21 mil millones de dólares que debían ingresar en las cuentas de Pdvsa. Incluso para un país en el que la corrupción ya ni sorprende, semejante cantidad de dinero era -es- demasiado. Pecado imperdonable ese, no por presuntamente robarle al Estado, sino por dejar seca la cajita mágica de los dólares en un contexto de sanciones que limita el flujo de recursos que aceita la maquinaria del poder. 

En Miraflores seguramente parafrasearon a Luis Herrera: ¿Y dónde están los reales? El ministro no pudo ofrecer una respuesta acertada. Los reales no estaban, no estuvieron. Nunca llegaron. Tenían que rodar cabezas. Y rodaron las de El Aissami y los 40 ladrones. 

¿O son 60? ¿O son 80? ¿O son 100?

Desde entonces, el atildado zar del petróleo -siempre bien peinado y acomodadito para la foto- desapareció del panorama. Ni se le vio ni se le escuchó más. Su nombre está proscrito. Nadie en el círculo de los poderosos ni en el de los aduladores, se atreve a mencionarlo en voz alta. Tarek El Aissami es como Lord Voldemort para los personajes de la saga chavista: no se habla de él, no está muerto ni está vivo, es una sombra que podría tener poder o desatar fuerzas oscuras en tu contra. Es “quien-tú-sabes”, “el-que-no-debe-ser-nombrado”.

Lo eliminaron de sus contactos, borraron las fotos, los chats, lo sacaron de los grupos de WhatsApp. Tratan de no pensar en él, no sea cosa que les aparezca en Instagram.

Ni siquiera el Fiscal General, tan entusiasta de esas transmisiones en directo para contar “tramas” abundando en detalles y calificativos, exhibiendo diagramas, pruebas, elementos de convicción criminalística y todo eso, se ha tomado la molestia de hablar de este hombre que fue ministro de Interior y Justicia, de Petróleo, gobernador de Aragua y hasta vicepresidente de la República. En abril de 2023, por ejemplo, se negó a hacerlo: “En relación a futuras, próximas investigaciones en marcha, yo me he caracterizado por no adelantar opinión, no voy a autotubearme”.   

Pero en unos días se cumple un año de su salida de escena y su fantasma necesariamente recorre la discusión pública. Ya no sólo en el tuit de alguien que se acuerda de vez en cuando y suelta la pregunta incómoda “¿dónde está Tarek El Aissami?”. 

martes, 16 de enero de 2024

Óscar Pérez: la ejecución de un sublevado / Javier Conde @jconde64

 


Un lunes como este 15 de enero de hace seis años, se produjo uno de los hechos más violentos del período de Nicolás Maduro. Óscar Pérez, inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), con 15 años de servicios destacados, caía abatido junto a seis personas más en lo que se ha conocido como la Operación Gedeón o, más apropiada y cruelmente, “la masacre de El Junquito”. Rodeados por más de 500 hombres -militares, policías y algún miembro de los “colectivos armados”-, de nada valió la reiterada decisión de rendirse. El régimen mostró su rostro más fiero.

Las últimas imágenes de Óscar Pérez en vida lo muestran ensangrentado, pidiendo a gritos que dejen de disparar porque se va a entregar. Está sentado en el piso de la casa donde se refugia, que ingenuamente llama “la fortaleza”, intenta grabar un video y la cámara capta la mirada perdida de un hombre que sabe que lo van a matar. Lo dice: “nos quieren asesinar”. Antes, o quizás un poco después, aún tiene tiempo para mandar un mensaje a su esposa Danahis y a sus hijos Sebastián, Santiago y Derek. “Esto lo hago por ustedes. Los amo”. El cerco comenzó alrededor de las cuatro de la madrugada de aquel lunes 15 de enero de 2018. Al mediodía todo había acabado: los siete emboscados -seis hombres y una mujer- yacen muertos. Todos menos uno con tiros en la cabeza.

La vivienda que ocupaban Pérez y su reducido grupo -“una célula terrorista”, esgrimen los voceros del Gobierno- queda absolutamente destruida, como consecuencia de la explosión de varias granadas disparadas por un lanzacohetes antitanque RPG, de factoría soviética para más señas. La foto de la casa con un boquete enorme y los techos caídos, los videos de las explosiones que hacen retumbar las paredes y levantan una humareda densa y blanca, aún pueden verse en Youtube. Al fondo se oyen las voces de soldados y policías sorprendidos celebrando los impactos. “Mamhu…”, y sigue una risotada.

“¿Qué ocurre en medio del amplio despliegue militar y policial que lo cerca?, ¿se conocerá la verdad algún día?”

Pérez y sus hombres -aún no estaba con el grupo Lisbeth Adreína Ramírez Mantilla– ocupan la vivienda, en la que morirán, en algún momento antes de la Navidad de 2017. Una imagen -todo se cuenta por las redes, aún tratándose de un grupo perseguido- de la Nochebuena los muestra reunidos en torno a una mesa en la sala de la casa. Es un selfie grupal que toma Daniel Enrique Soto Torres -un recién graduado de un programa de comunicación social de la Universidad Rafael Belloso Chacín de Maracaibo, que tenía planes de irse de Venezuela-, y que va acompañada de una  leyenda trágicamente profética: “la última cena de Navidad (pan, queso y jugo de melón) de nuestros guerreros”, según consta en un amplio y documentado informe de Bellingcat, un colectivo (pacífico, no de los otros) internacional independiente de investigadores y periodistas ciudadanos.

Cómo llegó Pérez y su grupo hasta esa vivienda, donde acabará a sangre y fuego la aventura iniciada seis meses atrás, es un misterio, aún cuando en el transcurso de la persecución al inspector policial sublevado se detuvo a un hombre en Caricuao que aparentemente era el dueño del inmueble. La “fortaleza” era en verdad una casa como cualquier otra del sector Araguaney, que se abre a la izquierda en el kilómetro 16 después de pasar El Junquito, y unos kilómetros antes del Junko Country Club. Es una ladera con casas desparramadas que miran hacia Caracas y hasta donde llega el rumor monótono, como un eco permanente, del tráfico capitalino.

Desde principios de enero, de acuerdo al informe citado y a comentarios de vecinos posteriores a los hechos, había un inusual movimiento de seguridad en la zona. ¿Lo captó Pérez y su gente?, ¿tenían algún apoyo en el lugar, previeron rutas de evacuación? No hay pistas al respecto y lo más cierto es pensar que fueron sorprendidos por el gigantesco despliegue militar y policial que los acorraló. El reto lanzado el 27 de junio de 2017 -ya abordaremos el episodio- los sobrepasó, quizás por una mezcla de sobreestimación de su fuerza y del impacto de sus acciones y una subestimación del contrario, dispuesto a aprovechar la ocasión para mandar un mensaje inequívoco de amedrentamiento y ferocidad disuasiva.

La rebelión

La esposa de Óscar Pérez, Danahis Vivas, entrevistada en Univisión por el periodista Jorge Ramos, vestida de riguroso luto, cuenta que lo último que supo de su marido fue el audio de despedida que le envió desde la casa de El Junquito minutos antes de ser abatido por el ataque y asalto de las fuerzas militares oficialistas. Nunca, ni ella ni la madre de Pérez, Aminta Pérez, tuvieron la oportunidad de ver el cadáver del inspector policial, y dudan que alguien lo haya visto. Recuerda también que su marido la consolaba durante las protestas públicas de 2014 cuando la veía llorar por lo que estaba pasando en las calles, muy similar a lo que ocurriría durante el año 2017. “Me calmaba y me decía que pronto todo se iba a solucionar”, contó.

Tras 15 años de servicios sin falta en el CICPC, donde llegó al grado de inspector y lideró la División Aérea de la Brigada de Acciones Especial (BAE), Pérez tomó la decisión que lo enfrentaría hasta su muerte con el régimen de Nicolás Maduro. El 27 de junio de 2017 a bordo del helicóptero Messerschmitt-Bölkow-Blohm (MBB) Bo 105CBS del CICPC, en el que solía hacer prácticas, sobrevoló Caracas junto con cuatro hombres desde la zona de La Trinidad, en el sureste de la ciudad, para atacar los edificios del Ministerio de Interior y Justicia y del Tribunal Supremo de Justicia, sin causar ninguna víctima. La versión oficial dice que hizo ráfagas de disparos y lanzó algún artefacto explosivo.

De la unidad aérea colgaba una pancarta con la frase “350, Libertad”, en alusión al artículo constitucional que establece que el pueblo venezolano desconocerá “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”, que inspiraba también las protestas continuas que marcaron, con numerosas bajas civiles, el año 2017. Pérez publicó un video en simultáneo con su operación en el que decía ser parte de una coalición de fuerzas, en nombre de las cuales, y de la restauración democrática pedía la renuncia de Nicolás Maduro.

Tras el ataque, el helicóptero se desplaza hacia el estado Vargas y es hallado abandonado en una zona de montaña de la población de Osma. Pérez no volverá a aparecer hasta principios de julio cuando publica otro video, él solo, con la bandera de Venezuela y las ocho estrellas a su espalda. Cuenta que él y los hombres que lo acompañaron cruzaron El Ávila, que ya se encuentra en Caracas y dispuesto a emprender la segunda fase de su operación. Llama a la gente a salir a las calles porque de lo contrario con la constituyente que el Gobierno anuncia “se le regalará el país a los cubanos”.